Blog de Manolo de la Torre


Entrenador de fútbol, ha ejercido la profesión 19 temporadas. Escritor en periódicos,
ha publicado una columna diaria, durante dos décadas, en tres periódicos ceutíes.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Sobre don Manuel Olivencia

El 17 de agosto de 2014, hace nada como quien dice, disfruté leyendo "Efebocracia"; título de Una Tercera de ABC escrita por don Manuel Olivencia: Catedrático Emérito de Derecho Mercantil y Académico. He aquí un párrafo más que descriptivo de lo que trataba lo escrito por un hombre admirado y respetado en España y, sobre todo, en la Baja Andalucía.

"No defiendo la gerontocracia, pero pido respeto a ese caudal de experiencia y sabiduría que en política representan los mayores; defiendo el gobierno de los mejores, elegidos por los ciudadanos; pero los mejores calificados por sus ideas, por su intelecto, no por su edad ni su físico".

Tras leer el ensayo de don Manuel Olivencia (con quien jamás he compartido un rato de charla para poder disfrutar de ese humor tan suyo como socarrón, a lo Julio Camba; ese humor tradicional gallego, aunque en este caso envuelto en aires de burla fina, que tan bien suelen manejar los hombres de la talla de don Manuel, "en la tierra más rica de España y habitada por los hombres más pobres"),  me entraron ganas de conocerlo personalmente.

Don Manuel fue testigo de primera fila, y si no es así que me corrija, de cómo los primeros pasos de la restauración democrática se hicieron con tres guapos y seductores, y tres inteligentes y poco afortunados en sus figuras físicas. Los guapos y seductores fueron el Rey, Adolfo Suárez y Felipe González (alumno y amigo, precisamente, del señor Olivencia). Los otros -los menos atractivos- fueron Torcuato Fernández Miranda, Manuel Fraga y Santiago Carrillo.

Los resultados estuvieron a la vista: mientras el Rey, Suárez y González encandilaban al personal y se convertían en líderes indiscutibles, los otros vivieron, prontamente, un ostracismo a la griega. Como bien solía contar, a cada paso, Emilio Romero. Y es que admirado maestro Olivencia, usted sabe sobradamente que en esta vida es más fácil ser hombre; lo mismo que es más fácil ser guapo que feo, sano que enfermo, inteligente que estúpido.

Pues bien, cuando me enteré de que la Fundación Gallardo Salguero, por medio de su presidente, Alberto Gallardo, propuso al Gobierno y a la Asamblea de la Ciudad Autónoma, la concesión de la Medalla de Oro de la Ciudad Autónoma a los señores Olivencia, Manolo y Paco, estuve tentado de llamar a Gallardo para que me presentara a don Manuel Olivencia.

Pues mi interés en saludarlo e intercambiar impresiones con él, con la concisión debida, me hubiera agradado sobremanera. Pero no lo hice. Porque decidí, hace ya su tiempo, no asistir a actos públicos. Y no se trata de que mi edad y mis alifafes me lo impidan, y gracias doy...; pero es que cada vez  aguanto menos esa falta de saber en los políticos, por muy jóvenes que sean. Y, sobre todo, de saber estar.

Ah, leído el discurso de don Manuel Olivencia Ruiz, en el acto de la entrega de la Medalla de Oro de la Ciudad Autónoma de Ceuta (02-09-2015), me atrevo a decir que es de una medida amenidad. Así que se me ha hecho corto.






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