Blog de Manolo de la Torre


Entrenador de fútbol, ha ejercido la profesión 19 temporadas. Escritor en periódicos,
ha publicado una columna diaria, durante dos décadas, en tres periódicos ceutíes.
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domingo, 19 de abril de 2015

El bipartidismo se tambalea

Nada más entrar Podemos y Ciudadanos en el panorama político español presentándose como las alternativas a los partidos existentes, lo primero que nos dijeron sus dirigentes es que llegaban dispuestos a terminar con el bipartidismo. Dejando bien claro que el predominio político del PSOE y PP turnándose en el poder, ha venido siendo la causa de todos los males de España sin solución de continuidad. Del bipartidismo, que no es malo por serlo, se ha dicho siempre que disminuye el talento de los gobernantes cuando degenera en partitocracia y cuaja en una oficina de empleo para ganar votos antes que en una gestora para el progreso de la nación.

Ejemplo de lo reseñado, cambiando lo que haya que cambiar, fue el sistema alternativo de partidos que se sacó de la manga Antonio Cánovas del Castillo y que propició la corrupción política, cuya base era el caciquismo. El político malagueño decía que la política es el arte de aplicar en cada época de la Historia aquella parte del ideal que las circunstancias hacen posible. Así que PP y PSOE, ante la contundente irrupción de Podemos y Ciudadanos, no tendrán más remedio que buscar soluciones para no perder la hegemonía de la que han venido disfrutando desde que se instauró la democracia.

De no ser así, los dos partidos emergentes, encabezados por Iglesias y Rivera, irán sustrayendo votantes por la derecha, por la izquierda y aun por el centro. Y se llegará, sin duda alguna, a ese pluripartidismo a la italiana por el que suspiran gran parte de los políticos españoles, y que viene a ser como el paradigma de la democracia, "cuando el pluripartidismo de esa extensión, no es otra cosa que la gran corrupción de los políticos en orden a su presencia en el poder, respecto a sus dogmas y sus programas".Tampoco es menos cierto que la gobernabilidad es también más azarosa y más sorprendente cuando se reúnen muchos diferentes para gobernar o para distribuirse la tarta. Y tampoco es fácil en estos tiempos acordar alianzas.

El ejemplo lo estamos viendo Sevilla, debido a la necesidad que tiene Susana Díaz, ganadora de las elecciones autonómicas, aunque sin mayoría absoluta, de llegar a pactos que le permitan gobernar sin sobresaltos. Pero pasa el tiempo y nadie quiere comprometerse a prestarle el apoyo necesario al Partido Socialista. Por razones obvias: las elecciones municipales y generales están a la vuelta de la esquina y todos los partidos temen que un acuerdo con los socialistas repercuta negativamente en las urnas.

Se ha hablado de un posible entendimiento entre socialistas y populares. Pero entre otros obstáculos hay uno que es muy principal. Y me explico: En España hay una derecha que impide que exista una derecha moderna europea, también existe una izquierda anclada en planteamientos caducos que no mira hacia adelante. Ambas no dudan en airear que, caso de producirse tal entendimiento, los dos partidos pagarían en desafecto lo que ellos consideran una traición a sus siglas. En fin, que las dos Españas están siempre agazapadas y prestas a dar la nota en cuanto se propone algo que a una de ellas le parezca intolerable para sus ideales.

Y, por último, conviene seguir denunciando que nuestras democracia no es gobierno del pueblo, sino gobierno de los dirigentes de los partidos. Esto es una verdad como la catedral de Burgos, y no tiene solución. Lo que ocurre ya en nuestro país es que el pueblo español se ha acostumbrado y pocos son los que siguen poniendo el grito en el cielo antes las listas cerradas que le conceden a los jefes de cada partido la potestad de determinar quienes serán los elegidos en cada circunscripción. Una trampa que unida a la Ley D'Hondt complace por igual a los partidos grandes y a grupos nacionalistas de la periferia

jueves, 2 de abril de 2015

Los alcaldes contra Rajoy

En 2008, cuando el PSOE ganó las elecciones y el PP creció en votos y diputados, debido a que IU y los partidos nacionalistas naufragaron en las urnas, un cargo importante de los populares, que visitó Ceuta a los dos meses de haberse celebrado las elecciones ganadas por Rodríguez Zapatero, no tuvo el menor inconveniente en decir que Mariano Rajoy era un mal candidato. Y tampoco se cortó lo más mínimo en acusar a José María Aznar de haber metido la pata nombrando a dedo a su sucesor.

Aquel personaje, cuyo nombre he de silenciar por razones obvias, hablaba con el despecho de quien durante mucho tiempo había vivido ilusionado con la posibilidad de ser designado candidato a la presidencia del Gobierno por su admirado JMA. No sé si llegó a decir, en un momento de ceguera enconada, que semejante error lo iba a pagar con creces su partido. Ni tampoco soy tan atrevido como para dejar entrever que aquel hombre bien podría haber empinado el codo.

Válgame el introito para entrar de lleno en los momentos difíciles que está viviendo el presidente del Gobierno y también del Partido Popular. Me explico: es harto conocido que los candidatos autonómicos y municipales del PP, en las elecciones de mayo, apostarán por campañas personales y mensajes caseros para intentar aminorar el desgaste de la gaviota y la escasa creencia existente en la calle de las mejoras económicas concernientes a los pobres y a las clases medias.

Los alcaldes, sobre todo, y ya sabemos cómo se las gastan, están convencidos de que la presencia del presidente del Gobierno en sus localidades, como señuelo para obtener votos, es tan contraproducente como adversa. Y no dudan en comentar entre bastidores que la prueba del nueve del desaguisado se ha producido en Sevilla. Es la que ha vuelto a ser el epicentro de todos los males que acechan a los populares en un mayo que se espera sea florido y hermoso.

Para Mariano Rajoy, por más que sea político curtido en mil batallas y en el hemiciclo haya respondido siempre desde sus distintos púlpitos con certeza, debe suponer un varapalo la desconfianza que genera su figura entre sus huestes provincianas y regionales. Así que no me extrañaría si me dijeran, en cualquier momento, que MR está dando gritos de loquito por el coño de Doñana. Perdón, perdón, perdón... mil veces perdón por haber caído yo también el error cometido por el ABC en los tiempos de Maricastaña.

Los alcaldes, por más que sean aleccionados a partir del martes por los miembros de la junta directiva del PP,  tras reunirse éstos con Rajoy, harán caso omiso de las recomendaciones.  Porque saben que los ciudadanos no creen que la mejora económica de la que habla el presidente del Gobierno la estén disfrutando quienes desde hace tiempo sufren las consecuencias de la crisis económica. En España hay hambre. Y la están padeciendo los más pobres. A los que se han sumado los procedentes de las clases medias. Rajoy lo tiene crudo con sus alcaldes. Que son los que, indudablemente, entusiasman a los presidentes de las comunidades.

lunes, 16 de marzo de 2015

Mentiras electorales

Siempre se ha dicho, y si no yo lo digo, que la izquierda, a veces con razón y otras sin ella, ha tenido demagogos muy célebres, que ejercían esta disciplina con plena conciencia de que era un instrumento político muy válido. Ahí es nada subirse al escenario y  ponerse a largar un discurso que tiene como fin predominante agradar o exaltar a las masas, generalmente con medios poco lícitos. La derecha -sin embargo- ha elegido siempre lenguajes moderados para una clientela que no apetecía oír la exageración.

Pero desde hace mucho tiempo, casi tres décadas, esos términos de derecha e izquierda han cambiado muchos grados. Así que la derecha ha evolucionado hacia el populismo, y la izquierda hacia la clase instalada o culta. Por lo cual, dirigentes socialistas y populares practican la misma política cuando se suben a un escenario a convencer a los ciudadanos mediante la mentira casi por sistema. La mentira es un arte. Y los políticos consideran que lograr la perfección en ese menester da categoría.

Conocido es que las personas adoptan siempre un aire serio cuando dicen mentiras. ¡Qué seriedad, pues, la de nuestros dirigentes, desde hace la tira de tiempo! La misma que mostró Mariano Rajoy como mitinero en Andalucía, cuando prometió un millón de puestos de trabajo, amén de obras públicas y construcciones de viviendas sociales a tutiplén. Y que, seguramente, cuando le preguntó a sus palmeros por cómo había estado, éstos le dijeron que juncal. Más o menos como Santiago Martín El Viti lo estaba cada vez que el diestro salmantino toreaba en la Maestranza, con ese aire de imagen de Semana Santa.

 Nada más oír al presidente del Gobierno, el nombre de Beni de Cádiz se me vino a la mente. Porque él, que era un cantaor extraordinario y un contador de chistes genial, se expresaba así: "Todo lo que yo cuento es mentira. Porque la mentira hace felices a los demás".  Y lo decía tan serio, con un semblante tan luctuoso, que a uno le daban todas las ganas del mundo de subir al escenario a compartir su pena. Lo prometido por el presidente del Gobierno a los andaluces, no cabe la menor duda de que habrá hecho posible que muchos de ellos hayan dicho de él que "es más bueno que el pan de Alcalá".

Ahora bien, mal haría Rajoy en fiarse de lo que le digan Javier Arenas y sus corifeos, porque los ciudadanos creen ya tan poco en la política y están tan convencidos de que cada partido es peor que el otro, que, en cuanto se percaten de que las promesas de los populares no dejan de ser el cuento del alfajor, discurran de esta guisa: "Más vale lo malo conocido...". Y, claro, de ese discurrir, no hace falta ser muy listo para darse cuenta de que la que sale ganando es Susana Díaz. Por más que luego se vea obligada a pactar con quien se avenga a razones.

Susana Díaz, como todos los políticos, que de existir la Inquisición serían ahora principales víctimas de Ella, por más duro que parezca lo dicho, haría bien en saberse de memoria que cuando uno pierde la esperanza echa mano de la ignorancia y del fanatismo y se vuelve reaccionario. Paro y corrupción están a la orden del día. Y con semejantes lacras, la que posiblemente sea la presidenta de Andalucía, de aquí a nada, habrá de andarse con tientos. Por más que andaluces y gallegos, que tantos motivos han tenido, y tienen, para proclamarse airados, sean siempre los más templados.  Pero todo tiene un límite, cuando se trata de tenerse en pie. La única verdad absoluta.

viernes, 27 de febrero de 2015

Rajoy está tocado de un ala

Lejos quedan los tiempos en los que cuando se hablaba de Mariano Rajoy era habitual echar mano del topicazo: "Es de esas personas a las que uno le compraría un coche de segunda mano sin dudar de su palabra en lo tocante al buen estado del vehículo". Lo cual evidenciaba el grado de confianza que merecía a muchísimos españoles un político que siempre estaba en las listas de su partido, formaba parte de los gobiernos del Partido Popular,  y que se distinguía no sólo por tener un buen saque sino, también, por ser un obseso lector de los diarios deportivos.

No obstante, MR no era un político que despertara ilusión alguna entre los españoles capaces de estar al tanto de la política activa. Pasaba por ser un gregario en todo momento dispuesto a rendir pleitesía a los más aventajados de la calle Génova. Tal vez porque era consciente de que no podía competir en encanto con otros primeros espadas de su formación, ni tampoco rivalizar en imagen con los adversarios de cada momento. De modo que su designación como candidato a  ser inquilino de la Moncloa,  mediante dedazo de José María Aznar, resultó sorpresiva.

Pero hubo alguien, cuando principiaba el año dos mil, que lo retrató muy bien y que, además, le auguró a Rajoy  éxitos que pocos se atrevían a vaticinar. Ese alguien fue José Antonio Labordeta, cuyo escaño como diputado en el Congreso lo obtuvo militando en el partido de la Chunta Aragonesista. Así lo describía el político y cantautor, aragonés, en "Memorias de un beduino en el Congreso de los Diputados". Libro que ha merecido la pena hacerle un hueco en los anaqueles de mi modesta biblioteca.

-Mariano Rajoy me parece un tipo curioso que fuma puros habanos y, como buen gallego, encierra detrás de una sonrisa conejil, por indefinida, vagas intenciones que uno nunca sabrá adónde le quieren llevar. Fue ministro de Administraciones Públicas, luego de Educación y más tarde del Interior -¡chúpate ésa!-, después vicepresidente primero y también ministro de Presidencia. Un largo mareo me entra cada vez que pienso en cómo habrá ido de sede en sede, cambiando a los secretarios de Estado, a los subsecretarios y a toda la panda que su antecesor había colocado. En el hemiciclo responde desde sus distintos "púlpitos" con certeza. Apunto. No es nada tonto y lo veremos muy alto.

Labordeta acertó en su pronóstico: Rajoy llegó a ser presidente del Gobierno. Que ya es llegar alto. Eso sí, según los resultados de la última encuesta del CIS, relacionados con el debate del estado de la Nación, se pone de manifiesto que la confianza en el presidente del Gobierno está tocada. Que más del setenta por ciento de los entrevistados no percibe que éste haya transmitido confianza política ni económica. Un cincuenta por ciento cree que no conoce los problemas del país, y un número mayor de españoles lo califica de insensible hacia lo que sucede. Rajoy está tocado de un ala.

martes, 24 de febrero de 2015

El guapo ganó el debate

Los primeros pasos de la restauración democrática se hicieron con tres guapos y seductores, y tres inteligentes y poco afortunados en sus figuras físicas. Los guapos y seductores fueron el ReyAdolfo Suárez Felipe González. Los otros -los menos atractivos- fueron Torcuato Fernández MirandaManuel Fraga y Santiago Carrillo. Los resultados estuvieron bien a la vista.
El gran inspirador de la restauración fue el Rey, y todos le ayudaron. Los dos políticos, representativos del poder y de la oposición, fueron Adolfo Suárez y Felipe González. Y el destino de los otros fue éste: Fernández Miranda pasó al ostracismo interior al poco tiempo, y murió triste en Londres; Manuel Fraga no obtuvo más que quince diputados; y Santiago Carrillo no alcanzó otra cosa que veinte diputados.
Se preguntaba Emilio Romero en los años ochenta: "¿y sabían algo del Estado Adolfo Suárez y Felipe González? Muy poco". Y explicaba: "El primero carecía de curiosidad intelectual, literaria, histórica, económica o sociológica". Al segundo lo despachaba así: "FG no era otra cosa que un abogado laboralista con escaso ejercicio". Ni que decir tiene que durante bastantes años se instaló en España el gobierno de los guapos. Y el gran periodista y analista político, Emilio Romero, exclamaba: "'Ay, querido, admirado, e inolvidable maestro Ortega! No es esto. Resulta que no es incompatible ser guapo y estadista".
Pues bien, en cuanto apareció Pedro Sánchez en la escena política, el obligado arte de la seducción pública volvió a cobrar interés. Y durante meses mujeres y hombres, de cualquier signo político, coincidían en destacar el enorme atractivo del secretario general de los socialistas. Incluso alababan su cuerpo curtido en las canchas de baloncesto como jugador del Estudiantes. Poco después, como simple nadería, nos enteramos de que había hecho la carrera de economista.
Muy pronto fue diluyéndose su popularidad inicial y comenzó a ser tachado de vacuo y anodino. Y llegaron a decir de él que todo lo que tenía de guapo lo tenía de bobo. PS, que estaba ya al tanto de lo que se comentaba a sus espaldas, lo primero que hizo es darle matarile político a Tomás Gómez. La mejor manera de decirles a los suyos que gozaba de dídimos suficientes para hacerse un cementerio a costa de quienes trataran de "juntarle chinitas con los pies"
Más tarde, en una reunión de líderes socialistas extranjeros en Madrid, se lució parlando un inglés perfecto. Y volvió a sumar puntos, y la confianza en sí mismo aumentó considerablemente. Aunque le quedaba pasar el examen más difícil hasta el momento: el debate del estado de la nación. En el que había de enfrentarse a Mariano Rajoy: enorme y duro parlamentario. Prueba que ha ganado Pedro Sánchez con creces. Sacando de quicio a Rajoy y consiguiendo, también, que el lenguaje corporal del presidente del Gobierno fuera lamentable. Alguien debería decirle a éste que despreciar al rival es sinónimo de derrota.

lunes, 16 de febrero de 2015

Los poderosos se vuelven locos de poder

Hasta una manta manchega que se pone para salir en las noches de invierno le queda como la capa más elegante y con mejor caída de Madrid. Es inteligente, conversador, poeta, hombre muy educado, dibujante, escenógrafo y, sobre todo, gran escritor en el teatro, el libro, el artículo, etcétera. Es la descripción que hace Paco Umbral en uno de sus libros de Francisco Nievas
Del artista manchego, nacido en Valdepeñas, he leído yo muchísimos artículos. Pero no voy a referirme a ellos, sino a las respuestas dadas a varias preguntas en una entrevista que le ha concedido Nievas a El Confidencial Digital. Y que uno comparte totalmente cuanto dice del momento que estamos viviendo en relación con la indignación de los pueblos.
Todas las revoluciones, dice FN, se parecen porque son el ahogamiento del pueblo sometido al dictado de los grandes, de los banqueros y de los ricos. Ha ocurrido siempre y seguirá ocurriendo. En lo tocante al poder, no se corta lo más mínimo en decir que el poder corrompe y, además, enferma. Los poderosos se vuelven locos. Locos de poder. Insiste en referirse a los poderosos y lo hace con enorme acierto:
-Los poderosos se enteran tan sólo de lo suyo y nada del hambre y de lo mal que lo está pasando el pueblo. Ese no enterarse es también volverse loco.
Le preguntan por Podemos y contesta así: "Podemos tiene toda mi simpatía y ha infundado una esperanza sobre mí. Ya veremos, porque no hay deuda que no se pague. Hay que pagarla como sea, pero se verá cómo se arregla y cómo se desenvuelven los griegos. Ellos serán para nosotros un ejemplo de hasta dónde podemos llegar".
En lo tocante a la libertad de expresión, responde de tal guisa:
-El derecho a la libertad de expresión es lo más importante y se le está poniendo muchísimos obstáculos. Y se los pone este Gobierno. 
Sobre la corrupción, Francisco Nievas dice que el motivo es la ambición, el poder del dinero. Te metes a político y ya te dicen: "Aprovéchate"..
Nada de lo dicho por el maestro Francisco Nievas nos es desconocido. Y así lo hemos escrito en no pocas ocasiones.

lunes, 9 de febrero de 2015

Mentir con veracidad

Los políticos, durante las campañas electorales, prometen, prometen y no dejan de prometer... Y lo hacen a sabiendas de que mienten. Buscando, además, mentir con veracidad. Lo cual no deja de ser el mayor éxito de quienes lo consigan. Así que hacer de la trola un arte ha sido siempre la la máxima aspiración de todos ellos. Y cuanto más se especialicen en esa tarea más reconocidos serán y más pronto pasarán a formar parte de la camarilla de los selectos dentro de su partido. Encontrar a un político sincero es harto complicado, por no decir casi imposible. Los políticos, en general, están convencidos de que la sinceridad en pocas cantidades es peligrosa, y en grandes cantidades se vuelve fatídica.

El Partido Popular, hace tres años, ganó las elecciones generales por mayoría absoluta, y lo hizo enviando a sus mejores heraldos de la mentira a embaucar a los votantes. Y a fe que lo hicieron de maravilla. Pues los resultados evidenciaron plenamente la calidad de sus mitineros. Cumplieron tan bien su cometido, consistente en despertar ilusiones falsas, que hasta quienes hemos adoptado la máxima de don Enrique Tierno Galván, llegamos a dudar de ella, durante cierto tiempo. Decía don Enrique, por si alguien aún no lo sabe, que "Las promesas electorales están para no cumplirlas". Y se quedaba tan pancho. No me extraña que Raúl del Pozo lo catalogara de víbora con cataratas.

Por comportarse de semejante manera, y por estar muchos de ellos implicados en casos de corrupción y, naturalmente, por otras fechorías cometidas, Julio Caro Baroja, que era profesor e intelectual muy lúcido y lucido en sus criticas, no exentas de dureza, largó así de los políticos, en su día: "Si hoy existiera la pena de la hoguera, los políticos serían los más sujetos a ella". Como pueden ver don Julio no se cortaba lo más mínimo allá en los principios de los ochenta. No quiero hacerme a la idea de lo que hubiera dicho, de estar vivo, en estos momentos.

Tal vez don Julio Caro Baroja habría estado de acuerdo conmigo en lo que voy a decir con el fin de no llamarle directamente caraduras a los políticos. Para ser político profesional lo primero que ha de procurarse, según le leí a alguien cuyo nombre no recuerdo, son máscaras suficientes para poder salir a la palestra siempre en consonancia con los acontecimientos que le toque airear. Eso sí, el precio que debe pagar es que ni siquiera amortajado podrá lucir su propia cara. Lo que no deja de ser, no sé si ustedes opinarán lo mismo, una auténtica desgracia. En fin, los políticos  también podrán alegar que tampoco es cosa detestable vivir siempre su particular carnaval.

De todas formas, vengo observando que los partidos ya están en precampaña electoral, por no decir en campaña, y que los mitineros populares no hacen sino hablar de la recuperación económica en sus discursos, confiados en seducir a la gente otra vez. Y cantidad de gente dice que nones. Que en esta ocasión no están dispuestas a  dar por válidas promesas que llevan el sello inconfundible del alcalde madrileño que propició la llamada "movida". Incluso a mucha gente, yo formo parte de ella, le chirría la muletilla, convertida en frase hecha, que trata de sostener el discurso de la recuperación: "Sabemos que aún queda mucho mucho por hacer".  Y tanto que queda... Pero no dicen que nunca más encontrarán trabajo las personas que lo han perdido a esa edad comprendida entre cuarenta y cincuenta años.

De cualquier manera, los dirigentes populares deberían percatarse, por más que estén convencidos de que mienten con sumo éxito, de que la situación reinante no seguirá eternamente. Y que si no proceden a trabajar duramente para que en España la clase media vuelva a reverdecer laureles, se hará presente una revolución. Y tampoco deben olvidar, pues los hechos son tozudos, que los jóvenes, cuando miran a su alrededor y ven los problemas laborales y el futuro que les espera, o se lían la manta a la cabeza y abandonan España, o deciden votar a Podemos. Que es el mal menor. Lo digo por lo de la revolución.

lunes, 2 de febrero de 2015

Pegar la hebra con un politico

Hace tres meses, más o menos, coincidí yo con un político local, a quien aprecio hasta el punto de haber salido en su defensa durante situaciones en la cual pintaban bastos para él. Y nos pusimos a pegar la hebra con total y absoluta tranquilidad. Debido a que ambos sabemos de qué pie cojeamos y del que también renquean todos los que pertenecen al mundo de la política y de los medios de comunicación. Y cómo en esos momentos sólo se hablaba de Luis Bárcenas y de la corrupción generalizada, existente en España, surgió el nombre de Al Capone: el máximo mito del gansterismo.

Al Capone fue el hombre que dio complejidad al negocio adivinando que la era del alcohol clandestino pasaría y debían crearse redes que comercializasen todo lo que abastecía las necesidades del triángulo fundamental del hombre: el bolsillo, la barriga y el sexo. Lo que siempre me hizo sospechar, así se lo referí a mi interlocutor, que Al Capone hubiera leído al Arcipreste de Hita. Y el político, en cuestión, me respondió que mi imaginación estaba siempre en ebullición. Por supuesto que se le olvidó añadir que, esa imaginación que me achacaba, y que yo no desdeño, está siempre bajo permanente control. Pues al tenerla reconocida como la loca de la casa, la suelo atar en corto.

Pero, una vez que había salido a la palestra el nombre de Al Capone "Scarfarce", no tuve el menor empacho en seguir hablando de él, como hombre que fue tan poderoso como para convertirle en un interlocutor válido con los poderes establecidos. Los que preferían negociar con él que enfrentarse a los gánsters uno por uno. Nada descabellado. Ya que ello sigue ocurriendo. Porque lo que funciona, y favorece a los privilegiados, no tiene fecha de caducidad. Y, por más que las clases más desfavorecidas traten de ponerle coto a semejante desdicha, nunca lo lograrán. Lo cual hace posible que la ley de Darwin esté siempre presente.

Mi estimado político, que de tonto tiene nada y menos, me invitó a continuar largando del gánster cuya vida privada fue destacada como ejemplar. De él se decía que estaba convencido de las ventajas morales de su modo de vida. Su concepto de la familia estaba por encima de cualquier sospecha. Siendo además un decidido adversario de la emancipación de la mujer; en este punto fue siempre inflexible: una mujer pertenece a su hogar y a la cuna de sus hijos. Y, de no ser así, los hombres no dejarán de ser una figura decorativa en la vida de las mujeres.

El político, tras escucharme atentamente, se interesó por las ideas políticas de Al Capone. Y no tuve la menor duda en recitarle de memoria lo que había dicho del comunismo de la época: "El bolchevismo llama a nuestra puerta. No debemos dejarle entrar. Tenemos que permanecer unidos y defendernos contra él con plena decisión. América debe permanecer incólume e incorrupta. Debemos proteger a los obreros de la prensa roja y de la perfidia roja, y cuidar de que sus convicciones se mantengan sanas".

Tales declaraciones del gánster por antonomasia, en aquel tiempo, debieron causar perplejidad en las personas honradas, así como la certeza de que las instituciones estadounidenses estaban corroídas por la corrupción. Y, naturalmente, decidieron acabar con quien se había permitido el lujo de hacer proselitismo de un modo de vida corrompido de arriba abajo. Eso sí, me reservé el derecho de decirle a mi estimado político, a quien presté ayuda cuando se le presentaban mal las cosas, que a los suyos les ha llegado el momento de enderezar el rumbo. Pero antes tendrán que prescindir de los imitadores de Al Capone. Cuyo proselitismo les hace mucho daño.

domingo, 1 de febrero de 2015

Podemos es necesario

Dado que mis lecturas, una vez olvidadas, dejan huella permanente en la alacena de mi memoria, recuerdo perfectamente cómo los jóvenes abandonaban las aulas de las universidades, los pupitres de las escuelas, los tableros de los talleres, y con unas breves semanas de instrucción, creían estar formados para luchar en los frentes de la Primera Guerra Mundial. Marchaban los muchachos alemanes, como los de otros países, henchidos de gozo a la búsqueda de aventuras peligrosas, sintiendo el anhelo de toparse con cosas insólitas. Ernest Jünger, autor del libro "Tormentas de Acero", dice que la guerra los había arrebatado como una borrachera. Que les parecía, entre otras cosas estimulantes, un lance viril, un alegre concurso de tiro celebrado en las grandes praderas. En que la sangre era el rocío.

Quienes regresaron con vida de aquel devastador conflicto -cuyas consecuencias se extendieron hasta Oriente Próximo y zonas de Asia y África-, lo hicieron horrorizados y convencidos de que aquella tragedia serviría, al menos, para que las injusticias y desigualdades tuvieran las mejores soluciones. Tras la Conferencia de Paz en París -1919-, en la que los presidentes de los países ganadores tomaron decisiones interesadas con el fin de poner en pie una Europa en ruinas, éstos no vieron, o se hicieron los suecos, que sus acuerdos estaban propiciando ya un deseo de revancha por parte de las naciones penalizadas.

A la Segunda Guerra Mundial, visto lo visto en la anterior, jóvenes y menos jóvenes fueron llevados a la fuerza. Y otra vez, quienes tuvieron la suerte de no perder la vida, descubrieron a su regreso que las injusticias sociales seguían imperando y que los ricos eran más ricos y los pobres, amén de multiplicarse, pasaban a la escala de miserables. El miedo al papel político de la clase obrera gravitó sobre Occidente durante toda la guerra fría.Y, como no podía ser de otra manera, cundió el miedo entre los hombres poderosos de la tierra. Y es que no debemos olvidar que la bondad de los hombres poderosos nace de su miedo o de su egoísmo. Así que sólo dejan de ser crueles, axioma, cuando sienten que es mejor perder un poco que perderlo todo.

Debido a ese miedo, en las democracias liberales se procuró acentuar la política social para mantener integradas las masas obreras que trabajaban denodadamente por la reconstrucción material de una Europa en ruinas. Y se hizo mediante la creación del Estado del Bienestar, cuyos principios fueron en 1946. En el que destacaban, por encima de todo, tres derechos que el ciudadano -por medio de su voto- nunca va permitir que se los toquen: la salud, la vejez (pensiones), la educación. Y, naturalmente, el derecho a tener un trabajo digno. Con la implantación del Estado benefactor se trató también de frenar, entonces, el espectacular avance de los partidos comunistas europeos, consecuencia de su papel protagonista durante la resistencia antinazi.

El nacimiento de la Comunidad Europea, ideada mayormente para que sus socios no tuvieran nunca más que dirimir sus diferencias a cañonazos, parecía ser la panacea de todos los males. Pero hete aquí que, un buen día, apareció la señora Merkel y aprovechando las fechorías cometidas por corruptos de cuello blanco, intervino para decirnos que el Estado del Bienestar, como institución de solidaridad, fomenta la pereza, ya de por sí anclada en los pueblos mediterráneos. Y sacó a relucir su tijera de recortar que ha dejado a griegos, portugueses, italianos, franceses y españoles sin clase media.

Y, como no podía ser de otra manera, al cabo de tres años de sacrificios soportados solamente por los que menos tienen, a la par que los ricos han seguido haciendo su agosto, aprovechándose de tal situación, han surgido partidos como Syriza (Grecia) y Podemos que han logrado algo que se veía venir: que mucha gente haya dicho ¡basta ya! Y se haya lanzado a la calle a gritar consignas contra el bipartidismo. Lo cual es bueno. Por dos motivos: el primero, porque así han hecho posible que los dirigentes del PP y PSOE despierten del letargo en que estaban sumidos; y, segundo, porque la presencia de Pablo Iglesias y los suyos evitan un mal mayor: que surja una reacción violenta de los ciudadanos que han perdido ya la esperanza de trabajar y vivir decentemente.

miércoles, 28 de enero de 2015

Pacto griego

Me llama un amigo para saber si yo creo que, tras las próximas elecciones generales, España puede ser gobernada por un Frente Popular compuesto por el PSOE, Podemos y lo que pueda aportar una Izquierda Unida que parece vivir los peores momentos desde que existe. Y le digo que todo es posible si acaso el Partido Popular no consigue una mayoría absoluta o bien un resultado que le permita coligarse con otro partido -o partidos- que no sea, lógicamente, ninguno de los ya mencionados.

Mi amigo, profesor de Historia y muy avezado en ideas políticas, trata de tirarme de la lengua y, como quien no quiere la cosa, me recuerda que el Frente Popular es un bloque de defensa contra el peligro fascista. Y que él sepa ese peligro no existe actualmente ni en España ni en Europa. Al menos, de momento.

Ante su planteamiento, decido seguirle el juego. Y se me ocurre preguntarle qué surgió primero, el peligro marxista o el peligro fascista. Y mi amigo ve el cielo abierto para mostrarme los muchos conocimientos que tiene al respecto. Esto es lo que me responde: "Aquí no cabe duda. El fascismo es la defensa de los elementos nacionales amenazados internacionalmente por el marxismo y el capitalismo. Sin peligro marxista no existiría fascismo, porque antes de existir Mussolini, mucho antes, Marx ya había emitido su doctrina".

A propósito, le inquiero yo cuando menos lo espera mi interlocutor, ¿qué te ha parecido el triunfo de Syriza en Grecia? Y su respuesta fue tan rápida como contundente: "Tengo la certeza de que los griegos se han equivocado de pe a pa y que, no tardando mucho, los que han votado a Tsipras se arrepentirán de su yerro. Y, desde luego, no entiendo cómo es posible que ese tal Panos Kammenos, líder de un partido nacionalista de derechas, haya accedido a gobernar con un partido de izquierda radical y viceversa".

Mi amigo cayó en la trampa que le tendí, y así se lo hice saber:
-Mira, Pepe, el fascismo defiende los elementos nacionales, amenazados internacionalmente no sólo por el marxismo sino también por el capitalismo internacional. Y, como tú bien sabes, y si no yo te lo digo, el orgullo nacional humillado suele ser fértil para que los pueblos se levanten contra el poder establecido en esos momentos, mediante revolución o castigándolo en las urnas. Por tanto, el pacto griego entre Alexis Tsipras y Panos Kammenos, es de una naturalidad apabullante. Ya que no están dispuestos, según dicen, los líderes de Syriza e Independientes Griegos a vivir sometido a la dictadura de la Troica.

viernes, 23 de enero de 2015

El bipartidismo en la democracia

Durante mi adolescencia tuve yo la oportunidad de escuchar atentamente los consejos que me daba uno de mis tíos, tratando de desvanecer cualquier duda que me asaltara. Mi tío había hecho la guerra con los perdedores, y por si fuera poco, se había quedado renco por mor de una herida padecida en el frente de combate. Así que su vida durante la posguerra fue un calvario. Pero mi tío decidió afrontar aquellos años grises sacando a relucir su sabiduría y su fortaleza del alma, recurriendo al dominio de sí mismo y enfrentándose al dolor de modo impasible. Pasado unos años, comprendí que mi tío era un tipo estoico.

Mi tío murió con ochenta y pocos años, por lo que tuve la oportunidad de conversar mucho con él, no sólo de nuestra guerra civil, sino de la restaurada democracia y, por supuesto, de los políticos. Un día, durante una sobremesa veraniega, en un chiringuito playero, le pregunté acerca de qué partido se vería agraciado con su voto, en las ya cercanas elecciones. Y él, que había respirado ideas anarquistas, me dejó boquiabierto al responderme de esta manera: "A un partido moderado..." Ante mi extrañeza, no dudo en rematar la faena con la gracia natural que le distinguió siempre: "Deja que empiece a cáersete el pelo y a fastidiarte la próstata y verás como te vas pasando sin querer a la derecha moderada".

Luego, como quien no quiere la cosa, le dije a mi tío que había leído unas declaraciones de ese gran filósofo que es Karl Popper, en las que manifestaba que era partidario del bipartidismo en la democracia, al tiempo que es revelador del concepto de "soberanía popular" en el sentido de adjudicar al pueblo el Gobierno de una nación. Pero resulta que una gran parte de los políticos españoles suspiran por el pluripartidismo a la italiana, que viene a ser como el no va más de la democracia, cuando el pluripartidismo de esa extensión, no es otra cosa que la gran corrupción de los políticos en orden a su presencia en el poder, respecto a sus dogmas y sus programas.

Mi tío, tras medirme con la mirada, y carraspear lo justo para aclararse la voz, me dio su versión del pluripartidismo: Con él la gobernabilidad es también más azarosa y más sorprendente cuando se reúnen muchos diferentes para gobernar o para distribuirse la tarta. Ahora bien, tampoco es malo que exista, al lado de dos grandes fuerzas políticas, algún partido testimonial para consolación o para la facilitación de una mayoría en el poder. Pero lo ideal, en cuanto a la autoridad y a la gobernabilidad, es que haya una fuerza homogénea o coligada en el poder y otra fuerza -sola o en coalición- en la oposición. Y que exista cierto equilibrio entre ambas.

De haber vivido mi tío, le habría preguntado sobre qué pensaba sobre la irrupción de Podemos en la escena política. Mas tengo la impresión, conociéndolo tan bien como lo conocía, de que me habría respondido, más o menos, esto: "La aparición de Podemos en la escena política está sirviendo para sacar del letargo en que estaban sumidos los populares y los socialistas. Ha sido un soplo de aire fresco que nos era muy necesario en una España que ha perdido a su clase media y en la que corruptos y privilegiados han infectado el ambiente, ya de por sí iracundo ante los millones de parados existentes. Si bien conviene no perder de vista un asunto que puede desembocar en un grave problema". Desembucha, tito.

Veamos, imaginemos que ninguno de los partidos, algo que es factible, logra una mayoría absoluta. Y si malo es gobernar en minoría, qué decir si un frente popular, lógicamente formado por partidos de izquierda, se hace con las riendas del poder. Los dos casos, en una España tan castigada ya, son lo peor que puede suceder en un país donde los ricos ha aumentado su riqueza y los pobres son multitud. Mientras tanto, por si la crisis económica no es suficiente castigo, sale de la cárcel Luis Bárcenas para emplazarse en el centro del ruedo de los micrófonos, largando tela marinera contra el presidente del Gobierno, con altanería y sarcasmo.