Blog de Manolo de la Torre


Entrenador de fútbol, ha ejercido la profesión 19 temporadas. Escritor en periódicos,
ha publicado una columna diaria, durante dos décadas, en tres periódicos ceutíes.

Mi Slideshow

viernes, 19 de julio de 2019

Centrales con la pierna izquierda de palo


Recuerdo que tras empatar en Valladolid, un equipo entrenado por mí, me preguntaron en la sala de prensa del viejo estadio José Zorrilla, si el resultado obtenido me colmaba de satisfacción. Puesto que el punto logrado valía en esa fecha un Potosí. Y contesté así: mi contento radica en saber que ahora los aficionados de mi equipo están como unas castañuelas... Sentimiento que me acompañó durante todos los años que le dediqué a la profesión.

Identificarse con un equipo, a edad temprana, lleva consigo la certeza de que uno seguirá siendo de ese club hasta el último día de su vida. Las victorias serán siempre tan celebradas como balsámicas. Y las derrotas harán mella en nuestro ánimo. Verdades incuestionables. Ser del Madrid o del Barcelona, del Betis o del Sevilla está muy bien. Pero siempre que la pasión no ciegue el conocimiento de quienes decidieron elegir como suyos esos escudos.

Quien escribe es del Madrid desde que vestía pantalones cortos. Sí, ya sé que lo he dicho en no pocas ocasiones. Pero tampoco es menos cierto que los hay convencidos de que eso no es así. Y no cesan de alegar en mi contra las opiniones ásperas, agrias, desagradables... Que suelo publicar acerca del equipo dirigido por Zidane. Sin caer en la cuenta de que ser del equipo blanco no es motivo suficiente para decir amén a todo.

Al grano: tras desprenderse el Madrid de Marcos Llorente, muchos madridistas -servidor entre ellos- creyeron conveniente ponerle peros a esa decisión. Por considerar que el jugador tiene muchas cualidades para haber seguido formando parte de la plantilla blanca. Tampoco entendímos, y me sirvo del plural mayestático, la salida de Reguilón. Veamos: yo he visto jugar varias veces a Ferland Mendy en el Olympique de Lyon. Y debo decir que me causó una buena impresión. Por consiguiente, puede que su fichaje haya sido un acierto. 

Ahora bien, tras tomar esa decisión, me pregunto: ¿acaso no hubiera sido conveniente traspasar a Marcelo y dejar a Mendy disputarse el puesto con Reguilón? Cuya corta trayectoria en el primer equipo le permitió demostrar que el tan cacareado miedo escénico que se le achaca al Bernabéu se lo pasó él por la taleguilla. Lo cual no es moco de pavo. Y, por si fuera poco, ayer hizo Mario Hermoso su presentación en el Wanda Metropolitano.

Me explico: el Madrid, desde hace ya mucho tiempo, necesita un central zurdo. Verdad es que escasean cada vez más los jugadores especialistas en esa demarcación. Y los pocos que van destacando los acapara Monchi, director deportivo del Sevilla. Que luego los suele traspasar al Barcelona o al Manchester City. Pues bien, el Madrid se ha desprendido de Mario Hermoso. A eso se le llama ser generoso. Máxime cuando todos sus centrales tienen la pierna izquierda de palo.    



















jueves, 18 de julio de 2019

Marcelo ha perdido kilos


El Madrid fichó a Marcelo en el año 2006. Y pronto se dijo de él que poseía las habilidades de los antiguos extremos: es rápido, recorta bien, y cumple a la perfección con la tarea de asistir a los delanteros. Su regate en carrera es espectacular y práctico. Busca la llegada al marco contrario por el camino más corto. Sabe tirar paredes. Su mayor defecto es que ataca por sistema. Dejando, en bastantes ocasiones, el camino expedito para los delanteros rivales. 

Juande Ramos -entrenador del Madrid en 2008- situó a Marcelo como extremo falso. Para aprovechar su calidad como atacante y evitar que se le vieran sus carencias como defensa. Convencido de que con el paso del tiempo mejoraría en esa tarea. Pero la prueba no funcionó. Pues cuando el jugador brasileño regresó a su puesto habitual, lo hizo dando pruebas evidentes de que era alérgico a los marcajes.

La anarquía defensiva de Marcelo, con el paso de los años, fue aumentando en la misma medida que su popularidad. Su banda era un auténtico coladero. Por ahí llegaban los goles de los contrarios. Pero su equipo solucionaba el problema obteniendo más tantos que sus oponentes, gracias a la calidad de sus jugadores. Marcelo siempre tuvo buena prensa. Hasta el punto de que los periodistas le han tratado magníficamente incluso cuando sus actuaciones han sido deplorables.

Las dos últimas temporadas de Marcelo han sido penosas, lamentables, calamitosas... Sus kilos de más se veían a la legua. Aun así, él no cedía en su empeño de atacar por sistema sabiendo que le era imposible regresar a su punto de partida. Dicen que le daba vergüenza pesarse. No obstante era incapaz de airear que no estaba en condiciones de jugar. Sino todo lo contrario: se hacía el ofendido porque Solari tomó la decisión, justa y valiente, de confiar en Reguilón.

Nada más regresar Zidane al banquillo, a quien Marcelo considera amigo, el brasileño volvió a ser titular. Eso sí, sin sonrojarse lo más mínimo por su sobrepeso. Inadmisible en un futbolista de cualquier equipo y mucho menos del club más grande del mundo. Aunque conviene decir, cuanto antes, que Marcelo contó, como siempre, con la ayuda de la prensa. La cual ha resaltado ya en grandes titulares, como si fuera algo extraordinario, la pérdida de kilos de Marcelo.

Da grima, por tanto, leer la disciplina espartana, en cuestión de comida y bebida, que hace ya un tiempo se ha impuesto Marcelo para responder a la confianza que en él tiene depositada su entrenador. Y los contadores del asunto se quedan tan pancho. Es decir, que si Zidane no hubiera sido el entrenador elegido, el brasileño no habría dudado en seguir comiendo y bebiendo sin medida o discernimiento.  

Y uno está en la obligación de preguntarse: ¿no hay nadie en el Madrid que sea capaz de llamarle la atención a Marcelo? ¿Cómo es posible que un club de tamaña categoría dé la callada por respuesta a una forma de proceder que sería cachondeable si se tratara de un equipo de aficionados?  En cambio, sus dirigentes no dudaron en despedir a Santiago Hernán Solari. Y, por si fuera poco, se quitaron de en medio a Reguilón... En menos que canta un gallo.

Adenda. La pérdida de peso de Marcelo puede que le permita atacar más que antes... Pero la duda permanece: ¿será capaz de defender mejor que nunca?...




















miércoles, 17 de julio de 2019

Sobre la última Champions ganada por el Madrid


A mí me cuesta lo indecible ver la repetición de un partido de fútbol. Aunque sea del Madrid disputando una final de Champions y ganándola. Ya que tengo buena memoria y conservo intacta mi capacidad de recordar lo ocurrido en directo en Kiev. En aquella primavera de 2018. Pero ayer por la tarde, jugueteando con el mando a distancia, conecté con Real Madrid TV en el preciso momento en que comenzaba el encuentro Liverpool-Madrid. Y dado que había cumplido con los deberes que me asigno cada día, quise comprobar si se me había escapado algún detalle principalísimo de aquel encuentro.

Les cuento: nada de lo que fui viendo me resultó extraño. Si acaso debo destacar, una vez más, el acierto que tuvo Zidane cuando en el minuto sesenta de un partido que estaba empatado a uno, le dio entrada a Gareth Bale y retiró a Isco Alarcón. Tino rotundo del técnico, sin duda alguna; pues el galés tardó tres minutos en marcar un gol de antología. Y remató su faena con la revolera de un tercer tanto. Fin de la cita...

También sería injusto no destacar la extraordinaria actuación que tuvo Varane durante todo el partido y sobre todo en los momentos en que los ingleses pusieron cerco a la meta defendida por Keylor Navas. El defensa francés estuvo magistral en tres ocasiones, nada más principiar el encuentro, corrigiendo fallos del costado izquierdo de su zaga. Tales acciones fueron decisivas para que lograse su equipo el triunfo.

Otro francés, es decir, Benzema, dio todo un curso de cómo se debe jugar como delantero falso o delantero centro flotante. Siendo pieza clave de una final en la que Cristiano Ronaldo anduvo compungido. Quizá porque ya se le había metido en la cabeza que su destino estaba en Turín. Modric, Casemiro y Kroos pasaron la prueba sin alharacas. A pesar de que el Madrid contaba con superioridad númerica en el medio campo. Donde Isco impuso un ritmo lento que no le beneficiaba a su equipo. Amén de no dar la talla como mediapunta. Lo más destacado de su actuación fue un centro y un tiro al larguero.

Válgame lo dicho, pues, para recordar lo siguiente: el Madrid, tras ganar la Decimotercera Champions League, entró en una crisis de juego. En la que Varane y Bale fueron criticados acerbamente. Con verdadera saña. Los goles marcados por Bale al Liverpool no le sirvieron como capa que todo lo tapa cuando se acabaron las vacas gordasComo así ha venido ocurriendo con otros jugadores, cuyos nombres son harto conocidos. Y el galés, que no debe tener sangre de horchata, quedó afectado al comprobar que en los madriles era mal quisto.

Varane, en cambio, supo capear el temporal de las derrotas... Y sigue dando muestras perceptibles de que no se acollona por un quítame allá esas pajas. Vamos, que no se aflige ante las adversidades. Aunque en el club le hayan buscado ya un sustituto. Cuando lo primordial hubiera sido buscarlo para Sergio Ramos.

martes, 16 de julio de 2019

Mi deseo es enojar


Si no puede uno hacer enojar a alguien. Escribir no tiene sentido. Me topo con la cita cuando me ha dado esta mañana por hojear un cuardeno donde hace ya mucho tiempo fui tomando apuntes de lo que leía. Lo que no aparece en ella es el nombre de su autor. Pero tampoco creo que haya necesidad de mencionarlo. 

Eso sí, hay que reconocerle el acierto que tuvo al describir con doce palabras una realidad incuestionable: no merece la pena opinar sobre algo o de alguien si no se tiene la certeza de que habrá lectores que se acuerden de todos los muertos de uno por atreverse a emitir pareceres contrarios a los de ellos. Pues nada hay cosa peor que la indiferencia.

El fanático de un equipo de fútbol, por ejemplo, no admite que se dude de sus ideas. Así que es terreno propicio para quien sea capaz de responderle con hechos que vive en el error. Haciéndole ver que el equipo de sus amores no está dando la talla o que ciertos jugadores gozan de privilegios que no están en consonancia con su rendimiento. 

Cuando quien escribe actúa a contracorriente, aunque razonando sus opiniones, sabe ya sobradamente que a partir de ese momento se habrá ganado el derecho a que le saquen las tiras de pellejo. Verbigracia: está mal visto decir que el rendimiento de Isco es muy inferior a la fama que le otorgan. Máxime cuando Zidane airea que le gusta Isco porque juega como lo hacen los niños en la calle. El Cholo Simeone diría en un potrero. Pero no creo que le diera bola al nacido en Arroyo de la Miel.

Lo fácil es opinar que el Madrid no necesita un central que maneje la pierna izquierda. Puesto que en esa demarcación juega Sergio Ramos. Cuando está demostrado que el de Camas lo haría mejor en el lado derecho. Lo cual sería beneficioso para el equipo y para él. Tampoco se entiende la malévola campaña que le vienen haciendo a Gareth Bale. Por parte de quienes han dado en la manía de ser más chauvinistas que los franceses. 

Y si uno desea fervientemente enojar a los seguidores del Barcelona, o sacar de quicio a quienes dicen querer a la Selección Española por encima de todas las cosas habidas o por haber, lo tiene fácil: basta con decirles que Sergio Busquets, desde hace ya mucho tiempo, desaparece del escenario cuando los rivales dominan el partido.

Escribo porque me agrada enfadar a quienes suelen hablar por boca de ganso. Me encanta llevarles la contraria a quienes no cesan de contarnos el cuento del alfajor de un deporte en el que deberían quitarle importancia a una 'ruleta' y elogiar al futbolista capaz de marcar diez o quince goles, durante la temporada, chutando a puerta desde la media distancia. Y, sobre todo, me parece que pecan de imprudencia quienes no cesan de elevar a Kubo -jugador japonés del Real Madrid- a los altares. Pues le están haciendo un flaco servicio al chaval.