Blog de Manolo de la Torre


Entrenador de fútbol, ha ejercido la profesión 19 temporadas. Escritor en periódicos,
ha publicado una columna diaria, durante dos décadas, en tres periódicos ceutíes.

jueves, 26 de noviembre de 2020

Aquel España-Argentina de 1988

Once de octubre de 1988. Los alrededores del Hotel Los Lebreros (Sevilla) están repletos de aficionados que desean ver a los jugadores de la Selección Argentina que allí se alojan. Debido a que han de jugar frente a España un partido homenaje a la RFEF: como un acto más de los que se van a celebrar en el Día de la Hispanidad. Quien escribe compartía hospedaje. Los argentinos no cesan de hablar de fútbol en la sala de estar. Tan pronto veías a Pumpido pegando la hebra con Batista y a Calderón contándole cosas de Sevilla y de los béticos a Troglio y a Fabri... 

Antonio Betancort, portero que fue de la Unión Deportiva Las Palmas y Real Madrid, lleva ya un tiempo formando parte del cuadro técnico del equipo amarillo. Nada más verme, me saluda y nos metemos en cháchara. Nuestra amistad se forja siendo yo entrenador y él un ojeador del deporte rey. Sus relaciones con los argentinos son muy buenas. Dado que en la Primera División Argentina descubre talentos para su equipo. Cuando aparece Diego Armando Maradona, el cual no cesa de bromear con los allí reunidos, Betancort no duda en presentarnos.

Rafael Peña, que ya era entonces un periodista todo terreno y un especialista en fútbol, arde en deseos de entrevistar a Maradona. De ahí su viaje desde Ceuta a Sevilla. Pero no aborda a la estrella argentina por temor a que ésta le diga que no es hora de conceder entrevistas. Así que decido contarle a Betancort el deseo del periodista ceutí. Y el canario, un grande en todos los sentidos, se lo comunica a Maradona. Y éste tarda nada y menos en dirigirse a Rafael Peña para que haga su trabajo.

Entonces comprendí que Maradona tenía el don de relacionarse con todo el mundo. Era incapaz de aprovecharse de su fama para darse pote alguno. Raro en alguien que era el mejor jugador de la época y uno de los más grandes de todos los tiempos... No olvidé nunca semejante comportamiento. Esta anécdota la conté en alguna que otra tertulia cuando la creí adecuada. Si bien recuerdo haber escrito acerca de ella hace ya bastante tiempo. Hoy, sin embargo, he creído conveniente evocarla. Aunque no me agrade redoblar el tambor. 

Aquel España-Argentina terminó con empate a uno. Goles de Butragueño y Caniggia


 

 



Magnífico Madrid

El Madrid ha jugado un partido soberbio en San Siro frente a un Inter dirigido por un gran entrenador y en el cual juega, entre otros extraordinarios futbolistas, Lukaku. De quien se nos ha venido diciendo hasta la saciedad que sin Sergio Ramos sería imposible frenarlo. Es decir, que los opinantes daban por descontado que Varane acabaría siendo desbordado cuantas veces se lo propusiera el jugador belga. Pues bien, el internacional francés se ha hecho tirabuzones con el poderío de un delantero que no deja de ser muy bueno. Junto a Varane se ha visto a un Nacho espléndido. Prueba de que va cogiendo la forma después de una larga lesión. 

El equipo blanco se impuso desde el primer momento. Y lo hizo apoderándose del balón, manejándolo con precisión y atosigando a sus rivales. No hubo concesiones a la galería. En ese juego eficaz y sin pizca de tonterías de la Plaza Mina, como dicen los gaditanos, la actuación de Lucas Vázquez fue sobresaliente de principio a fin. Se adueñó de su banda tanto en ataque como en defensa. Mientras que Kroos daba una clase magistral de como debe ser un mediocentro. Y es que el alemán podría jugar en ocasiones con frac. Si a eso le sumamos la calidad de Modric y lo fácil que juega Odegaard, no resultaba extraño que el centro del campo de los italianos fuera superado a pesar de contar con más jugadores en esa zona.    

Un pase de Odegaard a Nacho, apenas empezado el encuentro, propició el penalti que Barella le hizo al central merengue. Y que Hazard convirtió en gol. Corría el minuto siete y el equipo dirigido por ZZ fue a más. Tan a más que desarboló a sus rivales. Y bien que pudieron llegar más goles del conjunto merengue. Un balón de Lucas Vázquez se estrelló en un poste y Mendy gozó de otra ocasión. Pero lo mejor estaba por venir. Y sucedió en el minuto treinta: Arturo Vidal, siempre acelerado cuando juega frente al Madrid, protestó enérgicamente al árbitro, reclamándole un penalti, y el colegiado inglés decidió enviarlo a los vestuarios. 

A partir de ese momento, los italianos quisieron pero jamás pudieron con la superioridad de los visitantes. Los cuales se hicieron dueño de la situación. El gol de Rodrygo, en la segunda parte, nada más salir al terreno de juego, aseguró una victoria tan merecida como trabajada por un Madrid que jugó un magnífico partido en un momento crucial de la Competición y en un escenario complicado. Y sobre todo muy valiosa para demostrar que no es bueno ni razonable que haya opinantes que digan a voz en cuello y sin solución de continuidad que el Madrid -sin Ramos- es poco menos que un equipo compuesto por tuercebotas. Que se lo pregunten a Lukaku...

La victoria del Madrid en San Siro será recordada por haber coincidido con la muerte de uno de los más grandes jugadores del mundo: Diego Armando Maradona. Capaz de atender con generosidad a cuantos se acercaban a él para entrevistarlo o pedirle el autógrafo correspondiente. 

 

 

 

 

 

martes, 24 de noviembre de 2020

Los socialistas ceutíes

Fructuoso Miaja -concejal, senador y alcalde de Ceuta- habla de los socialistas ceutíes en Un hombre cabal; título del libro editado en 2003

Los socialistas ceutíes tenían un enorme poder social en el año de 1936. Contaban con la militancia de la Unión General de Trabajadores y con unos dirigentes magníficos. Aunque fueron cayendo desde el día en que se produjo el llamado Movimiento Nacional. Detuvieron a muchos jóvenes: a quienes torturaban, juzgaban y dejaban a merced de los falangistas. Y éstos, cuando les parecía oportuno, conseguían sacarlos de la celda y fusilarlos. Si bien antes sufrían las consecuencias de un trabajo consistente en cargar sacos terreros para emplearlos como defensa de la fortaleza del Hacho. A quienes flaqueaban, durante el trayecto, les propinaban vergajazos hasta dejarlos eslomados.

Un día me enteré de que habían acabado con la vida de Antonio Parrado. No sin antes hacerle pasar las de Caín. Era Parrado una de las mejores cabezas pensantes del socialismo ceutí. Escribía bien y hablaba mejor. Ambas cosas le servían para destacar en su partido. Fue perseguido y se escondió en las cercanías de la playa de Benítez. Pero su suerte estaba echada. Su culpa era ser persona con ideas adelantadas a su época. Lo detuvieron meses más tarde y lo condenaron dos veces a muerte. Tenía veintitantos años y dejó mujer e hijo pequeño. 

La noticia me hizo acelerar las conversaciones con el patrón del barco que estaba dispuesto a embarcar a veintitantas personas necesitadas de huir a Tánger. Mis compañeros de la Central Nacional del Trabajo, además de reunir el dinero que nos faltaba para pagar el medio de transporte, me habían comisionado como única persona autorizada para entenderme con quien, amén de patrón, era también propietario del barco. Ya que cualquier indiscreción se pagaba con la vida.

Sobre mí recayó una carga muy pesada. Pero me animaba el saber que, pese a mi juventud, mis compañeros estaban convencidos de que habían elegido a la persona idónea. Partía, todo hay que decirlo, con la ventaja de la buena amistad que me unía al dueño del barco. Un pesquero que reunía muy buenas condiciones y a cuyo mando estaba un marinero experto y con agallas suficientes para correr semejante riesgo.

Cierto es que no fue fácil convencer al patrón y propietario. Debido a que el hombre no cesaba de exponerme los muchos problemas que la travesía podría acarrearle a su familia. Reconozco que hube de emplearme a fondo hasta hacerle comprender, con razonamientos adecuados a la situación que vivíamos, los peligros que él y los suyos correrían si no tomaban una decisión rápida. Y él, hombre de la mar pero listo y con la intuición bastante aguzada, llegó a entender que lo mejor era poner millas de por medio. Así que todo quedó preparado para navegar en el mes de diciembre. Hasta entonces, aún quedaban días que se me hicieron eternos.




lunes, 23 de noviembre de 2020

No es fácil ser periodista

Y mucho menos cuando se escribe en ciudades pequeñas. En La voluntad de José Martínez Ruiz -autor que luego adoptaría como seudónimo el apellido Azorín, personaje principal de la novela- leemos que la vida de los pueblos es una vida vulgar, una vida más clara, más larga y dolorosa que la de las grandes ciudades. Y Antonio Azorín piensa que el peligro de la vida de pueblo es que se siente uno vivir..., que es el tormento más terrible. 

De ahí que los prejuicios en los pueblos cristalicen con una dureza extraordinaria. Surgen las pasiones pequeñas. Y en vista de que la energía humana necesita un escape, un empleo, no puede estar reprimida y hace presa en las cosas pequeñas, insignificantes, y las agranda, las deforma, las multiplica... Y acaba razonando así: "He aquí el secreto de lo que podríamos llamar hipertrofia de los sucesos...". 

Estamos hablando de un pensamiento de principios del siglo pasado, pero que bien mirado, nos vale perfectamente para entender los motivos de muchas de las situaciones que vivimos en una ciudad pequeña, por sus escasos kilómetros cuadrados, como es Ceuta. No cabe la menor duda de que aquí, cual en muchos otros sitios, todos los hechos se juzgan mediante grandes dosis de exageración. Y tales hechos, si es posible, se mantienen en cartel hasta que la parte señalada con el dedo acusador, sienta el yugo opresor sobre su cuello y pida árnica o desaparezca por el foro. 

Yo he escrito durante muchos años en periódicos locales. Así que conozco de qué manera ciertas opiniones generan un clima enrevesado y aun peligroso para quienes opinan. Lo más leve que me ha ocurrido es que me dejaran de saludar personas que hasta entonces eran la mar de agradables conmigo. Y a la inversa. Circunstancias que difícilmente se producen en urbes grandes. Tampoco beneficia al opinante que la ciudad tenga ascendencia endogámica. 

Y me explico: sucede que de pronto te encuentras con que hay funcionarios que te han tomado el número y te esperan dispuestos a ajustarte las cuentas a la menor de cambio. Los hay emboscados, soñando con que se les presente la ocasión para molestarte hasta extremos insospechados. Incluso arriesgan lo indecible con tal de hacerte todo el daño posible. De ahí que escribir en esta ciudad, más que llorar, que dijo Mariano José de Larra, sea peligroso.  

Hace escasos días he leído cómo se ha tratado de denigrar a los profesionales de la pluma. Digo tratado porque no ofenden quienes quieren... Y tambien he quedado enterado de las respuestas de quienes se han sentido agraviados. La pena es que, salvo excepción, algunos de esos periodistas no dijeron ni mu cuando otros compañeros eran puestos en la Picota. Qué razón llevaba Albert Boadella cuando dijo: "Un político es un hombre al que no le gusta la crítica; por instinto será fascista".