Blog de Manolo de la Torre


Entrenador de fútbol, ha ejercido la profesión 19 temporadas. Escritor en periódicos,
ha publicado una columna diaria, durante dos décadas, en tres periódicos ceutíes.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Surgió Courtois


Thibaut Courtois, criticado agriamente desde que llegó al Madrid, evitó dos goles cantados nada más comenzar el partido. Debido a fallos estrepitosos de sus defensas. Fueron momentos en los cuales el equipo blanco volvió a demostrar que la debilidad de su sistema defensivo es alarmante. Menos mal que las intervenciones del belga pueden servirle a éste para que alce la cabeza y vuelva a ser ese guardameta que se erigió en figura indiscutible en la Premier League.

Aunque mucho me temo que si los defensas del equipo blanco siguen dando tantas facilidades a sus rivales, Courtois encajará goles y volverá a ser puesto en la Picota. Eso sí, nadie osará decirle a Sergio Ramos que falla más que una escopeta de feria. Cierto es que, en esta ocasión, Varane estuvo a la altura del 'Gran Capitán'. Tampoco Carvajal y Marcelo cumplieron con sus obligaciones. En fin, que los aciertos de Courtois hicieron posible la victoria que tanto necesitaba su equipo y Zidane.

El Galatasaray es un conjunto repleto de jugadores veteranos, respaldados por una afición extremadamente apasionada, cuyas perdidas de balón en el centro del campo son tantas como para que cualquier rival se aproveche de ellas. Y el Madrid, por medio de Hazard, aprovechó un desliz de Seri para hacerse con un balón que acabó enviando Kroos a la red. Corría el minuto dieciocho y el equipo turco las pasó canutas a partir de entonces. Tal es así que Hazard pudo sentenciar el partido cuando estaba en las mejores condiciones para marcar el segundo tanto.

Por consiguiente, triunfo incuestionable del Madrid. Pero que no debe conducir a engaño... Dado que el equipo de ZZ sigue concediendo muchas oportunidades de gol. En cuanto a jugadores destacados, conviene mencionar a Rodrygo. Cuya calidad es evidente. Pero también ha demostrado que está dispuesto a sacrificarse cuando toca correr hacia atrás. También Valverde va creciendo en todos los sentidos. Si bien no conviene que los comentaristas se excedan en glorificarlo por sistema. De Hazard hay que esperar mucho más. Lo dice quien le ha visto jugar innumerables partidos con el Chelsea.

En fin, ganó el Madrid en Turquía, cuando más lo necesitaba, y Zidane pudo respirar hondamente. Y, por si fuera poco, el PSG le ganó al Brujas. A eso se le llama matar dos pájaros de un tiro. No obstante, el Madrid sigue fallando defensivamente. Y eso es algo que se corrige trabajando mucho ese aspecto. Una labor táctica que los jugadores del Madrid parecen despreciar. Ese fue motivo, si mal no recuerdo, para que Benítez, en su día, fuera destituido. 











 

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lunes, 21 de octubre de 2019

El valor de la tecnología para los entrenadores


En 1972, si la memoria no me falla, un señor muy amigo de don Pedro Escartín me dijo que éste tenía interés en conocerme. Así que me sentí halagado y acepté la invitación. Viajé a Madrid y minutos antes de la hora prevista ya estaba yo pulsando el timbre de su piso en un edificio de la calle Hermosilla, número 22. Me hicieron pasar a su despacho y principiamos la conversación hablando de nuestro amigo en común. Un tipo extraordinario, llamado Tomás Osborne. Cuya pasión por el fútbol le costaba dinero.

De pronto, PE me preguntó cuál era la razón por la que había árbitros que se quejaban de mi comportamiento durante los partidos. Quejas que habían llegado a sus oídos... Y, en seguida, le expuse el principal motivo. Mire usted, don Pedro, a los entrenadores nos tienen enjaulados en una especie de concha, como la que usan los apuntadores en el teatro, y cuando decidimos salir de ese cuchitril para comunicarnos con nuestros jugadores, el juez de línea de esa banda llega a todo correr para amonestarnos de palabra; llamando, además, la atención del árbitro.

Válgame el introito para recordar que la zona técnica reservada para los entrenadores, en los años sesenta, setenta y ochenta, era un espacio desde el cual había que tener vista de águila para seguir el desarrollo del partido. Era preferible, al menos para mí, que ese espacio no tuviera techumbre. O bien que nos pusieran varias sillas de tijeras pegadas a un pequeño muro que nos separaba de un público predispuesto a darnos ... la tabarra.

A pesar de estar tan mal situados, había entrenadores que veían en un decir amén los errores de su equipo o las debilidades del adversario. Técnicos a los que se les escapaban muy pocos detalles de los que podían cambiar el curso del encuentro para bien de los suyos. Y actuaban con celeridad. Tomando las decisiones adecuadas para subsanar el problema. Ahí estaba y sigue estando el quid de la cuestión. Dado que si el entrenador carece de ese don, de nada le vale ocupar un sitio privilegiado en el campo y, por si fuera poco, rodeado de ordenadores y ayudantes que le van suministrando datos.

Sí, ya sé que no faltarán quienes me tachen de misoneísta. Que se aplica al que tiene aversión a las novedades. Pero no es mi caso... Ni creo que tampoco sea el de muchos de los entrenadores que ejercieron el oficio en las décadas ya reseñadas en los primeros párrafos. Ojalá hubiésemos podido contar con esos cachivaches tan modernos y donde se aprecia con exactitud todo lo que acontece en el terreno de juego para estudiarlo después de los partidos. Pero no durante el mismo.

Y me explico: ¿dé que vale contar con tantos y tan valiosos medios, manejados por varios ayudantes, si las decisiones del entrenador, si las toma, llegan tarde y erróneamente?  Yo sigo pensando que el buen entrenador debe estar capacitado para ver cuanto ocurre en el terreno de juego y sobre todo para enmendar los errores propios o los de cualesquiera de sus futbolistas. Máxime cuando, desde hace ya mucho tiempo, goza de un espacio privilegiado en el campo. Y tiempo tendrá de estudiar las imágenes grabadas.















domingo, 20 de octubre de 2019

Opiniones futbolísticas


Jorge Bernardo Griffa

En la previa del Atlético-Valencia celebrado ayer, Mónica Naranjo tuvo el buen gusto de hacerle unas preguntas a Jorge Bernardo Griffa. Una leyenda del fútbol argentino y del Atlético de Madrid. Sigue conservando Griffa, a sus 84 años, la misma prestancia con la que paseaba por la calle de Alcalá, con su pañuelo al cuello, tras haber estado en las oficinas del conjunto rojiblanco, situadas en una casa de la calle del Barquillo. En la cual olía, todo hay que decirlo, a meada de gato y a cocido madrileño. Corría la temporada 63-64 cuando los hermanos Báez -extremeños- me presentaron a su paisano Vicente Medina, futbolista del equipo colchonero. A Medina nunca se le caía de la boca el nombre de Griffa. De quien decía que siempre estaba presto a la ayuda de cualquier compañero. A pesar de que en el campo imponía su autoridad sin contemplaciones.

James Rodríguez

El colombiano nunca ha sido 'bienquisto' por parte de los medios deportivos. Nunca gozó de buen cartel, salvo raras excepciones, entre los plumíferos de la cosa. Ni tampoco contó con el beneplácito de Zidane. Si continúa en el Madrid es porque se han dado las circunstancias apropiadas para que ese hecho se haya producido. Pero su entrenador sigue mirándolo por encima del hombro. Hasta el punto de que la misión que le encomienda parece concebida para que James sufra lo indecible y no rinda en la medida que podría hacerlo como mediapunta. Es inconcebible que a un futbolista de sus condiciones física y técnicas se le haga jugar por la banda derecha en plan de subir y bajar como si tuviera siete pulmones. Teniendo a Odriozola, además, como defensa a quien hay que ayudarle constamente por sus deseos de atacar por sistema. James fue el único que tuvo clarividencia en el centro del campo en Son Mox. Eso sí, le achacan abulia defensiva en el gol del Mallorca. Pero se olvidan de que los centrales del Madrid y Casemiro no fueron capaces de bascular hacia ese lado. Y mucho menos se atreven a decir a voz en cuello que Ramos no está en su mejor momento.

Real Madrid Televisión.

Vi la previa del partido con el Mallorca en ese canal. A sabiendas, una vez más, de que quienes hacen el programa están obligados a cumplir con la línea editorial del medio. La cual no es otra que airear las grandezas del club y naturalmente del equipo. Nada que objetar. Pues así funcionan los medios de comunicación en todos los sentidos. Ahora bien, que echen mano del incensiario por sistema y de manera contraproducente no creo que ayude a mejorar la historia del mejor equipo del mundo. Verbigracia, ayer, cuando hablaban de las bajas habidas en el equipo, que eran muchas, inmediatamente nos recordaban que la plantilla era tan buena -y llevan razón- que Zidane podía permitirse el lujo de hacer un once con plenas garantías de éxito. Uno de los comentaristas quiso explicar de qué modo los jugadores elegidos por el entrenador se situarían en el terreno de juego y con qué misiones. Y pidió la opinión de Roberto Carlos. Y, quien fue tan extraordinario futbolista, respondió, más o menos, que tales jugadores no necesitaban lecciones tácticas de ningún tipo. Que bastaba  con que sacaran a relucir su categoría en el terreno de juego. Y así lo hicieron... La cual no fue suficiente. Pues fueron derrotados por un equipo en cuya alineación había seis jugadores procedentes de la Segunda División B.







  




El Madrid es sinónimo de desbarajuste


Hoy ha vuelto a demostrar en el Estadio de Son Moix que su desorganización es ya crónica. Que cada futbolista hace la guerra por su cuenta. Que no funciona como bloque. Y que todo lo basa en que surja un destello indivual para encarrilar los partidos. Tengo la impresión, insisto en ello, de que Zidane es de los que dicen: jueguen como ustedes saben... Y, claro, se produce el caos.

El Mallorca se aprovechó de la desconexión reinante entre líneas del equipo merengue. Y obtuvo el premio del gol en el minuto seis. Y, gracias al VAR, no subió al marcador el segundo tanto, debido a una falta de entendimiento entre Ramos y Milîtao. Lo único destacable del partido fueron los tres o cuatro pases precisos que dio James. Uno de ellos lo envió Benzema al larguero. Después de eso, poco más de nada. Hasta el punto de que el portero del mallorqueta tuvo un partido plácido.

Isco Alarcón fue el mejor ejemplo del desastre madridista. Volvió a jugar a su albedrío. Decidió ir de un lado para otro y sin hacer nada de provecho. Si a ello se le une la debilidad de Casemiro, quizá por el cansancio acumulado con su selección, resulta que fue James el único que le hizo frente al conjunto bermellón en el centro del campo. Zona vital. En la cual se cuecen victorias y derrotas. 

En cuanto a Vinícius, sería injusto negarle su desborde en carrera y su potencia. Pero sigue negado a la hora de acabar las jugadas. Vengo observando, y creo que los técnicos del Madrid ya lo habrán apreciado, que nunca mira el balón cuando lo golpea. De ahí que esté tan desacertado en esas acciones. Una pena... Pues el tiempo pasa y su crédito va menguando. 

Tampoco conviene echar en saco roto la nulidad de Jovic. Cierto es que juega poco y que cuando lo hace no recibe las asistencias necesarias. Aunque él muestra escaso interés en hacerse visible. Pasa tan inadvertido que en ocasiones cuesta lo indecible localizarlo. En cuanto a Odriozola,  jugador atiborrado de velocidad, voluntad y espíritu de sacrificio, conviene decir que siempre comete deslices fatales. El de hoy ha sido grave. Pues dejó a su equipo con diez cuando más lo necesitaba. 
 
En fin, que el Mallorca mereció la victoria frente a un Madrid que volvió a jugar sin orden ni concierto. De manera embrollada. Sin dominar el centro del campo. Evidenciando, una vez más, que su desorganización es ya crónica. Y es la que le hace jugar desorientado, confundido, ofuscado. Grave problema que no acaba de solucionar su entrenador. El Madrid, por tanto, es sinónimo de desbarajuste.