Blog de Manolo de la Torre


Entrenador de fútbol, ha ejercido la profesión 19 temporadas. Escritor en periódicos,
ha publicado una columna diaria, durante dos décadas, en tres periódicos ceutíes.
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sábado, 24 de febrero de 2018

Beatriz

Decido ponerme en contacto con Beatriz. En vista de que la última vez que me llamó fue para contarme su aventura con Laura. Y, claro, estaba deseando preguntarle al respecto. Tengo que confesarte -me dice- que la amistad entre mujeres es mucho mejor. Oh, no me interpretes mal, no soy lesbiana ni nada por el estilo, y sigo queriendo tener un hombre a mi lado, ya sabes, por razones económicas y sexuales. Pero creo que no me gustan realmente los hombres. Sencillamente, no son buenos amigos, cariñosos, como las mujeres.

Pero, si mal no recuerdo, querida Beatriz, tú me dijiste que Laura en el amor es poderosa como un animal. Y que no tiene un ápice de ternura. Y además no dudaste en confesarme que, a pesar de ello, te rendías a sus encantos. Vamos, que te volvía loca y que te dejabas seducir cuantas veces ella quisiera. Y que no te importaba convertirte en su esclava.

Y lo sigo manteniendo, Manolo. Y te explico: Laura me deja para el arrastre. Es una máquina de placer. Del primer manotazo me tira en la cama y yo me siento en mis glorias, y al primer empujón, loca. Pero loca de gritar sin parar, como si hubiera perdido la chaveta. Y a partir de ahí no soy dueña de mi persona. Y es ella la que impone su poderío. De modo que a mí no me cabe más que someterme a sus dictados.

Y así llevo desde que Laura regresó de su viaje a Perú. Y es que no me da la menor tregua. A veces deseo descansar, pero en cuanto oigo su voz a través del teléfono, me baja por el cuerpo una calor con ruedas como un coche, así de la garganta a los muslos, y, pun, la boca se me seca y los pezones se ponen en pie como dos lápices. Y cojo mi coche y cuando me doy cuenta ya estoy en la mansión de una señora que ha logrado hacerme suya.

En suma, querida amiga, que estás viviendo una aventura sexual que tú no esperabas.

Y tanto... Manolo. Y te lo dice alguien que ha criticado mucho el lesbianismo. Y ahora vivo sometida a los deseos de una mujer con la que sueño noche y día. A veces trato de hacerme la fuerte y digo para mí que no atenderé su llamada. Que me negaré rotundamente a verla. Pero nanay de la China. En cuanto suena el teléfono corro hacia él como una posesa.

¿Y que dice Laura de tus dudas?

Se ríe abiertamente. Porque sabe que me tiene engatusada. Que me sería imposible prescindir de ella. Que tiene sobre mí ese poder que le proporciona el conocimiento de mi cuerpo. Y hace conmigo lo que le da la real gana. En fin, que me ha conquistado... 













miércoles, 7 de febrero de 2018

Beatriz

Cinco de la tarde. Estoy en las musarañas cuando suena el teléfono. Pero la agradable voz de Beatriz me quita el nublado. Suena como suelen sonar las voces timbradas de felicidad. Y me digo para mí, porque creo conocerla ya lo preciso para intuirlo: lo suyo con Laura ha debido ser de dos orejas... Y no ando descaminado. Pues, tras los saludos de rigor, comienza a contarme lo ocurrido en la primera cita tenida con la anfitriona de la fiesta a la que acudió en compañía de su hermano y de su cuñada. En diciembre.

No necesito tirarle de la lengua para que Beatriz me ponga al tanto de que, habiendo regresado Laura y su marido de un viaje a Perú, recibió la llamada de ella a fin de invitarla a cenar en su casa. Así que ayer se presentó en el domicilio de la mujer que tuvo el valor de confesarle que estaba deseando besarla, cuando la fiesta reseñada estaba dando las boqueadas. Me dice que fue el marido de Laura quien la recibió. Por estar su mujer inspeccionando la labor de la cocinera. Cuestión de minutos.

Beatriz me describe al señor de la casa como alto, rubio, elegante, amable, y muy atractivo. Un hombre con estilo. Pronto apareció Laura. Y a mi amiga le dio la impresión de estar ante una diosa griega. Dada la perfección de su cuerpo. Entre bromas y veras accedieron al comedor. Y durante la cena hablaron de la estancia en Lima y de una fiesta extraordinaria compartida entre amigos. Eso sí, Beatriz se dio cuenta de que el marido de Laura estaba deseando ausentarse. Y acertó. 

-Laura, Beatriz, dijo PD en un momento determinado, estoy resfriado y el cuerpo me está pidiendo cama. Perdonadme, pues, que me retire. Aunque espero, Beatriz, verte mañana antes de que te vayas.

Laura, según sigue relatando mi amiga Beatriz, reflejó en su cara haber visto el cielo abierto. Y, en cuanto nos quedamos solas, tardó nada y menos en decirme que el postre nos esperaba en su dormitorio privado. Situado en un ala de la mansión. Y allá que emprendimos el camino hacia una morada que me cautivó desde que puse los pies en su interior. 

Me vi obligado, como no podía ser de otra manera, a preguntarle a Beatriz si el marido de Laura era consciente del porqué de su visita.

Y Beatriz me contestó que Laura le había dicho que sí. Incluso que fue más lejos. Verás, Manolo, Laura me contó que un día descubrió que a su marido le gustaban los varones jóvenes. Y, en vista de ello y para que el escándalo no repercutiera en contra de sus negocios, decidieron mantener las apariencias de matrimonio muy unido. Si bien acordaron también las siguientes medidas: las relaciones carnales entre ambos jamás volverían a producirse. Y, por consiguiente, cada cual podría irse a la cama con quien le apeteciera. 

Hablando de cama, Beatriz, cómo fue el primer encuentro...

-Mira, Manolo, no pretenderás que yo te describa con minuciosidad el cuerpo de Laura ni que te proporcione datos para que tú hagas una literatura fisiológica.  Ahora bien, de Laura debo decirte que en el amor es poderosa como un animal. Pero sin un ápice de ternura. Lo cual no impide que a mí me fascine el que me seduzca cuantas veces quiera ella.  







 











domingo, 28 de enero de 2018

Beatriz

Hola, Manolo, estuve en un tris de llamarte nada más terminar el Madrid-Leganés. Pero con la misma celeridad pensé en que estarías de un humor de mil demonios. Y me dije para mí: Beatriz, ve con cuidado, no vaya a ser que tu amigo te mande allá donde el viento da la vuelta. Que es el lugar donde él suele mandar a quienes tratan de tocarle los dídimos. Así que me abstuve de ponerme en contacto contigo. Hoy, en cambio, tras la victoria ayer de tu equipo en Valencia, sé que me permitirás decirte que el Barcelona marcha viento en popa y que yo lo estoy disfrutando de lo lindo.

Querida Beatriz, bien sabes, y si no yo te lo digo, que tú tienes licencia para presumir de tu barcelonismo y de paso recordarme  los muchos errores que ha venido cometiendo el Madrid desde que empezó la Liga Santander. Ahora bien, señora, podrías tú asegurarme que mi equipo no ganará la Champions League. Porque esa es la esperanza que nos queda a los madridistas. La única. Amén de que nuestro equipo gane muchos partidos del campeonato de la regularidad. Y a otra cosa, mariposa.

Mejor así, Manolo. Y yo te contaré lo que ha sido de mí desde que hablamos la última vez. Verás, mi hermano y mi cuñada se reconciliaron. Decisión que me ha colmado de satisfacción. Días atrás vinieron a notificármelo y de paso, en vista de que ellos gozan de muy buenas amistades en esta tierra, me pidieron que los acompañara a una gran fiesta dada por un matrimonio de sobrada influencia. Y debo decirte que acepté de buenas a primeras. Puesto que necesitaba darme ese capricho. ¿Te aburro?...

-De ningún modo, amiga. Todo lo contrario. Es más, estoy dispuesto a escuchar atentamente cuanto quieras contarme al respecto. 

-De acuerdo. Aunque trataré de resumir lo ocurrido. En principio, cuando mi familia vino a recogerme, mi cuñada me observó y no dudó en decirme que estaba segura de que en la fiesta todas las miradas se centrarían en mí. Que iba vestida de dulce. Y sus palabras me ayudaron a crecerme más aún de lo que tú bien sabes. 

-¿Dónde se celebró la fiesta?

-En una mansión a las afueras de la ciudad. El ambiente que reinaba era extraordinario. Y pronto, muy pronto, se nos acercó la anfitriona para darnos las gracias por la asistencia. Mi cuñada nos presentó y a Laura, que así se llama la rica del lugar, se le encandilaron sus ojos. Y yo adiviné lo que estaba pensando aquella señora cuarentona, guapa con avaricia. Alta, de cuerpo armónico, melena preciosa y con la que sabía jugar de manera sutil.

A partir de ese momento, y dondequiera que yo estuviese, sentía sobre mi cara la observación de sus ojos marinos. Esa mirada glauca que lo mismo puede ser fría como el hielo o tan ardiente como unos ojos negros como el carbón de las minas. En fin, para cumplir con lo prometido en cuanto a concisión, iré al grano. Cuando la fiesta estaba ya languideciendo, Laura se me acercó,  aprovechando que yo estaba sola en ese instante, para requebrarme en corto y por derecho de la siguiente manera: "Beatriz ardo en deseos de besarte...".

-¿Y qué...?

-Pues que acepté comer con ella en la primera quincena de febrero. En cuanto regrese de un viaje con su marido a Lima.

viernes, 12 de enero de 2018

Beatriz

Me dice que no me ha llamado antes porque ha estado de vacaciones en París. Y que las ha disfrutado muchísimo. Que fue invitada por una prima suya casada con un parisino y que ha convivido muchos días con amigos franceses. Que ha frecuentado restaurantes donde se come y se bebe de maravilla. Y que ha comprobado, con cierta extrañeza, que las familias francesas suelen hablar en la sobremesa de cuanto concierne a las relaciones sexuales como si tal cosa.

Un ambiente, Beatriz, en el cual tú te desenvuelves muy bien. Vamos, que estuviste en tu propia salsa.  ¿O no?...

Mentiría si te dijera lo contrario, Manolo. Ahora bien, como mujer soltera tuve buen cuidado de guardar las formas. Por cierto, le pregunté  a mi madre, que ya es asidua a tu blog, si había leído lo contado por ti en relación con la marquesa de X. Y me dijo que sí. Y, por supuesto, no dudó en recordarme que ella, antes de casarse y hasta después de casada, también era muy piropeada cuando caminaba por el centro de Salamanca. Menudo eran los estudiantes como para pasar inadvertida en aquellos años donde yo era un figurín de mujer, dijo mi madre.

Y metidas ya en conversación al respecto, mi madre sacó la lengua a pasear con nostalgia y con deseos evidentes de elevarme a mí la moral por mor de una gripe que me ha tenido varios días sin poder salir de casa. Todo principió ayer cuando me puse ante el espejo y comencé a verme defectos por los cuatro costados. Que si las bolsitas bajo los párpados, que si unas arrugas en el entrecejo, que si mis ojos habían perdido su habitual alegría, que si, a pesar del catarro, el culo seguía pareciéndome  una plaza de toros...

¿Se puede saber lo que respondió tu madre ante tu bajo estado de ánimo?

Se expreso así: Mira, Beatriz, deja ya de hacerte la doliente, que te conozco sobradamente y sé de qué pie cojeas. Verás, hija, mañana, en cuanto salgas a la calle, volverás a sentir la mirada de la gente en ese trasero que tú estás denostando sin razón alguna; pues bien sabes que cuando camines con esa naturalidad tuya, que te hace tan distinta, el personal quedará encelado como toro bravo persiguiendo el caballo del rejoneador de turno. Y hasta los habrá, incluso, que le echen valor al asunto, dado los tiempos que corren, y decidan piropearte aunque sea con la vista.

¿Y qué le dijiste a tu madre?

Le respondí con una frase hecha: pasión de madre... Y ella volvió a las andadas.

Beatriz, hija, creo que lo que buscas es que te siga regalando los oídos. Y hoy me coges de buen humor para hacerlo. Te cuento: Por más que el resfriado, la gripe o el trancazo que has tenido, te haya debilitado un poco, tu manera de sonreir seguirá siendo la misma que pone de tu parte a todos los componentes de cualquier reunión. El arte de sonreir es innato en ti. Y qué decirte de tu manera de coquetear. Eso es algo que haces como si tal cosa. Yo no sé si de manera consciente o inconsciente. Pero tus gestos, débiles, son tan perceptibles como agradables. Cautivas lo mismo arqueando una ceja, frunciendo el ceño, o mirando de frente, durante unos segundos, a quien lo que más desearía es que esa mirada se eternizara... Y, por si fuera poco, cualquier cosa que te pongas adquiere una prestancia que se mete por los ojos.

Frase

El coqueteo consiste en una serie de distintas normas de conducta, algunas conscientes y otras inconscientes.


















martes, 26 de diciembre de 2017

Beatriz

La llamé hace días para felicitarla las fiestas. Pero ha sido hoy cuando he podido hablar con ella. Cuando se lo digo, Beatriz no duda en responderme que ha estado con un amigo fuera de Salamanca y que se lo ha pasado en grande. -Manolo, hacía ya mucho tiempo que yo no vivía una aventura parecida. Es más, ésta ha superado a la que tuve en Ceuta. Que ya es decir.

Te cuento: hay una pareja amiga mía, los dos más jóvenes que yo, que habían decidido en un momento determinado preservar su matrimonio mediante una permisividad comprensiva. Antes que mentirse, traicionarse, "engañarse" en el verdadero sentido del término, tomaron la decisión de concederse unos momentos de libertad, permitirse unas escapadas más o menos placenteras.

Esas escapadas podían durar una tarde, una noche, a veces un fin de semana o una semana de vacaciones en solitario.  En este caso -lo supe porque ellos me pusieron al tanto del hecho en su día -fue el marido el instigador de este sistema y quien llegó a solicitar y obtener el permiso de su mujer para ir a jugar un rato fuera del tálamo nupcial.

Pues bien, el día 22 de este mes coincidí con el matrimonio amigo en la Plaza Mayor. Y entre copa y copa Jorge me tiró los tejos con la aquiescencia de su mujer. Jorge es seis años menor que yo. Y su mujer, Candelaria, diez. En fin, que al principio me lo tomé a broma. Aunque les seguí el juego. Y dos horas más tarde estaba yo pasando por mi casa a recoger las prendas precisas para pasarme dos día fuera de Salamanca con él. Ante la mirada complaciente de ella. Esto es, de Candelaria.

Pero antes de aceptar el compromiso no dudé en hacerle algunas preguntas a Candelaria, pese a que ya la pareja me había informado acerca del pacto y el porqué. Y aprovechando que Jorge estaba saludando a unos amigos, mi amiga me relató lo siguiente: cuando mi marido vino a proponerme lo de la permisividad comprensiva, yo vi el cielo abierto. Puesto que hacía ya dos años que yo se la estaba pegando con un jugador de fútbol.

En suma, Manolo, además de lo mucho que he disfrutado con mi amigo Jorge, he podido comprobar que las mujeres parecen mucho más dotadas para la doblez, que saben cultivar mejor que los hombres su jardín secreto... en secreto. En cambio, los hombres que se sienten engañados por sus esposas suelen precisar que ellos no se habían dado cuenta durante mucho tiempo. Incluso que lo habían descubierto por el chivato que nunca falta en estos asuntos.

¿Algo más que añadir a lo ya dicho, Beatriz?

Por supuesto que sí. Mira, Manolo, si el futbolista con quien mantiene relaciones Candelaria es mejor en el arte de amar que mi querido Jorge, que es todo un espectáculo..., yo soy capaz de todo por negociar con ella un encuentro con ese metegoles.











lunes, 18 de diciembre de 2017

Beatriz

Yo estaba convencida de que eras un hombre formal. Alguien que cumplía lo prometido. Y te quiero recordar que te comprometiste conmigo a ponerme al tanto de cómo te lo habías pasado -el día 14- en El Puerto de Santa María. Y sobre todo a contarme detalles de esa comida celebrada en el Real Club Náutico y en la que participaste con exjugadores y directivos de tu época como entrenador en esa tierra. Que es la tuya. Pero, dado que se te ha olvidado llamarme, he creído conveniente darte las quejas correspondientes.

Llevas razón, Beatriz. Y por tanto no caeré en la tentación de inventarme excusa alguna para tratar de eludir mi metedura de pata. Es más, ni siquiera se me ocurrirá decirte eso tan socorrido de que se me fue el santo al cielo. Así que espero que me disculpes y te cedo la palabra para que me preguntes cuanto creas conveniente acerca de cómo transcurrió la charla de sobremesa. La cual duró seis horas.  Tiempo más que suficiente para contar viejas historias, deshacer entuertos, recordar a los fallecidos y sobre todo para vernos cada uno en el rostro del otro. El mejor y más cruel espejo.


-Me imagino que a ti, por ser la primera vez que asististe a esa comida, y porque no te dejas ver mucho por la ciudad donde te nacieron, te dirían algo que te viste forzado a responder.

-Por supuesto. Hubo alguien que no se cortó lo más mínimo en decir que yo no podía negar haber hecho un pacto con el diablo. Tal vez porque mi condición física le parecíó estupenda...  Y pronto me vino a la mente algo que yo suelo recitar de memoria en relación con el demonio.

"A mí, particulamente, el demonio me parece un títere cachondo y zascandil, especializado en la persecución de damas estrechas. Habita, a lo que dicen, en las ardientes simas infernales y, por las noches, frecuenta los bailes y los paisajes umbríos y propiciadores del sobeo para animar a los jóvenes a acceder a la caldera hirviente por la vía rápida del pecado contra el sexto mandamiento".

Ni que decir tiene que afloró el cachondeo. Y un buen amigo y conocedor de mi manera de ser, licenciado en Farmacia por la Universidad de Salamanca, me pasó por debajo de la mesa el elixir adecuado para poder seguir los consejos del Arcipreste de Hita: "El hombre ha nacido para holgar y comer".

La risa de Beatriz me invita a pensar que se le ha pasado el disgusto. Y así es... Y además me pide que escriba un día sobre esas mujeres centenarias de las que le hablé el pasado verano en la playa de El Chorrillo. Repletas de entusiasmo y con el gusto por la vida recuperado.






lunes, 11 de diciembre de 2017

Beatriz

Me llama para decirme, como madridista que es, que no hemos tenido suerte en el sorteo de la Champions League. Que el París Saint Germain es un hueso duro de roer. Y que mucho se teme que esta temporada nuestro equipo deba conformarse con la conquista de cualquier trofeo menor. En fin, que mi amiga Beatriz parece que está decaída. Tengo la impresión de que a ella le afectan las fiestas que se aproximan. 

De pronto se me ocurre decirle que estoy leyendo Eva, la segunda novela sobre Lorenzo Falcó, escrita por Arturo Pérez-Reverte. Y, cuando voy a recomendárselas, Beatriz me dice que ella las ha leído ya. Y que se ha quedado prendada de Eva. ¡Menuda mujer!... Eva Neretva, sigue diciendo mi amiga la salmantina, no deja de ser un homenaje de mi admirado Pérez-Reverte a la mujer. Porque ya está bien de creer que las mujeres somos de una fragilidad manifiesta.

Llevas razón, Beatriz. Y pobre del hombre que no entienda que frente a las situaciones penosas, a los conflictos afectivos, a las rivalidades personales, las mujeres zanjan, reaccionan, actúan con tanta voluntad como valor. Mientras que los hombres vacilan, huyen, tergiversan... Y asimismo hay que reconoceros, además de la voluntad y el valor, una condición física inmejorable.

Me alegro de que penséis así. De que se acabó el viejo mito de la Dama de las Camelias. Que ya no nos veáis ni frágiles, ni evanescentes, sino mas bien robustas, duras ante el dolor, dispuestas a enterraros. Pero es bien cierto que nuestra resistencia física, este vigor femenino, despierta el más furibundo machismo en algunos hombres. Y, por tanto, sucede lo que sucede...

-¿Qué sucede?...

Entre otras cosas que la mujer ha cambiado. De decir no, esta noche no, cariño, me duele la cabeza. Ahora en la cama es el mundo al revés: las mujeres proponen y los hombres no disponen de recursos inagotables. Y semejante situación va generando dudas que se convierten en preocupaciones internas de los varones no preparados para soportar tamaña situación.

Beatriz, conocida ya de qué manera te atrae la figura de Eva, agente soviética capaz de matar y vivir siempre al borde del precipicio, y a la par sentirse mujer sensible y vigorosa en el lecho, se impone la pregunta: ¿no te  resulta chocante, en cambio, que Falcó, al margen de ser un canalla y de jugarse la vida como si tal cosa, se comportara en sus continuos aparejamientos con bríos de macho en celo, a  pesar de beber como un cosaco y de fumar de manera compulsiva?

-Mira, Manolo, a lo mejor es que la Cafiaspirina, a la que era adicto Falcó, tenía los mismos efectos que la actual Viagra.  Y nadie lo sabía.

Risas... y despedida.











domingo, 3 de diciembre de 2017

Beatriz

Me llama para ahondar en la herida que me ha dejado el pésimo partido jugado por el Madrid en San Mamés. Porque Beatriz es del Barcelona. Y no duda en decirme que esta temporada nos tocará sufrir de lo lindo a los madridistas. Incluso se atreve a vaticinarme que mi equipo ni siquiera logrará clasificarse entre los cuatro primeros de la Liga Santander. De modo que acepto su guasa para sonsacarle cosas relacionadas con su modo de vivir libremente. Y acierto.

Verás, Manolo, en la segunda quincena de noviembre, varias amigas decidimos pasar un fin de semana visitando pueblos del sureste salmantino, Fuimos a Béjar y subimos a Candelario. En Béjar se unió a nosotras un conocido de mi hermana con varios amigos suyos. Paramos en Guijuelo, también en Ledrada y nos encajamos en Baños de Montemayor. Pueblo perteneciente ya a Cáceres. Donde corrió el vino y la alegría.

De entre los varones que se sumaron a nuestra excursión en Béjar, uno clavó en mí sus ojos ojizarcos. Y pronto comenzó a tirarme los tejos de modo y manera que empecé a estar yo en mis glorias. Entre otras razones porque además de labia el tipo tenía un aquel capaz de hacerme temblar las piernas a la par que me recorría todo el cuerpo una calor abrasante. Así que en menos que canta un gallo le permití que me susurrara al oído lo que me haría si yo accedía a sus deseos.

-¿Qué pasó?...

-Que tardé nada y menos en rendirme a sus encantos...

-¿Y?...

-Que el desencanto fue enorme. Pues yo jamás había tenido que soportar un gatillazo de tal calibre. Y, claro, le he dicho a mis amigas que aún no me he recuperado de semejante agravio. Y ellas se han tomado el fiasco a cachondeo.

Mira, Beatriz, me vas a permitir que te cuente una historia de médicos que leí hace ya muchos años, acerca de una mujer que se quejaba de que su esposo hacía el amor con demasiada frecuencia, que nunca tenía bastante y que, finalmente le había causado angustia e inflamación. Esto había sido una evolución reciente, después de un matrimonio bastante neutral.

El médico sospechó de una especie de sífilis que causa priapismo. Llamó al marido y le hizo unas pruebas, pero no halló nada anormal. La mujer, entonces, observó que los excesos ocurrían en las noches cálidas, cuando el perfume del jazmín que florece de noche invadía su habitación. Habló de esto con su esposo, y una noche los dos salieron al jardín con tijeras de podar y cortaron el arbusto. Nunca más volvió a molestarla.

Beatriz, tras escucharme atentamente, me contestó con una celeridad repleta de deseos. "Ojalá fuera yo propietaria de una casa con jardín para plantar varios arbustos con jazmines. A fin de que el perfume invadiera mi dormitorio".

Y mi respuesta, para vengarme de la fobia que Beatriz le tiene al Madrid, fue la siguiente: a lo mejor te vendría como el anillo al dedo el hacerte con una maceta sembrada de jazmines de invierno para colocarla a partir de ahora en la mesita de noche cuando se te ocurra compartir el tálamo con persona de tu agrado. Por lo que pudiera ocurrir...

La salmantina me mandó allá donde el viento da la vuelta. Y, a renglón seguido, cortó la comunicación. Ojalá que nuestra amistad no se haya roto por contarle una historia que tiene visos de realidad. En fin, espero que pronto se le pase el enfado a Beatriz. Mi amiga.


domingo, 12 de noviembre de 2017

Beatriz

He visto en mi teléfono una llamada tuya y aquí estoy dispuesta a charlar contigo. Ah, si no te atendí en su momento fue porque he estado muy liada durantes los últimos días. Te explico, Manolo, mi hermana, algunos años mayor que yo, está a punto de separarse de su marido y he estado mediando entre ambos para que la ruptura no se produzca.

-¿Cómo es tu hermana?

Una tía que llama la atención. Verla andar es un lujo para la vista de hombres y mujeres. Camina toda telenda. Y cuando irrumpe en cualquier sitio todas las miradas convergen en ella. Cierto es que mi cuñado, la verdad sea dicha, tiene un aquel. Pero...

-¿Me puedes explicar qué significado tiene ese pero adversativo?

Por supuesto. Mi hermana, desde que tuvo a su segundo hijo, de lo cual hace tres años,  se convirtió en una mujer fastidiosa. Insoportablemente fastidiosa. Se le agrió el carácter. Y su marido pensó que semejante actitud sería un desequilibrio pasajero. Pero ella sigue protestando por todo. Y, claro, mi cuñado decidió un día pasar más tiempo del debido en la calle para no tener que soportarla.

-Una mala decisión. ¿No lo crees así, Beatriz?

Tal vez. Ya que ella, amén de seguir poniendo el grito en el cielo a cada paso, está ahora convencida de que él es un canalla que se la está pegando con otra. Y no hay día en el cual las discusiones no acaben convirtiéndose en bronca y en todo un espectáculo lamentable que no les conviene a ninguno. Máxime cuando la niña ya tiene edad para comprender y sufrir.

-¿Cuál es tu opinión acerca de tu hermana?

Me lo pones muy difícil, Manolo... Pero la verdad no tiene más que un camino: mi hermana se está comportando como una de esas mujeres que se creen "perfectas" y que se toman por santas y hacen vivir a sus hombres en el infierno en nombre de su perfección. Yo le he dicho a mi hermana que "la unica manera de que una mujer logre reformar a un hombre es aburriéndole tanto que él acabe perdiendo todo el interés por la vida".

La voz de Beatriz me aconseja  no seguir conversando. Aunque ella insiste en hablar del asunto. Y pronostica lo siguiente: mucho me temo que mi cuñado le haya cogido el gusto a las actividades extrafamiliares y hasta tenga decidido largarse de la casa alegando que desea conocer algunos años la paz antes de irse para el sitio de donde nunca se vuelve.




lunes, 6 de noviembre de 2017

Beatriz

Su llamada me sorprende aplícándome hielo en la muñeca izquierda. Concretamente en el nervio mediano.  Y se lo explico a Beatriz: el dolor se extiende entre el dedo pulgar y el índice. La primera vez que a mí me trataron de esa afección, el traumatólogo se refirió a ella como tendinitis. Luego, otro especialista la describió como síndrome del túnel carpiano. Se llame como se llame, la verdad es que ambos me infiltraron y he estado muchos años sin sentir la menor molestia.

Mi amiga salmantina, sabe de lo que le estoy hablando. Y no duda en decirme que semejantes molestias cambian hasta el carácter de quienes las padecen. Por consiguiente, Manolo, dejamos la conversación para otro día. Y le contesto que hablar con ella me apetece. Así que continuamos nuestra cháchara. Y lo primero que se me ocurre decirle es que muchos son los lectores que me preguntan por ella.

-¿Y qué respondes tú?

Que eres un producto de mi imaginación. Y tuercen el gesto. Porque, en realidad, ellos desean que existas. Y que sigas hablando bien de Ceuta en tu Salamanca. Y sobre todo han celebrado la suerte que tuviste al compartir el lecho de la felicidad con un caballa cuya virilidad -que no machismo- parece ser que hasta la Iglesia la está pìdiendo para la formación de los niños. También les gustaría saber tu edad...

-No te la diré, pues ya sabes lo que pienso al respecto: "Nunca hay que confiar en una mujer que confiesa su verdadera edad. Una mujer capaz de contarle eso alguien, lo es también de contar cualquier otra cosa".

Yo, en cambio, les he dicho que debes de andar ya en los treinta y tres. La cual es una edad muy atractiva para las mujeres. Incluso para quedarse en los treinta y tres durante años. Y asimismo he destacado lo halagada que te sientes cuando te hacen la corte. Precisamente, es en esos momentos cuando te vuelves irresistible. Aunque cada vez hay menos hombres que se atrevan a decir esta boca es mía...

-Y los comprendo, Manolo, los comprendo... A propósito: estoy saliendo con un hombre que, por lo que me cuenta y sé de él, representa al auténtico fracasado. Nada de lo que emprende, por interés que ponga en el asunto, le sale bien. Y a mí me chiflan esa clase de hombres. Pues suelen apoyarse en nosotras con un entusiasmo desmedido.








                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         





domingo, 29 de octubre de 2017

Beatriz

Mi amiga salmantina, a la cual conocí disfrutando de los baños en la playa de El Chorrillo, en el mes de julio, le ha cogido el gusto a llamarme cada vez que se reúne con sus amigas para comer y... charlar de cuanto les apetezca. En esta ocasión, lo primero que me dice es que las componentes del grupo, que suelen ser cinco, se han convertido en lectoras de este blog. Y decide no contarme más al respecto porque no desea regalarme el oído.

-¿Cuál ha sido el tema de  discusión durante la comida y, naturalmente, de la sobremesa, Beatriz?

Verás, Manolo, hoy me ha tocado a mí abrir plaza. Término que tanto usamos en esta tierra campera y taurina. Y lo he hecho relatando algo que tú me contaste mientras tomábamos el sol en la playa. Se trata de cuando los hombres hablan de las mujeres. Y lo expuse: "La diferencia que hay entre los hombres y las mujeres es que ellos hablan bien de ellas y las tratan mal, mientras que ellas hablan mal de ellos y los tratan bien".

-¿Cuál fue la reacción?

-Pues que se alborotó el gallinero. Y hube de rogar silencio para poderles contar el resto del asunto. Os cuento -les dije-: "Ellos nos reconocen muchas más cualidades que se atribuyen a sí mismos y no ahorran alabanzas sobre nuestros méritos y nuestros talentos. Es de creer que los hombres necesitan ese retrato embellecido para tranquilizarse sobre su propio valor. Puesto que viven y son amados por unos seres selectos, es indudable que ellos tienen que ser dignos de ser amados, o más bien, de ser admirados". 

-Y ¿qué?...

Hice una pausa para refrescarme la garganta y para ver si mis palabras habían despertado interés. Y comprobé que mis amigas estaban ávidas de saber más sobre la cuestión. Así que reanudé mi parlamento. La necesidad que tienen los hombres de pronunciarse así, tiene su fundamento: "Una mujer que tiene un mal marido es una víctima; un hombre que tiene una mala mujer es un ser lamentable·. Es lo que dicen ellos, según me dijo mi amigo Manolo. Quien seguramente lo había leído hace ya muchos años. 

Muy bien explicado, Beatriz. Y qué más puedes decirme de los comentarios habidos antes y después del almuerzo.

Pues que Charo, salmantina de ojoz azules, rubicunda, y con un cuerpo que hace a su paso volver la cabeza tanto a hombres como mujeres, nos dijo que su hermano Gabriel, que trabaja en Ponferrada, se hallaba en Salamanca y estaba deseando compartir un rato de tertulia con nosotras. Y le dimos nuestra aprobación. Nada más llegar, todas las miradas se posaron en él. Y debo decirte que aguantó impávido la inspección. Su atractivo lo tenía que completar con la labia. 


-¿Superó la prueba? 

Con matricula de honor. Fue abrir la boca y ponernos a todas... bueno, motivadas. Aunque pronto clavó los ojos en Marina. La cual es capaz de sentarse de un modo suelto y libre, relajado, y cuyos cruces de piernas superan incluso a los ya consagrados de Elisa Beni. Y dado que había un asiento libre a la derecha de Marina, Gabriel no dudó sentarse a su vera. 

A la hora de las despedidas, se le oyó decir a Gabriel que se había quedado prendado de la sexualidad que transmitía mi amiga. Consciente o inconscientemente. Y, por si fuera poco, se permitió decirnos que hay dos reforzadores positivos innatos para hombres y mujeres: la comida y el orgasmo sexual. Te juro que estuvimos a punto de sacarlo del restaurante a hombros.
















domingo, 15 de octubre de 2017

Beatriz

Llamo a Beatriz, con la que coincidí este verano en la playa de El Chorrillo, porque necesito charlar con alguien que tenga tan en su punto el cacumen para no caer en la tentación de ponerme otra vez a desbarrar contra la clase política y especialmente contra esa panda de catalanes independentistas que se dan golpes de pecho en el monumento de Luis Companys a fin de seguir medrando y sembrando la cizaña en toda España.

Beatriz responde a media vuelta de manivela y me saca de dudas acerca de lo que la salmantina piensa sobre cuanto viene aconteciendo en Cataluña. "Mira, Manolo, cada vez que veo en la televisión imágenes de Oriol Junqueras me acuerdo de Thersites; ese personaje de La Ilíada caracterizado por su fealdad y su crueldad. Da asquito verlo cuando camina con la panza, diez metros por delante de él. Y, desde luego, su mirada, por más que hago todo lo posible por contenerme, me produce un malestar inexplicable".  

Beatriz, ¿cambiamos de tercio si tú a bien lo tienes?

-Claro que sí. Porque además tengo que contarte algo de lo que se habló en una comida entre amigas, celebrada el martes pasado, y de la que formo parte. Y, como bien te dije en agosto, salen a relucir todos los secretos del tálamo. Y no me digas que tratamos de imitar a las féminas de Sexo en Nueva York. Puesto que entre nosotras reina más la verdad que cualquier tipo de romanticismo

Soy todo oído, querida salmantina.

-Verás, Manolo, el grupo está compuesto por cinco mujeres. Cuatro somos treintañeras. Y una aún anda en los veintitantos. Es una muchacha sencilla, sin coquetería, y  de carácter apacible. Candelaria, que así se llama, es también la más reacia a contar cuestiones relacionadas con el sexo. A pesar de que los hombres la suelen mirar de manera que a todas nos fastidia en extremo. Hasta el punto de preguntarnos ¡qué coño tendrá ésta que no tengamos nosotras!

La pausa que hace Beatriz, cuando toda mi atención está centrada en su relato, se me antoja eterna. Y trato de meterle prisa. Y yo me la imagino gozando por sostenerme en vilo. Lo cual forma parte del arte del saber contar las cosas.

Te explico, Manolo.  Candelaria, cuando la charla de la sobremesa estaba ya declinando, abrió la boca para decirnos que tenía que contarnos algo que le había ocurrido la semana anterior. Y a todas nos sorprendió esa declaración de intenciones por no ser habitual en ella. Y ni que decir tiene que sus palabras despertaron un interés desmedido. Así que reinó el silencio y todas las miradas se centraron en ella.

Y ella, esto es, Candelaria, fue al grano: Hace varios días me dejé llevar en volandas a la cama por un amigo que me había presentado mi hermano. Era la primera vez que yo me atrevía a dar ese paso. Y lo que pudo haber sido un momento inolvidable quedó reducido a un mal rato. Resulta que en el momento del orgasmo me desmayé. Experiencia que, según me han dicho, no es desagradable, pero que resultó aterradora para el compañero de cama, por no estar acostumbrado al fenómeno. 

¡Albricias! -grité yo-. Mientras Beatriz, que se reía a mandíbula batiente, trataba de explicarme el entusiasmo que había provocado la confesión de su amiga Candelaria.  

No me extraña que las mujeres como Candelaria, que las hay, si se lo proponen, puedan imponer su voluntad en esta tierra donde las alegrías del tálamo eran tan bendecidas por el mismísimo Arcipreste de Hita. 





martes, 19 de septiembre de 2017

Beatriz

Yo conocí a Beatriz en la playa de El Chorrillo y me tomé la libertad de escribir sobre ella el mes pasado. Dije que proyectaba cierto tipo de "cruda sensualidad" con su expresión corporal. Vamos que era mujer con un gran atractivo sexual. Luego comprobé que además de hablar bien decía cosas muy interesantes. Beatriz me puso al tanto de una mala relación que estaba a punto de hacerla perder el tino.

Beatriz hace ya varios días que regresó a Salamanca, su tierra. Y hoy me ha llamado por teléfono para decirme que sintió mucho no haberse despedido de mí. Y además de quitarle importancia al hecho, porque no la tiene, le pregunto si le han sentado bien sus vacaciones en Ceuta. Y me responde que se lo ha pasado de... bueno, te lo puedes imaginar. Lamenta, eso sí, no haber podido conversar conmigo en la medida deseada por ella.

En fin, Beatriz, que las semanas pasadas en esta tierra te han vivificado. De modo que el decaimiento con que llegaste ha pasado a mejor vida. Ahora bien, ¿podrías decirme cuál ha sido la terapia seguida para lograr semejanter revitalización en tan poco tiempo? Porque no creo que hayas encontrado al hombre o a la mujer de tu vida en un abrir y cerrar de ojos.

En principio, Manolo, debo decirte que Ceuta me ha causado una magnífica impresión. Me ha encantado recorrer sus calles, limpias como una patena, empapándome de su ambiente que va cambiando acorde con las horas. Pero creo necesario contarte algo extraordinario. El día antes de regresar a mi tierra estuve desayunando en una cafetería. La cual cuenta con empleadas muy atractivas. Menos una. Ésta no era fea. Puesto que no hay mujeres feas. La menos favorecida, como suele suceder, trataba por todos los medios de destacar entre sus compañeras. Echando mano de la ordinariez. Esto es, con grosería.

Pronto me di cuenta de que el motivo de su comportamiento era debido a que había un tipo joven que me miraba insistentemente y decidí, y no me preguntes por qué, no rehuirle la mirada. Incluso acabé mirándolo de arriba abajo con la incitación propia del momento. Es más, no dudé en sacar mi lengua para lamer mis labios. Y hasta crucé las piernas como mandan los cánones.

Yo notaba que la camarera ya reseñada, seguía pronunciándose con chabacanería y que sus ojos, que eran lo mejor de su cuerpo, parecían dos puñales dispuestos a herirme. Pero no sabía el porqué. Así que decidí abonar la consumición y emprender el camino hacia el hotel. Cerca ya de la plaza de África me di cuenta de que el hombre que me comía con la mirada en la cafetería me seguía como un perrito faldero. Y con dos palabras lo acogí en mi seno.

¿Y?

Pues que acerté plenamente. De verdad, Manolo, yo nunca he visto en la cama nada igual. El trabajo de ese hombre por abajo, en el talle y en los pechos, yo no sé qué arte se daba que era como si el desahogo no fuera un momento sino un cuarto de hora o media hora, con un sufrimiento entreverado y maravilloso, pero de los que te hacen gritar a voz en cuello. Y ahora viene lo mejor...: tan buen amante resultó ser el novio de la camarera ordinaria.