Blog de Manolo de la Torre


Entrenador de fútbol, ha ejercido la profesión 19 temporadas. Escritor en periódicos,
ha publicado una columna diaria, durante dos décadas, en tres periódicos ceutíes.
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martes, 20 de septiembre de 2016

Charlando con Ferrusola y Carretero

Transitar el centro de la ciudad es para mí una gozada a la cual no renuncio. Pero tal placer no sale de balde. Hay que frecuentar bares y meterse la mano en el bolsillo. Por consiguiente,  yo suelo hacerlo un día a la semana y procuro por todos los medios que semejante garbeo repercuta beneficiosamente en esta página. La cual, dicho sea de paso, sigue manteniendo el interés de muchos ceutíes. Gracias, pues.

Así se lo explico a Juan Ferrusola. Que me fue presentado hace la friolera de treinta y cuatro años en el Rincón del Hotel La Muralla y que hoy ha decidido pararse conmigo cuando nos hemos cruzado en la recoleta plaza de África. A Juan le ha podido la nostalgia. Y no se ha cortado lo más mínimo en contarme cosas relacionadas con aquel pasado. Y que yo he escuchado atentamente porque fue un pasaje de mi vida del cual guardo recuerdos imborrables.

De entre todos los personajes que ambos conocímos y tratamos en los años ochenta, hoy se ha impuesto hablar de José Villar Padín. Magistrado Juez de Primera Instancia e Instrucción y decano de los de Ceuta. Hijo predilecto de Ceuta y otros honores más que recibió. La última vez que don José Villar Padín y su entrañable mujer, Pilar, nos vimos fue en su casa de Alberto Bosch en Madrid. Me colmaron de atenciones y a los postres me lo pasé en grande con él hablando de la Ceuta de su alma.

Fue dejar a Juan Ferrusola y hallarme con Jesús Carretero. Quien no se cansa de hablar de fútbol. Hoy nos toca opinar sobre los problemas del Manchester United. Y le recuerdo que yo fui el primero que me atreví a decir que Pogba era un jugador sobrevalorado. Que el Madrid había hecho muy bien en no contratarlo. Y hasta le di la razón al hermano de Kroos cuando se expresó de tal guisa: "Si Pogba vale ese dinero mi hermano vale diez veces más".

 El Manchester United  peca de no tener organización. Mejor dicho: tiene una organización malísima. Pogba, como medio centro, es una nulidad. Y convendría adelantar su posición veinte o treinta metros. Cuando Mourinho acierte a componer un  medio campo constructivo, y sus laterales ataquen más y mejor, el trío Pogba, Fellaini e Ibrahimovic puede ser demoledor. Y, naturalmente, Rooney ya no está para desempeñar la misión de enlace con el delantero sueco.

A Jesús Carretero no le habría importado lo más mínimo el pasarse todo el día hablando de fútbol conmigo. Y a mí me gusta explicarle con minuciosidad muchos secretos desconocidos para él acerca de un deporte por el cual se pirra. Incluso me permito el lujo de decirle que aún estoy en las mejores condiciones para asesorar a quienes manejan plantillas de lujo pero tardan un mundo en tomar decisiones.


 

lunes, 19 de septiembre de 2016

Severiano Villa Fernández

Lo conozco desde hace mucho tiempo. Todas las mañanas, salvo excepciones, tengo la suerte de cruzarme con él. Siempre te recuerdo como directivo del Imperio de Ceuta, le digo. Pero Severiano Villa me responde que también actuó en el club como jugador. Eso sí, inmediatamente me aclara que él formaba parte del pelotón de los menos dotados futbolísticamente.

SV es un tipo que podría servir de ejemplo para los que no acaban de entender que ser agradable es lo más fácil del mundo. Y, aún más, su simpatía es tan natural como para adjudicarle un plus de distinción. Puesto que no existe en ella un ápice de afectación. También es afable, atento, educado. Y no sigo endilgándole más epítetos por hacerle caso al autor de Platero y yo: "Más de tres son excesivos".

SV es primo de Juan Manuel Villa Gutiérrez; ex jugador del Plus Ultra, Real Sociedad, Madrid y Zaragoza. Es el Villa que formó parte de la delantera de "Los Cinco Magníficos": Canario, Santos, Marcelino, Villa y Lapetra. Lo cual es algo que yo desconocía y de lo que me enteré anteayer hablando con Severiano en nuestro barrio.

Mi amigo SV es del Madrid. Y, por qué no decirlo, ha sido partidario de Iker Casillas hasta después de abandonar el club. No obstante, jamás perdió la compostura cuando yo le llevaba la contraria sobre la fiabilidad del guardameta. Lo cual evidencia su saber estar.

A veces, como el domingo pasado, cuando nos da por mirar hacia atrás nos acordamos de personajes como Antonio Tirado Antonati. Quien, empleando el fútbol como señuelo, trató que los chavales de Manzanera no emprendieran el camino equivocado, durante unos años terribles de drogas pululando por las calles.

También se nos viene a la memoria la incansable actividad futbolística de Francisco Galán Puertas, conocido popularmente por Paquirri. Dueño de un vozarrón con el que intentaba disimular su más que reconocida bondad. Y, por supuesto, sale a relucir el nombre de Eduardo Ayala. Cuya velocidad y centros medidos lo convirtieron en un extremo extraordinario.

De Eduardo Ayala, cuando Severiano me inquiere, le respondo que, además de haber sido un empleado del club para todo y a tiempo completo, fue mi mejor asesor cuando yo desempeñé el cargo de entrenador en la Agrupación Deportiva Ceuta. De ahí que mi estima por él nunca se haya debilitado.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Carreira, Deu, Román y González Bolorino

Elijo la mañana de este lunes caluroso de septiembre para cortarme el pelo en una barbería céntrica, pero dado que los clientes son muchos desisto de esperar y decido dar barzones por el centro de la ciudad. Y, cuando apenas ando cincuenta metros, me doy de bruces con Emilio Carreira. Debo decir que soy yo quien llama su atención con el fin de preguntarle sobre cuestiones que tengo asumido que no va a responder.

Emilio Carreira lleva ya mucho tiempo tratando por todos los medios de ser un político invisible. Aunque bien sabe él que eso nunca se hará  realidad. Debido a que su forma de ser en política  lo ha condenado a estar siempre en la cresta de la ola de cuanto concierne al Gobierno local. En esta ocasión, como en otras, intercambiamos palabras preñadas de ironía. Pero Emilio no suelta prenda.

Fue dejar a Emilio Carreira y tropezarme con Mabel Deu. La cual, como siempre, camina telenda. Aunque bien haría la consejera de Educación y Cultura en ser más accesible. Pues tengo la impresión de que la señora Deu decidió en su momento que hacer de Belinda es el papel que más le conviene. Craso error. Pues a ella le corresponde ser la señora Deu que a todos nos encandiló cuando fue presentada en el Partido Popular.

Susana Román. De ella me hablan mucho y bien, mientras yo presto toda la atención del mundo. Susana ha sido consejera de casi todo en el Gobierno presidido por Juan Vivas. Y ha sopòrtado con estoicismo todas las denuncias que ha ido recibiendo. Mujer discreta y responsable, parece ser que no está dispuesta a soportar más ser la cara del Gobierno con la cual se pueda jugar al abejorro.

Hago un alto en el camino en la Esquina Ibérica y allí está Manolo González Bolorino tomando el aperitivo. Y nos ponemos a pegar la hebra. A conversar sin descanso, vamos. Y no tenemos el menor inconveniente en recordar pasajes de nuestra vida que nos invitan a reirnos de nosotros mismos. Lo cual no deja de ser agradable y, por tanto, beneficioso para el riego sanguíneo.

González Bolorino y yo hemos vivido aventuras que, contadas ahora, tal y como se produjeron, podrían ser consideradas de ciencia ficción. En ocasiones, como hoy, no dudamos en recordarlas para comprender que lo que no mata engorda. Y, desde luego, para darnos cuenta de que lo último que debemos perder es la costumbre de vivir. Y en ello estamos...




 








lunes, 22 de agosto de 2016

Alberto G., Susana y Lolo

Lunes. Decido pasear las calles céntricas. En una de ellas, en la rotulada como Jáudenes, me cruzo con Alberto Gallardo y lo primero que se me ocurre decirle es que día llegará en el cual yo le haga su etopeya. Esto es, que trataré de describir su carácter, sus inclinaciones y sus costumbres. AG me mira fijamente y decide adoptar esa cachaza de la que echa mano cuando se siente bien en todos los sentidos.

Tras despedirme de AG, acudo presto a la Esquina Ibérica. Local que llevaba tiempo sin frecuentar. Porque en verano suelo desertar de mis hábitos. Y todo el personal del establecimiento me dice que me ha echado de menos. Susana López Ayala, empleada en la Esquina Ibérica, se me acerca para manifestarme que aunque no se me ha visto el pelo, durante mucho tiempo, ella sí ha sabido de mí porque es lectora de Aires de Ceuta.

Susana López Ayala es una lectora empedernida. A la que le gusta perder la vista leyendo biografías.  Y conversando ya sobre ese ejercicio tan difícil como es el de leer, no sé por qué yo le recomendé que se hiciera con un libro de Paul Johnson, titulado Intelectuales. Incluso le dije que me encantaría prestárselo. Pero que hacerlo me aseguraba su no devolución. Y ello supondría tener yo que perder su amistad.

Fue descender la escalinata que conduce desde la calle Jáudenes a la Avenida Antonio López Sánchez-Prados y darme de bruces con Manuel Díaz 'Lolo'. A quien la Consejería de Educación y Cultura, con la colaboración de la Asociación Amigos del Flamenco, le ha organizado un homenaje. El cual se celebrará el 16 de septiembre en el salón de actos del Ayuntamiento.

Y lo primero que hago es felicitarlo por ese homenaje de cariño y de respeto que va a recibir. Luego, como quien no quiere la cosa, le pregunto si tendremos la suerte de disfrutar de su cante. Y me responde que sí. Y aprovecho la ocasión para que me adelante los palos que va a tocar. Y Manuel Díaz 'Lolo' se acuerda de los fandangos de Vallejo y de cómo interpretaba éste la media granaina. No se olvida tampoco de las alegrías de Cádiz ni mucho menos del cante por bulerías.

En un momento determinado de la conversación, a mí se me viene a la memoria el cante tan gaditano por bamberas. Y le recuerdo la letra de esta copla popular, por si mi estimado Lolo tiene a bien interpretarla en su homenaje:

"La niña que está en la bamba
Es mi hermana y no pesa.
Que la quisiera tener
de corona en mi cabeza".

sábado, 20 de agosto de 2016

Amigos

Hace un año dediqué este espacio a escribir sobre personas conocidas, y en muchos casos amigas, bajo el título de apellidos locales. Y, claro, Luis de Cos formó parte de esa especie de diccionario casero. De él dije:

-Camina con la rotundidad de un joven roquero. Tiene mucho sentido del humor. Es del Real Madrid contra viento y marea y encima acostumbra a pagar sus copas y las de los demás con suma fecuencia. Luis fue un nocherniego durante mucho tiempo. Un hombre de la noche dispuesto a pasárselo en grande. Casi todos los martes coincidimos en los mismos establecimientos y recordamos tiempos pasados.

Fechas atrás, dado que hacía un mundo que no lo veía, pregunté por él a un amigo común. Y éste me dijo que Luis seguía pachucho. Pero que, debido al entusiasmo que siempre le ha caracterizado, parecía haberse venido arriba y que estaba mejorando con la celeridad que todos sus amigos deseamos. Así que no dudé en brindar por tan buena noticia.

Tampoco he olvidado, a pesar de que algunos contratiempos me han tenido algo más que distraído, a Mohamed Hamed Tafi. Aunque deseo que su restablecimiento, tras la operación a la que fue sometido, hace ya un año, se haya hecho realidad. Y sobre todo que siga teniendo la costumbre de vivir sabiendo que su carácter afable y afectuoso es muy apreciado por cuantos nos congratulamos de seguir gozando de su amistad. Espero, eso sí, ahora que he recuperado parte de mi tranquilidad, saber más sobre su proceso...

Andrés Domínguez. Escritor en periodicos. Y amigo desde hace la tira de tiempo. ADE y yo hemos compartido tarea en los mismos medios durante años y años. Lo cual nos hizo conocernos más y mejor. Mentiría si no dijera que los desacuerdos han imperado entre nosotros. Si bien tampoco es menos cierto que concluían con la misma facilidad que se producían.

Jamás, ni siquiera cuando yo estaba en desventaja, por situaciones engorrosas, se aprovechó. Hombre cabal, con gran capacidad de trabajo, mi amigo está pasando por un mal trance: ha perdido a la persona que más quería... Y yo me he enterado demasiado tarde. 


martes, 16 de agosto de 2016

Miscelánea

Visito a Pablo Guerra en su despacho de la redacción de Ceuta Actualidad. Y lo primero que hago es felicitarlo porque el periódico digital ha superado los 84.700 usuarios en julio. Lo cual no es cosa de poca importancia. Eso sí, tan excelentes datos obligan a Anselmo F. Caballero, su director y magnífico periodista, a impedir que nadie se duerma en los laureles. Algo que, conociendo a Anselmo, no se producirá. Entre otras cosas, porque tiene la gran suerte de tener muy buenos profesionales.

Callejeando por la ciudad me doy de bruces con José María Campos Martínez. A quien no veía desde hacía mucho tiempo. Así que anduvimos un trecho hablando. A mí siempre me ha gustado charlar con JMC. Incluso cuando los había que lo tildaban de estirado. Y es que yo entendí bien pronto que un señor licenciado en Derecho y Ciencias Sociales, lector empedernido, escritor y empresario relevante, era merecedor de suma atención.


En esta ocasión, y en vista de que la distancia recorrida ha sido muy corta, lo conversado ha dado para muy poco. Ahora bien, el hallarnos hoy me ha servido para recordar lo que José María me dijo cuando coincidimos con anterioridad: "¿Por qué no escribes libros sobre lo que has vivido?" Y creo que le respondí de esta manera: porque me lo impiden los artículos que escribo diariamente para salir adelante.

Pocos minutos después, y a la altura de el Mesón de la Dehesa, me paro con Julián Muñoz; el cual viene de frente en compañía de su hijo. Julián es un tipo que me cae muy bien. A quien aprecio, vamos. Y no me inquieran por qué... Y lo primero que hago es preguntarle por algo que le tuvo muy preocupado durante cierto tiempo. Ahora, tras haber superado el problema, lo cuenta con pelos y señales. Julián Muñoz, amén de empresario distinguido, ha conseguido, mediante la lectura, hacerse con una cultura notable. Me consta que se ha leído parte de la obra de Gustavo Bueno, recientemente fallecido, entre otras muchas.

Me doy mi vueltecita por el Hotel Tryp, antes de regresar a mi lar, ya que el calor aprieta de lo lindo. Menos mal que el viento de levante nos ha concedido una tregua para que todos recuperemos el tino. Y allí le doy palique a una recepcionista, siempre dispuesta, salvo si el trabajo se lo impide, a chacharear. A mí me gusta, debido a que la conozco desde hace tiempo, decirle que su cintura es tan breve como lo era la corona de Carlomagno. Y mi amiga, que es un encanto de mujer, lo acepta como un cumplido de quien jamás se pasó con ella de la raya del tercio que marca los límites del saber estar.

Luego, una vez cumplido el trámite del piropo aceptado, pues no está el patio para requiebros indeseados, mi amiga saca a relucir el daño que está haciendo el levante en los chiringuitos de las playas gaditanas. Y a mí se me viene a la memoria el levante, levantera y levantazo. Tres denominaciones para medir y expresar la fuerza del viento dominante en esa zona.

Ni que decir tiene que el levantazo es el no va más de un aire en movimiento capaz de cambiarle el carácter a la persona más centrada. "Ya saltó el levante". Y los gaditanos, inmediatamente, le echaban las culpas a los antiguos seminaristas que habían salido a pasear el jueves y traían tan mala suerte que al día siguiente había una levantera enorme... (El habla de Cádiz).

La risa de mi amiga, con una cintura tan breve como la corona de Carlomagno, tampoco es para pasarla por alto.


miércoles, 10 de agosto de 2016

Conversaciones en la calle

El martes pasado, a esa hora vaga de mediodía, coincidí con Antonio Gil, ex secretario general de la FETE-UGT de Ceuta, y nos pusimos a charlar muy cerquita del Hotel Ulises. Conversar con AG es siempre motivo de satisfacción para mí. En esta ocasión, nos dio por hablar sobre el rencor. Al cual conviene vigilar por ser un comportamiento tóxico. A mí se me ocurrió decir lo siguiente: lo mismo que hay un alimento para reducir el colesterol malo, debería haber otro para impedirle al rencor que se convierta en odio.

También la soberbia salió a relucir en nuestra charla. Ese orgullo desmedido al cual solemos recurrir para sentirnos por encima del otro. La arrogancia, mezclada con desencuentros personales, produce, por ejemplo, que los señores Rajoy y Sánchez no quieran entenderse. Y en sus desencuentros no juegan solamente las discrepancias políticas, sino que dan muestras evidentes de odiarse cordialmente. En este caso, el encono entre ambos no deja de ser una auténtica tragedia personal y política. Porque fractura la vida de los ciudadanos.

Despidiéndome estaba de AG cuando me abordó Juan Domínguez-Berrueta de Juan: Magistrado Juez de lo Social. A quien conocí recién llegado él a la ciudad. Por los años de... bueno, muchos años. Tuve la suerte, además, de tratarlo para darme cuenta de que su carácter especial, mezcla de timidez y un gran sentido del humor, está revestido de una cultura amplisíma. La cual esparce en el ambiente como si tal cosa.

Don Juan, tan afable como siempre, me puso al tanto de que se aproxima la hora de dejar Ceuta. Y que, por motivos familiares, le tocará residir en Ponferrada. Y, antes de que yo dijera ni pío, se expresó de la siguiente manera: "Me he acostumbrado a residir en esta tierra y la echaré de menos cada día. ¡Qué hago yo, Manolo, después de tantísimos años viviendo en Ceuta, yéndome tan lejos de ella!".

Nos dejará, cuando llegue su momento, un hombre de gran valía.

Tras las palabras de don Juan encaminé mis pasos hacia la calle Jaudenes. Y en ella hallé a Alberto Gallardo. A quien yo hacía pasando unos días en la Península. Pero me dijo que algo imprevisto le había hecho regresar a Ceuta. Eso sí, mi amigo ha vuelto luciendo tipo. Se le nota que está cumpliendo, con disciplina espartana, la tarea encomendada por su preparador físico.

En fin, que llevaba casi dos meses sin ver a mi amigo. Sí, mi amigo. Palabra que yo suelo usar con cuentagotas. ¿Pasa algo? Y aprovecho la ocasión, por más que a él no le haga mucho tilín, para contarlo en esta plaza pública.






viernes, 5 de agosto de 2016

Con Ariana en San Antonio

Todos los años, a principios o a mediados de agosto, me suele llamar la viuda de un amigo con quien compartí momentos extraordinarios en Ibiza. SG  llegó a la isla para trabajar en un hotel, avanzados los sesenta, y se quedó allí para siempre. Los veranos de Ibiza han sido siempre el destino preferido de muchas familias andaluzas para trabajar y ganar unos dineros con los que poder vivir decentemente durante las demás estaciones en el pueblo de nacimiento.

SG llegó formando parte de un grupo de parientes y amigos de un mismo pueblo y tuvo la suerte de casarse con un empresario balear y la vida le cambió por completo. Yo conocí al matrimonio nada más aterrizar en el aeropuerto de Es Codolar. Creo recordar que fue en noviembre de 1971. Y a partir de ese momento se fue forjando nuestra amistad.

Hoy he estado hablando con ella y me ha puesto al tanto de cómo por culpa del precio abusivo de los alquileres los trabajadores andaluces por temporada han decidido regresar a sus lares. Lamentable situación, propiciada, según ella, por un un turismo que acapara todas las viviendas aunque tengan que pagar precios muy elevados.

Ni que decir tiene que mi conversación con SG  acaba siempre por hacerme recordar los mejores momentos vividos en Ibiza. Y antes de ponernos tristes, que solemos ponernos, no tenemos  ningún inconveniente en despedirnos hasta el verano próximo, si no hay motivo que demande volver a las andadas. Eso sí, este verano nos ha tocado hablar de mi sitio preferido: San Antonio. Y le he contado la siguiente historia.

En San Antonio vivía yo más que bien. Había buenos hoteles, clubes nocturnos, música a discreción e infinidad de caras bonitas. La población flotante la integraban en verano gentes de todos los países del mundo. Y en las arenas de sus playas florecían los lirios. Lo cual era un espectáculo tan sorprendente como digno de admiración.

SG sólo me interrumpe para decirme que mis ratos de ocio en San Antonio son los que me daban fuerza suficiente para hacer de la S D Ibiza un equipo ganador.

A mí sus palabras me hacen reír. Pero le pido, dada nuestra amistad, que me permita continuar.

En San Antonio, en uno de los paseos conducentes a los primeros tramos del puerto, bajo los árboles, se extendían las terrazas de los cafés y destacaban muchas y bulliciosas tertulias. Una amiga mía, francesa ella, y profesora por ser políglota, siempre me decía que aquellas terrazas eran un calco de las parisinas. Donde las gentes tenían tiempo para sentarse en los cafés y charlar. Tiempo para seguir sentados, después de la cena. Y tiempo para mirarse sin tapujo unos a otros.

Ariana, que así se llamaba mi amiga, fue la primera que me habló de la diferencia que hay entre los hombres  y las mujeres mientras disfrutábamos de una noche veraniega en San Antonio.

-Mira, Manolo, la diferencia que hay entre los hombres y las mujeres es que ellos hablan bien de ellas y las tratan mal, mientras ellas hablan mal de ellos y los tratan bien.

Ante mi negativa, Ariana, en un alarde franqueza, habló así:

Sabido será por ti, Manolo, puesto que es la comidilla de toda Ibiza, que yo mantengo relaciones con un señor perteneciente a una rica familia del lugar. Y, cuando nos vemos,  raro es que no me hable de lo mucho que vale su mujer. De lo encantadora que es. De cómo se desvive por sus hijos. De cómo lleva las riendas de la casa... Hasta que, llegado un momento, me veo obligada a cortar de raíz su perorata.

-Por qué, Ariana, por qué...?

Porque mi amante, que tiene su encanto, no deja de ser un tipo que no cesa de darse pote todo el día. De recrearse en su buena suerte. Por tal motivo, le reconoce a su mujer, en este caso, muchas más cualidades que las que él tiene. Ese retrato que hace de la mujer, ante mí, le vale para dejar claro que si él es amado por una mujer modélica es, sin duda, porque él lo vale. Y, por tanto, debe ser digno de admiración.

Y Ariana, parisina políglota, ciudadana del mundo y enamorada del amor, resumía lo hablado de manera contundente: Esta necesidad de valoración es muy corriente en los hombres: Una mujer que tiene un mal marido es una víctima; un hombre que tiene una mala mujer es un ser lamentable. Manolo, creéme que así lo pensamos casi todas.

SG, mi querida amiga, que me había escuchado atenta y pacientemente, me respondió que Ariana era una mujer de ideas muy avanzadas.













sábado, 9 de julio de 2016

De cháchara en El Chorrillo

Voy de mañana a la playa de El Chorrillo. Aunque el sol ya pega de lo lindo y el agua invita a darse el primer baño. Que es lo que hago. Pronto llega una señora y se dirige a mí para decirme que a ver si le recuerdo al encargado del servicio de mantenimiento del mobiliario -playero- que no funciona la lámpara de la caseta donde solemos cambiarnos de ropa los bañistas. Vamos, que no se ve tres en un burro.

Le digo a la señora que cumpliré su deseo. Aun a sabiendas de que tales avisos no suelen ser bien recibido por quienes dirigen el cotarro de la cosa. Y la señora tardó nada y menos en responderme de tal guisa: "No sabía yo, De la Torre, que andaba usted tan bajito de ánimos en estos momentos. Aunque algo me habían dicho al respecto. En fin, haga usted  lo que crea conveniente...

Ni que decir tiene que las palabras de la señora fueron como un rejonazo en todo lo alto. Pero ni ella me dio la oportunidad de responderle ni tampoco a mí me pudo el deseo de hacerlo. No obstante, una vez más me cercioré de que las mujeres zanjan, reaccionan y actúan con celeridad.

Menos mal que pronto hizo su aparición en escena alguien con quien vengo pegando la hebra todos los fines de semana. Alguien a quien llevo saludando por la calle desde que desembarqué en Ceuta para quedarme. Que ya ha llovido. Pero que sigo sin acordarme de su nombre. Y a mí me da mucha lacha preguntárselo. Yo sé que se va a reír de lo lindo cuando me lea. Pero...

En fin, la conversación de hoy ha  discurrido sobre las posibilidades que tuvo un hijo suyo de llegar a ser un futbolista de categoría. Y puestos a charlar acerca de un deporte que sigue acaparando la atención de medios y aficionados, por encima de todos los espectáculos habidos y por haber, mi interlocutor desea saber cómo es posible marcar a Griezmann, la estrella de la selección francesa, en esa posición que ocupa como delantero centro falso o flotante.

Y decido contarle lo siguiente: Carlos Iturraspe, entrenador del Valencia, con quien mantuve en su día muy buenas relaciones, fue consciente de que para no caer derrotado ante el Madrid, del mejor Di Stéfano, había que anular a éste. Una misión que parecía imposible. Pero CI decidió sacarse de la manga una acción táctica tan arriesgada como extraordinaria y novedosa.

En vista de que Alfredo Di Stéfano no era un delantero estático, prescindió Iturraspe de un central y puso a un medio volante marcando a la Saeta Rubia. El jugador elegido fue Mangriñán. Anulada tan grande figura, el Valencia se impuso en Chamartín por dos a uno.

Pues bien, aunque Griezmann no es Di Stéfano, el seleccionador portugués, Fernando Manuel Costa Santos, tiene en sus manos la posibilidad de atar en corto a un jugador que está, actualmente, tocado por los dioses del fútbol. ¿Cómo?... Pues haciendo lo mismo que hizo Carlos Iturraspe en la temporada 1954-1955.





martes, 15 de marzo de 2016

Pegando la hebra por el centro de la ciudad

Coincido en un bar de copas con Manolo Marfil y su familia. Y, como siempre, me lo paso en grande. Hablamos de tiempos pasados y acabamos recordando los momentos vividos en el Britania: Pub situado en la plaza de Azcarate. No en vano uno de sus propietarios era su hermano Juan de Dios. El Britanía fue en los años ochenta lugar de cita de las noches de Ceuta. Buena música, buen ambiente... y, por tanto, se había ganado el derecho a ser el local ideal para olvidarse de los problemas diarios.

Dejo a Manolo Marfil y encamino mis pasos hacia un hotel céntrico. En él está Fernando Ramos Oliva, consejero de Juventud, Deporte, Turismo y Fiestas,.comiendo con el director del establecimiento. Y, tras los saludos de rigor, le cuento cosas que yo creo ha de saber. Pero no debieron gustarles, o yo no me supe explicar, puesto que sus bostezos no tuvieron solución de continuidad. Menos mal que yo entiendo que haya personas capaces de creerse tan importantes como para hacer del abridero de boca su seña de identidad. Aunque yo le recomiendo a FR que se ponga en tratamiento para evitar tamaña somnolencia.

Yo mantengo muy buenas relaciones con Antonio Gil, secretario general de la UGT en Ceuta. Y no dudo en charlar con él cada vez que nos cruzamos por la calle. Hoy le he pedido su opinión sobre la huelga de la basura que se avecina. Y no se ha cortado lo más mínimo en decirme lo que pìensa al respecto. Hemos coincidido en casi todo. Me cuenta, además, que las partes han estado reunidas algo más de cuatro horas. También me he permitido recabar su parecer sobre Francisco Mur, presidente del Comité de Empresa de Trace, y AG, con muchos años de vuelo, me ha dado una larga cambiada.

Quico Martel. Nuestra amistad data de antiguo. Nos presentaron en 1982. Y poco tiempo después, estando yo tomando una copa con Martín, notario de la ciudad, en la barra de la cafetería del Hotel La Muralla, se sentó al piano que había en la sala de estar del establecimiento y nos deleitó con su arte. Quico ha sido siempre un artista en todos los sentidos. Amigo de sus amigos, yo podría contar actuaciones suyas que avalan su integridad. Hoy, a esa hora vaga de mediodía, lo he visto paseando con su perro. A propósito: su amor por los animales demuestra que su alma está a pleno rendimiento.

A Luis Parrilla -constructor cordobés,  a quien le profeso amistad, y que lleva ya la tira de tiempo trabajando en la ciudad- me lo encuentro en la calle y, tras saludarnos, va y me dice que a nadie, nada más que a mí, se le ocurrió decir meses atrás que Lucas Vázquez era un jugador extraordinario para el Madrid. Y a partir de ese momento hablamos de cómo el fútbol está en las manos de los representantes de los jugadores y de ciertos periodistas. En el mundo del fútbol sobran los 'sobrecogedores'. No tienen sitio. Por algo tan sencillo como es que la televisión nos permite ver las mentiras que nos cuentan tanto narradores como glosadores.

lunes, 14 de marzo de 2016

El imaginero sevillano

La Semana Santa está ya a la vuelta de la esquina. Y una vez más me acuerdo de dos personajes con quienes intimé cuando, habiéndolo vivido todo, se podían permitir el lujo de elegir a sus amistades. Francisco Amores López  (Paco Amores) y Joaquín Amador García (Quinín) fueron amables y generosos conmigo en grado sumo.

Al primero lo conocí ya de vuelta de Sevilla, donde había sido maestro de la entrevista en el ABC;  género de máxima consideración entonces. Y al segundo tuve la suerte de tenerlo como compañero en El Periódico de Ceuta. Ambos eran capaces de pregonar con brillantez sobre la Semana de Pasión. Y a ellos va dedicada la historia del imaginero sevillano.

Una noche, de los años 70 del siglo pasado, cenando en "La Costilla", restaurante de Rota, con Beni de Cádiz, su hermano Amor y Pepe Jiménez 'Bigote', hubo momentos en los que me vi precisado a pedir tiempo muerto, como si fuera entrenador de baloncesto, para recuperame del esfuerzo que me causaba la risa continua a la que estaba siendo sometido por un trío de humoristas indecibles.

Fue una cena inolvidable, en noche veraniega, la vivida con tres personajes cuyas experiencias, en los años duros de la postguerra, llevaban el sello de la mejor picaresca española. La gracia de El Beni, la teatralidad festiva de su hermano Amor y los desplantes de ira falsa, en las batallas contadas por Bigote, suponían el mejor antídoto contra la tristeza y contra cualquier atisbo de angustia o depresión.

Casi al final de la velada, y cuando parecía que nada quedaba ya por oír, se habló de la doble moral y salió a relucir la historia de unos amigos sevillanos del trío, que me era ajena. Se trataba de la amistad entre un director de banco y un tallista. Un artista hacedor de imágenes y muy popular en la capital hispalense. Fue Amor, tras pedírselo Bigote, quien la contó.

El director de banco, recién elegido hermano mayor de una cofradía, se dedicó a pedirle a su amigo, machaconamente, que le tallara una virgen para lucirla en Semana Santa. El artista le respondió que estaba saturado de trabajo y que, por tanto, le era imposible aceptar su encargo. La insistencia y la amistad obraron el milagro y la imagen cobró vida.

Al cabo de dos años, el imaginero presentó la factura. Y viendo que pasaba el tiempo y que su amigo, el director de banco, se hacía el sueco, le preguntó por la causa del impago. La respuesta no se hizo esperar: "Mira, amigo, como director de banco jamás incumpliré ningún compromiso adquirido. Pues mi honradez en el empleo es harta conocida. Pero como hermano mayor de la cofradía de..., te digo que no te pagaré porque la hermandad carece actualmente de dinero y nadie se quiere hacer cargo de la deuda contraida por mí".

El imaginero, hombre corpulento y sensible, le midió las costillas al amigo y director de banco. Lo sucedido se propaló por toda Sevilla y, al parecer, el banquero fue trasladado, por impopular, a otra ciudad. He aquí pues, la forma de actuar que tienen muchas personas, acomodando sus decisiones al cargo que ostentan y nunca al deber moral. En lo contado por Amor, hermano de El Beni de Cádiz, está claro que el director de banco era una persona capaz de engañar al lucero del alba.

 Era, sin duda, un sujeto nada fiable, oculto tras un cargo de director. Un puesto que infundía confianza suficiente para atrapar incautos y, luego, hacerles la trastada. Lo de la doble moral es algo que nunca pasa de moda. Lo mismo que el andar por la vida valiéndose de las actitudes imprecisas o vagas. Lo que conocemos por medias tintas. Una forma de ser que ni siquiera está bien vista en ese saco roto de la política donde dicen que caben todas las malas acciones.




jueves, 11 de febrero de 2016

El abrazo de Guillermo Cherino

Nunca me cansaré de decir que el centro de Ceuta es el mejor lugar de encuentro. Lástima que las baldosas de sus calles hayan ocasionado -y lo que te rondaré, morena- tan desgraciadas caídas como para que reine el miedo cerval entre los viandantes. "Yo me muero de miedo cada vez que salgo". Es lo que me estaba diciendo una señora, a la cual conozco desde hace la tira de tiempo, antes de despedirme de ella para ponerme a pegar la hebra con Enrique Jiménez Ortigosa -alias Quique- y con Mohamed Ali Amar, conocido como Nayim. Ambos pasaban en ese momento junto a nosotros. El hecho ocurrió el lunes pasado, y no me ha sido posible referirme a él hasta hoy.

Apenas comenzada la conversación con Nayim y Quique, referente a los errores cometido por el Madrid en Granada, se unió a nosotros, por sorpresa, Guillermo Cherino; jugador popular entre los populares y más querido en la Agrupación Deportiva Ceuta, durante muchas temporadas. Yo tuve el placer de entrenar a Cherino y hasta la oportunidad de enfadarme con él. Por una razón muy sencilla: la amistad entre entrenador y futbolista está siempre abocada a acabar como el rosario de la aurora. Nuestro desencuentro, en su día, no había tenido hasta ahora la oportunidad de resolverse con un abrazo. Y éste se produjo el lunes de marras. Gracias a la bonhomía demostrada por GCH.

Ni que decir tiene que mi alegría por el comportamiento de Guillermo Cherino fue enorme. Y encima, como si no hubiera sido bastante premio su abrazo, que ya evidenciaba su hombría de bien, no tuvo el menor inconveniente en regalarme el oído..., siendo Nayim y Quique testigos del hecho. Pero qué verdad es que la alegría del pobre dura lo que dura. Pues Cherino nos comunicó que hacía nada y menos que se había enterrado Manuel Gallardo 'Nolete' -ex jugador de fútbol-, padre de Jose Manuel Gallardo 'Pirri'. Con quien he compartido muchos años en los medios de comunicación. Y con quien he logrado llevarme más que bien, gracias a su manera de ser, incluso cuando discrepábamos.

Espero ver a José Manuel Gallardo, cuanto antes, para expresarle mi más sincera condolencia.


domingo, 25 de octubre de 2015

Mirando hacia atrás

Fue un director de cine español, cuyo nombre no recuerdo, el que bautizó como "los felices sesenta" a una época que viví yo intensamente donde había que vivirla: en Madrid. Tampoco Barcelona era inferior entonces para quienes salían de provincias buscando hacerse un sitio en cualquier actividad. En el Madrid de los años sesenta, bien es verdad que seguía siendo imposible amarrar los perros con longanizas; pero se disfrutaba, lógicamente, de muchas más oportunidades de trabajo que en los pueblos.

En mi caso, debo decir que pronto tuve la suerte de poder llevar un tren de vida por encima de lo aceptable. De manera que podía permitirme el lujo, entre otros varios, de tomar el aperitivo en la 'Cafetería Bar Recoletos'. Establecimiento con precios prohibitivos para los tiesos que no supieran arrimarse al costillaje de quienes solían manejar una pasta gansa.

En aquel Madrid, donde todavía Di Stéfano mandaba tela marinera -aunque jamás, a pesar de que había asumido bien pronto el casticismo y la pose de los "manolos", se salió de madre-, había periodistas que escribían de dulce, teniendo a lo sumo hecho el bachillerato elemental. Y no todos. Periodistas que desfilaban por el paseo de Recoletos, y se adentraban en la cafetería de moda, con el único fin de aliviarse el gaznate gracias a la invitación de los conocidos pudientes que estuviesen en la barra. De no ser así, tenían la certeza de que el propietario, Luis Elices Cuevas, no les dejaría marchar sin nada que llevarse a la boca.

En la Cafetería Bar Recoletos conocí yo a no pocos profesionales de la prensa que hacían entrevistas a personajes famosos que ni siquiera habían pasado por la sala de tránsito del Aeropuerto Madrid-Barajas. Periodistas que lampaban por ser invitados a cualquier cuchipanda para ahorrarse el gasto del menú de taberna y encima, cuando les era posible, llevarse los canapés sobrantes para la cena.

De aquella época, créanme, los hay que hasta hace poco han sido famosos y bien pagados por los editores y directores de periódicos; quienes, dicho sea de paso, no acostumbran a regalar el dinero. Periodistas que escribían, las más de las veces, ebrios de wisky. Pero como ellos decían, "las ideas y las metáforas no están en la botella, sino en la cabeza, y puede que en el hígado y los testículos".

Lo que hace el wisky, sigo hablando por boca de ganso, es quemar la corteza de convencionalismos, costumbres, usos, rutinas y frases hechas. El wisky quema nuestra ropa vieja y burguesa y quema también la apariencia noble y notarial del idioma, para que alumbre otro idioma más intenso, vivo y sabio. Siempre se ha dicho que el alcohol deslumbra. Había un rico -en mi tierra de nacimiento- que cuando bebía intentaba propasarse con cualquiera que se le pusiera a mano. Y si éste contestaba con celeridad y airadamente, se tenía la lección bien aprendida: "Perdone usted, pero cuando me paso de vino me doy cuenta de que me gustan los hombres".

Hace más de un año, y no porque los alifafes me lo impidieran, que dejé de beber wisky. Sí, créanme que sí; lo cual tiene su explicación. Pues era tomarme dos chupitos de "escocia", y lo primero que se me ocurría era preguntarles a los políticos de turno acerca de las comisiones, mordidas y cosas por el estilo sobre la corrupción... Y dado que muy  pronto me percaté de lo mal que les sentaban mis palabras y de cómo casi todos ellos me dejaban de hablar inmediatamente, decidí cortar por lo sano. Pero siguen sin dirigirme la palabra. Y he llegado a la siguiente conclusión. "Los políticos vapuleados son como boxeadores golpeados: el doble de peligrosos".

martes, 6 de octubre de 2015

Ramón Cutillas García

Empresario. Escritor de periódicos. En junio pasado, y en la sección de apellidos locales, decía yo lo siguiente de él: Es una pena que hubiera dejado tan pronto de participar en la política activa. Porque está muy preparado y es, además, un excelente dialéctico. En ocasiones, le he oído calificarse de primario; esto es, que se atribuye el obrar por impulsos afectivos, sin proceder a la reflexión. A mí me parece que tampoco es totalmente así. Pues Ramón sabe más que Lepe. Lo que no es obstáculo alguno para que sea un tipo tenido por fiable en todos los sentidos. Lo cual no es poco de pavo.

Conversar con Ramón Cutillas es un placer. Cada vez que nos vemos, que son muchas menos veces de las que quisiéramos, disfrutamos de lo lindo intercambiando impresiones. Pues bien: el lunes, vamos antier, cuando paseaba yo por el centro de la ciudad, hallé a Ramón y decidimos tomar café en la terraza que teníamos más a mano. Y allí hubiésemos estado todo el tiempo del mundo de no ser porque ambos teníamos cosas que hacer. Lector exigente, pues no en vano él ha sido articulista temible en su momento, nunca se ha cansado de decir, y me consta, que me lee cada día.

Y no sólo es lector de cuanto escribo, sino que en ocasiones ha dado pruebas evidentes de apreciarme lo suficiente como para pararles los pies a esos crudos que han tratado de cambiarle sus ideas con respecto a mi modo y manera de ser. Y, como comprenderán ustedes, mi agradecimiento a RC sigue siendo muchísimo. Y,desde luego, mi afecto es de los que merecen el abrazo chillado, que decimos los andaluces. Ese que se da lanzando al mismo tiempo un ¡ay! prolongado.

Ramón Cutillas tenía muchas ganas de verme para preguntarme qué tal me va con Aires de Ceuta... Y le digo que bien. Que en este blog me permito escribir de todo cuanto me apetece. Y, como no podía ser de otra manera, sale a relucir la censura. Y a mí se me ocurre responder esto: En relación a la censura, querido Ramón, tú mejor que nadie sabes que las hay de varias clases; una puede proceder del poder; otra nace de las características políticas de la propia empresa periodística, en la que el empresario o el director imponen sus criterios y ejercen la censura... En mi caso, yo siempre he respetado las normas de los periódicos en los que he escrito, dejándome llevar por su editorial.

Ramón, tras carraspear lo justo, intervino para expresarse con su habitual maestría: "Mira, Manolo, la censura, o la prohibición, no solamente tienen lugar en el mundo periodístico, sino también mediante prohibiciones o proscripciones en el mundo artístico, o administrativo, o de la enseñanza. En España los gremios de los inquisidores son muy numerosos, y aparecen en todas las ideologías. Lo que ocurre es que lo más infame, o bochornoso, es cuando nacen los gremios de inquisidores en los sistemas políticos de las libertades o de la democracia. Entonces, a estos comportamientos hay que calificarlos como merecen, porque ya se sabe que las dictaduras políticas llevan en su propia naturaleza y en sus mecanismos, la prohibición de algo".

Tengo que confesarte, le dije a Ramón Cutillas, que yo en bastantes ocasiones he sentido necesidad de callar, porque me ha parecido que escribir no puede ser solamente un desahogo, sino tener la conciencia -por muchas razones- de lo que puede decirse y de lo que uno debe callarse.Y sigo pensando lo mismo.


viernes, 28 de agosto de 2015

Apellidos locales con R II

Fernando Rodríguez. Funcionario del Cuerpo Superior de Policía. Formó parte del Gabinete Técnico de Pedro González cuando éste era Delegado del Gobierno en Ceuta, gobernando el Partido Socialista. FR cumplió perfectamente con su cometido. Ingenioso, culto, agradable, buen profesional, le gustaba flirtear y galantear porque sabía que en las distancias cortas aumentaba su atractivo. Hace dos o tres días, que para el caso es lo mismo, me volví a cruzar con él en la playa de El Chorrillo y, como siempre, nos pusimos a conversar. Fernando, que lleva ya su tiempo viviendo una jubilación ganada a pulso, luce un cuerpo que para sí quisieran muchos deportistas encumbrados y un moreno de verde luna que mantiene durante todo el año. Logros obtenidos por su mucho caminar. Conservo como oro en paño el libro que un día, de hace ya varios años, tuvo a bien regalarme: "Identidades asesinas". Recomiendo que se lea.

José Francisco Ríos Claro. Empresario. Hubo tiempo en el cual nuestras relaciones fueron muy buenas. Incluso trabajé para él como hombre de su confianza en un negocio donde  fluía el dinero en cantidad y, por tanto, las malas tentaciones estaban siempre a flor de piel. Lo informé de que había cosas que se estaban haciendo mal. Pero Pepe, entonces, andaba distraído en otros menesteres y no le prestaba atención a mis indicaciones. Así que acabamos discutiendo y la amistad se hizo añicos. Hace un  año, más o menos, que tampoco lo sé a ciencia cierta, volvimos a dirigirnos la palabra con gran satisfacción por ambas partes. Máxime cuando Pepe dio muestras evidentes de ser lector mío. Fechas atrás, estuvimos hablando y decidimos vernos en septiembre para compartir mesa y mantel y hablar... de lo que haya lugar.

Pepe Ríos Pozo. Empresario. Socio de Juan José Zapico en negocios de mucho rendimiento económico, cuando los dineros de las empresas llegaban a los bancos en talegas prietas de billetes. Los socios, es decir, Zapico y Ríos, no tenían nada en común; tal vez por eso se llevaban a partir un piñón. A Pepe le sigo viendo, aunque sea de higos a brevas, y solemos charlar, mayormente de fútbol, porque ambos somos madridistas. Pepe Ríos, según me dijo un día, debido a sus alifafes, suele vivir entre Ceuta y otros lugares donde el clima sea más benigno. Cuando nos da por recordar tiempos pretéritos, a Pepe le invade la nostalgia. Y no creo que sea por esa época en la que quiso participar en la política directa, verdadera política con responsabilidad de partido. Pues se aburrió, o lo aburrieron, antes de empezar.

Guillermo Romero. Le conocí en el mes de junio de 1982. Era secretario técnico de la Agrupación Deportiva Ceuta. Rechoncho y de aspecto humilde, tenía muchas ganas de paliar con voluntad tan escasa preparación en su cometido. Pronto me percaté de que Romero iba a ser muy criticado por quienes lo consideraban nada válido. Así que tardé nada y menos en ponerme de su lado. Del lado de la persona más débil. Nuestra amistad floreció y, aunque con el paso de los años Guillermo estuvo militando en frentes distintos, mantuvimos muy buenas relaciones hasta que la Parca vino decididamente a por él.

José Antonio Rodríguez. Agente comercial. Y político activo durante varios años. Me lo presentaron en la ya desaparecida Cafetería Triana, allá cuando el GIL comenzaba a ganarse el fervor de los ceutíes. Y nos pusimos a charlar sin percatarnos de cuanto acontecía a nuestro alrededor. Salieron a relucir los amigos comunes y recordamos los sitios que deben conocer, por obligación, quienes frecuentan la Bahía Gaditana. Pasado el tiempo fue viceconsejero de Turismo y me pidió que viajara a Huelva para hacer un reportaje de las Fiestas Colombinas, dedicadas a Ceuta. Durante varios meses nuestra relación fue fluida y pude comprobar que José Antonio rezumaba sencillez, tenía sentido del humor y se podía hablar con él sin tapujos. Rodríguez, como vendedor profesional que era -y sigue siéndolo-, hubo de aprender bien pronto que es más fácil ser agradable que desagradable. La mejor fórmula para poder venderle una burra desdentada a un tratante de ganado. Lo cual no es moco de pavo. Nuestra amistad, debido a cuestiones de críticas políticas, cuando Rodríguez era consejero de Gobernación, fue a menos. Aunque nunca hemos dejado de saludarnos.

Antonio Rodríguez Serrano. Llegó un día a la tertulia del Hotel La Muralla y pronto se hizo el silencio. En aquel tiempo, verano de 1982, nuestro hombre era enteco y desgarbado. Jesús Cordero, en tono bajo, me lo definió en un santiamén: "Es persona de pocas palabras cuando está sobrio. Pero no hay quien lo aguante cuando le sienta mal la segunda copa". Jamás logré entenderme con Rodríguez Serrano. Quien formó con Juan Vivas, dirigiendo los destinos de la Agrupación Deportiva Ceuta, un tándem nefasto para el club.




lunes, 3 de agosto de 2015

Apellidos locales con CH

Chaib (Mohamed). Polítco. Hace unos días ocupó este espacio porque yo así lo quise. Hoy vuelve a él por su apellido. A mí, desde luego, no me importa la repetición. Mohamed Chaib no es licenciado ni por la Complutense de Madrid, ni por la Universidad de Minnesota, ni por la Sorbona, ni tampoco por la Universidad a Distancia en Ceuta. Pero sí es licenciado en saberes de la calle y en cómo desde el asfalto se puede aspirar a metas que sólo, salva raras excepciones, están al alcance de quienes llevan en la boca el título correspondiente. Fue consejero de Bienestar Social. Y cumplió perfectamente con su cometido. Sin hacerse notar.

Chaves (José Luis). Marino Mercante. Político. Escritor en periódicos. Me lo presentaron en la caseta "La Esquina", una noche de feria de 1982, mientras nos llegaba la inconfundible voz de Francisco Palacios El Pali, cada vez más acentuada de nostalgia. Lo de conectar con la gente fue motivo de conversación entre José Luis Chaves y yo no pocas veces desde ese momento. Y él, socarrón y muy suyo, tenía más que asumido que la gente era reacia a aceptarlo como político. Aunque supiera discursear y hacerse notar con su palabra y su pluma en los medios.

En rigor, José Luis Chaves se dio cuenta de que no conseguía entusiasmar a sus paisanos. Y, como era inteligente, echaba por delante a otro político mientras él se dedicaba a reflexionar entre bastidores y a cabildear para mantener y sobre todo para afianzar su poder en el Ayuntamiento. Con el paso del tiempo nuestra amistad fue a menos. Gran entereza la suya, sin duda alguna, durante el proceso de una enfermedad que no le concedió la más mínima opción de seguir viviendo.

Chocrón (Carlos). Empresario. Su mirada en los años ochenta, aquellos despendolados años, donde todos creíamos que nos íbamos a comer el mundo, estaba repleta de ironía. Le sobraba clase y genio. No admitía que le llevasen la contraria. Cuando organizaba cualquier acto no quería, bajo ningún concepto, que a nadie se le escapara el menor detalle. Era un perfeccionista positivo.

En los años ochenta, Carlos Chocrón vivía la alegría de los hombres emprendedores que estaban convencidos de que la felicidad es la realización, en los años maduros de la vida, de los ideales soñados en la juventud. Y es que sus logros fueron muchos.  Lo que no pudo evitar fue la tragedia de tener que enterrar a dos de sus hijos.

CCH vivió zozobrante, entonces, como no podía ser de otra manera. Anduvo un tiempo sometido a la tortura del dolor y desconsuelo. Preso de la angustia. Y cuando parecía que se dejaría llevar por esa corriente de desesperanza, un día lo vimos subir de tono hasta desembocar en una nueva vitalidad. La cual mantuvo hasta el fin de sus días.



martes, 14 de julio de 2015

Elogio del médico de cabecera antiguo

Conversación entre conocidos, aperitivo por delante, y sale a relucir la importancia que tuvo en su momento el médico de cabecera antiguo. Y alguien, con muchos años vividos, lo define: "Señor que era casi de la familia, que conocía todo su historial de alifafes y que te decía inmediatamente lo que tenía con sólo mirarte la lengua, tocarte la tripa y auscultarte. Médico de familia moderno. Señor que te dice a qué médico debes ir".

Y a mí, tras lo oído, se me ocurre escribir lo siguiente: "Mi padre dio dos camballadas antes de acercarse a mí y tratar de alborotarme el pelo con sus manos. Era la primera vez que yo le veía perder el equilibrio. Mi padre bebía mientras jugaba a las cartas, pero siempre había oído que jamás se le notaban los efectos del vino. Él bebía vino fino. A mi madre también le extrañó muchísimo en la condiciones que ese día había llegado. Traía la cara descompuesta y empezó a sudar fríamente.

De pronto esbozó una sonrisa y dijo que se sentía mal. Y a partir de ahí le pudieron las ansias y los deseos de arrojar. Mi madre le ayudó a sentarse en el borde de la cama y luego le puso un cubo para que vomitase. Y vomitando estuvo hasta ponerse muy malo. Hubo un momento en el cual los esfuerzos le hicieron sangrar. Y mi madre, asustada, corrió a buscar al médico de cabecera. No sin antes recomendarme que no me separara del lado de mi padre.

Derrumbado en la cama, con los ojos encarnizados, y limpiándose la boca con un pañuelo, me tenía cogida mi mano izquierda con su mano derecha y no paraba de decirme lo mucho que me quería. Posé mi cabeza sobre su pecho y noté cómo su respiración se iba calmando. Siguió hablando, pero ya de forma inconexa, a medida que un ligero sopor se iba apoderando de él.

El médico llegó casi a la par que mi madre. Y, tras comprobar su estado, le dijo que la sangre arrojada procedía de la úlcera que tenía en el duodeno. Una vez que le había recetado y tranquilizado, le recomendó que no se le ocurriera beber ni una copa más de vino. Si no quería pasar por el quirófano. Todavía recuerdo las palabras de mi padre: "Jamás volveré a probarlo".Y así fue...

Don Juan, que así se llamaba el médico de cabecera, me pidió que le acompañara hasta la puerta, mientras le indicaba a mi madre con la mirada que se quedara donde estaba. Bajamos las escaleras del piso, salimos al patio y cuando llegamos a la casapuerta, el médico me puso su mano derecha sobre mi hombro izquierdo, mientras sujetaba el maletín con la izquierda, y me habló así: "Dile a tu padre que lo quieres, muchas veces; tantas como puedas. Se dio media vuelta y allá que se perdió andando por la calle Federico Rubio hacia su casa, que estaba en la calle Nevería.




viernes, 10 de julio de 2015

Apellidos locales con D

De Castro (Manuel). Funcionario. La primera vez que coincidí con él estaba revestido de enojo y bisbiseando maldades contra los socialistas que se habían rebelado ante su ejecutiva por una posible candidatura suya a la dirección provincial del MOPU. De nada le había valido su entrañable amistad con Francisco Fráiz ni ser funcionario de carrera. Puesto que la base socialista le achacaba su pasado en el sindicato vertical y su presencia en un gabinete de abogados donde sus miembros adoraban a Fraga y daban muestras evidentes de hallarse siempre dispuestos a oponer a cualquier elemental progreso. Nuestras relaciones fueron de más a menos. Manolo de Castro se fue a su Galicia natal, un buen día, de hace ya muchos años, sin querer mirar hacia atrás.

De Cos (Luis). Jubilado. Camina con la rotundidad de un joven roquero. Tiene mucho sentido del humor. Es del Real Madrid contra viento y marea, y encima acostumbra a pagar sus copas y las de los demás con suma frecuencia. Durante mucho tiempo fue noctívago reconocido. Un hombre de la noche dispuesto a pasárselo en grande. Casi todos los martes coincidimos en los mismos establecimientos y recordamos tiempos pasados. Que nunca fueron mejores.

De la Cruz Agustí (Antonio). Periodista. Conocido popularmente como Toni. Aunque conviene decir cuanto antes que a él lo que le hubiera gustado es haber hecho una gran carrera militar. Así que no dudó en participar en la Segunda Guerra Mundial con la División Azul. Como periodista entendió bien pronto que el periodismo se hace en la calle. Y  lo hacía, además, ilustrando sus crónicas con fotografías de su cosecha. Conque el editor de El Faro de Ceuta tardó nada y menos en contratarlo. Llegó a ser director del medio. Muy ligado a la Institución Militar, a su muerte, en enero de 2006, le colocaron un busto delante de la Comandancia General. Tuve la oportunidad de tratarlo muchos años. Primero, siendo yo entrenador de fútbol; después, como compañero suyo en dos periódicos. Entre nosotros siempre imperó el respeto. Él, de vez en vez, solía decirme, así como quien no quiere la cosa: "No sé qué tendrás tú escribiendo... pero me consta que la gente te lee más que a ningún otro".

Deu (Mabel). Maestra. Lleva mucho tiempo participando en la política activa. Ha gozado siempre de mi estima. Hubo un tiempo en el cual nos tratábamos más. Hasta que yo decidí que quien escribe debe guardarse muy bien de mantener relaciones amistosas con los políticos. Porque el afecto hacia ellos condiciona muchísimo a la hora de reprocharles malas actuaciones. No obstante, cuando nos cruzamos por la calle, que son pocas veces, solemos saludarnos sin cortapisas. Y, cuando ello ocurre, le he notado que está poseída por cierta tristeza. Y que, como dice la canción, las rosas que había en su carita se le volvieron de porcelana. Mucho me temo que sea el ejercicio de la política activa el causante de ese marchitamiento que yo vislumbro en ella.

Díez Nieto (Ángel). Funcionario. Hace la tira de tiempo que nos conocemos. Aunque cuando más lo traté fue como viceconsejero de Recursos Humanos. Hay que estar muy concentrado cuando se habla con Díez Nieto. Pues le agrada sobremanera hacer uso y abuso de la burla fina. Hasta el punto de que suele hablar y expresarse como si fuera un Goehte de la ironía. Parece que su forma de ser no le gustaba a Vivas. Y, claro, prescindió de él en cuanto pudo.

Domínguez Berrueta (Juan). Magistrado-Juez del Juzgado de lo Social número 1. Hace muchos años que lo he venido tratando. Y no pocas han sido las veces que hemos parrafeado de todo un poco. Siempre le he tenido en muy alta estima. Y, sobre todo, debo destacar que es un placer pegar la hebra con él. Me consta, además, que don Juan Domínguez Berrueta es una excelente persona.

Domínguez (Andrés). Jubilado. Escritor en periódicos. Fue presentador -durante muchísimo tiempo- de figuras de la farándula. Siempre ve las cosas con humor. Por eso acostumbra a decir cosas  muy serias. Seguimos manteniendo muy buenas relaciones.

domingo, 5 de julio de 2015

Angustia de hombre rico

Cuando conseguimos hablar de nuestras obsesiones, éstas se borran y ya no nos impiden dormir. Al menos, es lo que me ha dicho el psicoanalista que he visitado hace pocos días en la Península. Quien así se expresa está sentado frente a mí y ha decidido contarme sus problemas. Y yo, que suelo ser muy solidario en tales casos, me prometo no decir esta boca es mía y dejo que mi interlocutor se explaye.

-Me cuesta lo indecible dormir. Soy una persona que tengo enormes problemas de angustia, un miedo irrefrenable, y siempre pienso en que me puede suceder lo peor. El día que cumplí los sesenta y pocos años, sólo me hice una pregunta: ¿Qué huella dejaré detrás de mí; seré capaz de dejar una que dure después de mi muerte?

Se hace el silencio. Son unos segundo que me parecen eternos. Aunque me abstengo de decir nada. Sé que debo esperar a que sea él quien vuelva a tomar la palabra. Tengo delante de mí a un hombre superado por el miedo. A quien contar sus problemas le sirve de desahogo. Halla alivio sincerándose.

Un día sentí dolor en el brazo izquierdo, un ahogo inexplicable, un  dolor que me oprimía el pecho... Resultó ser una afección cardiovascular. Desde que tuve el aviso, me impusieron un régimen draconiano. Nada de grasa, nada de sal, nada de alcohol excepto un vasito de vino tinto con el queso. Nada de nada, vamos. ¡Al principio qué depresión! La idea de que tenía que privarme de todo a mi edad para tener una oportunidad de envejecer vivo me parecía absurda. Y me decía: prefiero cascar en seguida a vivir como un asceta. Así que caí en el más estúpido infantilismo.

Pausa...

Dejé de andar. Que me venía muy bien. Volví a preocuparme compulsivamente de mis negocios, convencido de que soy imprescindible. Cometí desatinos en todos los sentidos. Excesos innecesarios. Y, claro, volví otra vez a pasarme las noches en vela. Pensando en que a ese ritmo podría sufrir otro infarto. Vivo asustado. No obstante, me puede el egoísmo. No quiero que nadie me quite el lugar preferente que ostento en mi ciudad. Antes prefiero diñarla. ¿Tú que opinas?...

No dudé en responderle con el socorrido refrán: "El que ama el peligro, en él perece".






sábado, 4 de julio de 2015

Apellidos locales con T

Tesón (Fernando). Presidente de la Sala Sexta de la Audiencia Provincial en Ceuta. Corrían los años ochenta cuando tuve la oportunidad de conocer a Pío Aguirre Zamorano. De quien supe que era juez cuando hube de pasar por el juzgado situado en la calle Padilla. Pío Aguirre fue quien me presentó a Tesón, recién llegado éste a la ciudad. FT se ganó en seguida el afecto de muchos ceutíes. Andaluz, nacido en Utrera, le gusta el cante flamenco y sabe sacarle mucho partido a la guitarra.

Tirado (Antonio). Monitor de fútbol. El mejor amigo que han tenido los niños de Manzanera: su barrio. El fútbol fue el señuelo con el que trató que los chavales no emprendieran el camino equivocado durante unos años terribles de droga en las calles. Ángel de la Guarda de los niños ceutíes, la labor de Antonio Tirado, conocido popularmente cono Antonati, fue de un valor incalculable.

Torrado (Pepe). Presidente de la Autoridad Portuaria. Podrá tener todos los defectos de humano que sus enemigos -que los tiene- le achacan. Pero es justo reconocerle que entre sus virtudes destaca sobremanera la buena educación. Y algún día habrá que reconocerle sus méritos por permanecer tantos años como presidente de la Autoridad Portuaria. Mis relaciones con PT son buenas desde hace ya un montón de años. Esas relaciones no han sido obstáculo para que, en algún que otro momento, hayamos disentido. La última vez que nos vimos, y decidimos charlar, le dije que el número de sus enemigos iba aumentando sin cesar. Su respuesta no se hizo esperar: "¡Ojalá que todos ellos sean inteligentes!".

Troya Recacha (María Teresa). Funcionaria. Hace ya cierto tiempo que no cruzo palabra alguna con ella. Pero la sigo recordando en aquella primera -y única- entrevista que le hice en una televisión local , siendo ella directora general de Educación y Cultura, cuando el GIL estaba a punto de ganar las elecciones en esta ciudad. Llegó al plató visiblemente nerviosa y así se mostró durante la primera parte de la entrevista. Sin embargo, su cara, ciertamente atractiva, prendió entre la gente y las críticas le fueron favorables. Su prestigio como funcionaria de la Ciudad es siempre celebrado cuando su nombre sale a relucir.

Troyano (Antonio). Profesor de inglés. Ejercía en el Instituto Almina. Es  un torbellino de hombre. Iba de socialista y no se le caía de la boca el nombre de Julián Besteiro. Una vez se me ocurrió contarle una anécdota muy interesante de aquel gran dirigente socialista, que yo le había leído a don Pedro Sainz Rodríguez, y nuestra amistad se acrecentó. Antonio Troyano fue secretario general de los socialistas -de Ceuta- durante varios años. Hasta que en el 2000 decidió darse de baja del partido. Un día, sin saber por qué, me dejó de hablar. Y hasta hoy. Me imagino que estará disfrutando de un buen retiro en la Costa del Sol