Tengo un amigo en Andalucía, concretamente en El Puerto de Santa María, que es militante del Partido Popular desde hace muchos años. Partido al que accedió tras absorber éste a Alianza Popular.
Mi amigo es de mi edad. Lo cual quiere decir que ha cumplido ya un taco
de años. Es culto, educado, tiene don de gentes y un porte distinguido.
Y como anda, además, mejor que lo hacía Manolete, que es ya andar armónicamente, todavía se lleva al personal de calle.
Nuestra amistad data de trabajar ambos en la Base Naval de Rota,
cuando 'los felices sesenta' estaban tocando a su fin. La semana
pasada, tras opinar acerca de los problemas por los que atraviesa el
Madrid, ya que los dos somos merengues desde que vestíamos pantalones
cortos, nos dio por pegar la hebra telefónica sobre las elecciones
andaluzas. Debo decir cuanto antes que mi paisano, amén de amigo, es
lector de cuanto yo escribo.
Por tal motivo, no dudó en mostrarme muestras de desagrado por mi artículo del 16 del mes que corre, titulado Mentiras electorales, y en el que yo decía que, por más que Mariano Rajoy prometiera un millón de puestos de trabajo a los andaluces, Susana Díaz sería la ganadora de las elecciones autonómicas. Y es que no hacía falta alguna ser como Acisclo Karag; mago de mucho fuste en su época, para predecir semejante hecho.
Mi
amigo, que suele alterarse cuando se le lleva la contraria acerca de
cuestiones relacionadas con el PP, que es su partido del alma, por
tradición familiar conservadora, no dudó en decirme lo que pensaba él de
las elecciones de nuestra tierra: "El PP, por más que las encuestas se
empeñen en decir lo contrario, será el primer partido de Andalucía
porque el pueblo no es tonto ni masoquista". Y, claro, se enfadó mucho
conmigo cuando le respondí de esta manera:
-Pues no, querido Antonio,
el pueblo ha probado muchas veces que es tonto y masoquista, y puede
seguirlo probando. Las causas son muchas... Por ejemplo, al margen de
que somos uno de los países europeos donde menos se leen periódicos y
libros, también somos un pueblo con sentimientos afiliados, y no con la
inteligencia dispuesta a los análisis. Incluso hay más...
-Explícate, Manolo -me pidió mi amigo.
Como
niño de la posguerra que eres, al igual que yo, tú deberías saber que
muchos andaluces están encasillados en las barricadas políticas, donde
caben los resentimientos de aquel tiempo terrible. Años grises de los
cuarenta en que miserias e injusticias se dieron cita en nuestra región.
Y, naturalmente, todavía hay una generación de supervivientes de viejos
dramas políticos, y una gran parte de sucesores han recibido esa
herencia. Por consiguiente, Antonio, los socialistas seguirán
gobernando. Y lo harán casi 37 años después y a pesar del desgaste
natural en sus personalidades, porque ningún Gobierno hace felices a
todos los ciudadanos. Los andaluces me dieron la razón.
Blog de Manolo de la Torre
Entrenador de fútbol, ha ejercido la profesión 19 temporadas. Escritor en periódicos,
ha publicado una columna diaria, durante dos décadas, en tres periódicos ceutíes.
Mostrando entradas con la etiqueta Charlas. Mostrar todas las entradas
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lunes, 23 de marzo de 2015
miércoles, 18 de marzo de 2015
Me fío cien veces más de un malvado que de un cobarde
Cuando decidí el nacimiento de este espacio de
opinión, el veintiuno de enero pasado, sabía de sobra que la única
manera de que generase visitantes era escribiendo todos los días. Puesto
que un blog que no sea capaz de acudir a la cita diaria con sus
lectores, máxime si no tiene cabida en un periódico de tirada nacional,
está condenado a quedarse sin lectores. Y uno escribe, no sólo por lo
que decía el gran Azorín, y que ya he contado en no pocas
ocasiones, sino porque los escribidores sin lectores sufren tanto, más
todavía, que hasta se les agría el carácter. Afortunadamente no es mi
caso.
Desde ese veintiuno de enero pasado, no he faltado a mi cita con quienes esperan cada día que les cuente algo. Y he creído conveniente referirles hoy lo que he venido observando y oyendo durante ese tiempo. En principio, conviene recordar que al blog no se le ha dado publicidad. De modo que, desde que lo nacimos, ha sido él el que se ha visto obligado a buscarse la vida. Y a fe que lo está haciendo por encima de lo previsto.
Tal es así que, fechas atrás, un conocido mío, muy conocido, se expresó de tal guisa: Muchos confiesan no acceder a tu blog porque dicen desconocer la clave. Y, sin embargo, me consta, que es lo que más está siendo leído desde que escribes en él. El otro día, precisamente, me dijo lo siguiente un periodista de una televisión local: "A Manolo lo leen más que a cuantos escriben en esta ciudad".
Y mi conocido, además, me puso al tanto de la contestación que le dio al periodista de esa televisión: "Lo leen, claro que sí; por más que ahora no le zurre la badana a Juan Vivas. Que si lo hiciera... no te quepa la menor duda de que doblaba el número de visitantes. Ávidos de empaparse de esa forma de decir las cosas que tiene Manolo".
A propósito, prosiguió informándome mi conocido, se dice cada vez más, por quienes están pendientes de la política activa, que tu marcha del periódico fue celebrada, en su momento, por Vivas y Emilio Carreira. Incluso los hay que no se cortan lo más mínimo en cundir que ambos te tienen verdadera inquina. Vamos, que alardean de ser enemigos acérrimos tuyos. Conque siguen rumiando venganza contra tu persona.
Tras escuchar atentamente a mi interlocutor, sólo se me ocurrió hablar así: yo prefiero, caso de ser cierto lo que tú me has contado, tener enemigos que sean malvados con refinamiento. Tales enemigos podrían ser las personas que tú has citado. Y con ellas, sin duda alguna, sería posible entenderse en cualquier momento. No así, por supuesto, con los cobardes. Y yo no creo que ni Vivas ni Carreira sean individuos propensos a usar la daga por sistema. Si así fuera, ya que yo no meto la mano en el fuego por nadie, a mí no me temblaría el pulso si tuviera que acusarlos de lo que, seguramente, les sentaría a ambos peor que una peineta a la señora De Cospedal. Y punto.
Desde ese veintiuno de enero pasado, no he faltado a mi cita con quienes esperan cada día que les cuente algo. Y he creído conveniente referirles hoy lo que he venido observando y oyendo durante ese tiempo. En principio, conviene recordar que al blog no se le ha dado publicidad. De modo que, desde que lo nacimos, ha sido él el que se ha visto obligado a buscarse la vida. Y a fe que lo está haciendo por encima de lo previsto.
Tal es así que, fechas atrás, un conocido mío, muy conocido, se expresó de tal guisa: Muchos confiesan no acceder a tu blog porque dicen desconocer la clave. Y, sin embargo, me consta, que es lo que más está siendo leído desde que escribes en él. El otro día, precisamente, me dijo lo siguiente un periodista de una televisión local: "A Manolo lo leen más que a cuantos escriben en esta ciudad".
Y mi conocido, además, me puso al tanto de la contestación que le dio al periodista de esa televisión: "Lo leen, claro que sí; por más que ahora no le zurre la badana a Juan Vivas. Que si lo hiciera... no te quepa la menor duda de que doblaba el número de visitantes. Ávidos de empaparse de esa forma de decir las cosas que tiene Manolo".
A propósito, prosiguió informándome mi conocido, se dice cada vez más, por quienes están pendientes de la política activa, que tu marcha del periódico fue celebrada, en su momento, por Vivas y Emilio Carreira. Incluso los hay que no se cortan lo más mínimo en cundir que ambos te tienen verdadera inquina. Vamos, que alardean de ser enemigos acérrimos tuyos. Conque siguen rumiando venganza contra tu persona.
Tras escuchar atentamente a mi interlocutor, sólo se me ocurrió hablar así: yo prefiero, caso de ser cierto lo que tú me has contado, tener enemigos que sean malvados con refinamiento. Tales enemigos podrían ser las personas que tú has citado. Y con ellas, sin duda alguna, sería posible entenderse en cualquier momento. No así, por supuesto, con los cobardes. Y yo no creo que ni Vivas ni Carreira sean individuos propensos a usar la daga por sistema. Si así fuera, ya que yo no meto la mano en el fuego por nadie, a mí no me temblaría el pulso si tuviera que acusarlos de lo que, seguramente, les sentaría a ambos peor que una peineta a la señora De Cospedal. Y punto.
domingo, 8 de marzo de 2015
Paseo matinal
Amanece un domingo que ya vaticina la llegada
de la primavera. Y, aunque mi garganta sigue emperrada en ocasionarme
molestias, no desisto de caminar por la ciudad. Y en el Paseo de las
Palmeras, que otrora fue sitio de encuentro de los ceutíes y ahora es
vía poco transitada, me tropiezo con José Antonio Muñoz: editor
de "El Pueblo de Ceuta". Y, dado que seguimos manteniendo muy buenas
relaciones, conversamos. Charla que me permite quedar enterado de lo
bien que se está recuperando Ángel Muñoz -hijo de José Antonio, y amigo mío- de una intervención quirúrgica. La noticia me alegra la mañana.
En la plaza de la Constitución hallo a un conocido de toda la vida, como se suele decir en estos casos, que desea saber, a buenas horas, mangas verdes, los motivos que yo he tenido para dejar de escribir en la contraportada del periódico que, durante muchos años, se distinguió por defender la causa del Partido Popular. Aun a costa de recibir críticas acerbas y tratamientos tan injustos como inmerecidos. Por educación y porque me consta que ha sido siempre lector de cuanto escribo, le respondo lo justo para complacerle. Y el hombre, sin mala intención, va y se expresa así: "A ti te gusta tanto escribir que, seguramente, lo volverás a hacer sin mirar la cuestión crematística".
Y a punto estuve de decirle una guasa. Pero, rápido de reflejos, con el fin de no ganarme un enemigo más, opté por contarle la siguiente anécdota, y que mi interlocutor, todo hay que decirlo, escuchó con suma atención: Gonzalo Fernández de la Mora, escritor reaccionario con cualidades, un día va a ver a Azorín y le cuenta, acalorado, que él escribe por salvar y cantar la patria, regenerar España, explicar a Dios y otros misterios. El maestro le responde, tranquilo: "Yo escribo para comer". Mi conocido dio muestras de sentirse muy satisfecho con mi contestación. Mejor así.
Se suscita una conversación en la barra de la cafetería que suelo frecuentar casi todos los días, a media mañana. Y sale a relucir algo tan difícil de definir como es la felicidad. Y, una vez que los contertulios se atrevieron a dar su opinión al respecto, emití mi parecer, y hasta me atreví a poner como ejemplo a nuestro alcalde. "La felicidad es la realización en los años maduros de la vida de los ideales soñados en la juventud". Juan Vivas, según tengo entendido, siempre quiso ser alcalde de su pueblo. Y me consta que su padre, con quien mantuve muy buenas relaciones, durante mucho tiempo, llegó un día y lo animó a que se hiciera político profesional.
Nada más opinar de la felicidad de JV, salió a relucir el tono empleado por nuestro alcalde en la conferencia del miércoles pasado. Y que ha sido motivo de críticas por parte de algunos miembros de la oposición. Críticas que éstos están en su derecho de hacer y de propalar. Cierto es que el tono de un gobernante debe ser elegante, sencillo y amable, sin alardear de hechos que, siendo ciertos, suenan al castizo mecachis qué guapo soy. Pues bien, a mí no me pareció que nuestro alcalde sacara pecho. Y, si lo hizo, conviene disculparle porque está ya en campaña electoral. Y todos los políticos acostumbran a darse pote.
Caminando de regreso hacia mi casa, y estando a la altura del edificio municipal, me cruzo con Arillo y Antonio Márquez Muñoz. Y, lógicamente, se impone parada y charla. El primero, como madridista acérrimo que es, muestra en su rostro las huellas de haber pasado una noche toledana, tras el desastre de su equipo en San Mamés. El segundo, que es propietario del Restaurante La Peña, situado en el Parque Marítimo del Mediterráneo, me anticipa que el viernes próximo inaugurará un segundo comedor. Y acepto su invitación. Como no podía ser de otra manera.
En la plaza de la Constitución hallo a un conocido de toda la vida, como se suele decir en estos casos, que desea saber, a buenas horas, mangas verdes, los motivos que yo he tenido para dejar de escribir en la contraportada del periódico que, durante muchos años, se distinguió por defender la causa del Partido Popular. Aun a costa de recibir críticas acerbas y tratamientos tan injustos como inmerecidos. Por educación y porque me consta que ha sido siempre lector de cuanto escribo, le respondo lo justo para complacerle. Y el hombre, sin mala intención, va y se expresa así: "A ti te gusta tanto escribir que, seguramente, lo volverás a hacer sin mirar la cuestión crematística".
Y a punto estuve de decirle una guasa. Pero, rápido de reflejos, con el fin de no ganarme un enemigo más, opté por contarle la siguiente anécdota, y que mi interlocutor, todo hay que decirlo, escuchó con suma atención: Gonzalo Fernández de la Mora, escritor reaccionario con cualidades, un día va a ver a Azorín y le cuenta, acalorado, que él escribe por salvar y cantar la patria, regenerar España, explicar a Dios y otros misterios. El maestro le responde, tranquilo: "Yo escribo para comer". Mi conocido dio muestras de sentirse muy satisfecho con mi contestación. Mejor así.
Se suscita una conversación en la barra de la cafetería que suelo frecuentar casi todos los días, a media mañana. Y sale a relucir algo tan difícil de definir como es la felicidad. Y, una vez que los contertulios se atrevieron a dar su opinión al respecto, emití mi parecer, y hasta me atreví a poner como ejemplo a nuestro alcalde. "La felicidad es la realización en los años maduros de la vida de los ideales soñados en la juventud". Juan Vivas, según tengo entendido, siempre quiso ser alcalde de su pueblo. Y me consta que su padre, con quien mantuve muy buenas relaciones, durante mucho tiempo, llegó un día y lo animó a que se hiciera político profesional.
Nada más opinar de la felicidad de JV, salió a relucir el tono empleado por nuestro alcalde en la conferencia del miércoles pasado. Y que ha sido motivo de críticas por parte de algunos miembros de la oposición. Críticas que éstos están en su derecho de hacer y de propalar. Cierto es que el tono de un gobernante debe ser elegante, sencillo y amable, sin alardear de hechos que, siendo ciertos, suenan al castizo mecachis qué guapo soy. Pues bien, a mí no me pareció que nuestro alcalde sacara pecho. Y, si lo hizo, conviene disculparle porque está ya en campaña electoral. Y todos los políticos acostumbran a darse pote.
Caminando de regreso hacia mi casa, y estando a la altura del edificio municipal, me cruzo con Arillo y Antonio Márquez Muñoz. Y, lógicamente, se impone parada y charla. El primero, como madridista acérrimo que es, muestra en su rostro las huellas de haber pasado una noche toledana, tras el desastre de su equipo en San Mamés. El segundo, que es propietario del Restaurante La Peña, situado en el Parque Marítimo del Mediterráneo, me anticipa que el viernes próximo inaugurará un segundo comedor. Y acepto su invitación. Como no podía ser de otra manera.
viernes, 6 de marzo de 2015
Pegando la hebra en el Tryp
No pocas veces he contado lo mucho que me agrada, cuando asisto a
cualquier acto público, deambular de un lado a otro. Participar en los
corrillos. Porque en estas ocasiones el juego es obvio. Se trata de
estar simpáticos, amenos, comedidos en el límite de la espontaneidad.
Así, el miércoles pasado, antes de que Juan Vivas pronunciara su
discurso y también al final del mismo, tuve la oportunidad de
intercambiar impresiones con varios asistentes de los muchos que
acudieron al anunciado acontecimiento, celebrado en el piso quinto del
Hotel Tryp.
Empecé la tarde, cuando ya faltaba nada y menos para que se hiciera noche, disfrutando de la conversación de dos personas a las que les tengo ley: son Alfonso Conejo y África, su mujer. Aunque debo decir, cuanto antes, que con ambos suelo charlar muy a menudo, sin necesidad de que haya fiesta o reuniones políticas o de cualquier otro tipo. Me acuerdo perfectamente de lo último que les dije, porque vino a cuento durante la conversación: "Para no fracasar en la vida, estimados Alfonso y África, hay una consigna que nunca falla: "no esperar nada del amigo y esperarlo todo del enemigo".
Aún tuve tiempo, antes de que nuestro alcalde saliera al escenario, de acercarme a saludar a los componentes de un corrillo, todos militantes del Partido Popular, que me habían hecho una indicación para que me uniera a ellos, y puse todo mi interés en responder a una pregunta que me hicieron sobre la mala fama que tienen los políticos. Y, claro, lo hice de carrerilla y, por supuesto, de memoria. Lo cual me resultó la mar de fácil. Dije lo siguiente: "La política atrae a los sinvergüenzas como la miel a las moscas. Porque la política es poder, y el poder dinero, que es lo que buscan esos... Los políticos honrados, que sin duda los hay, tienen que tener mucho cuidado con sus amistades". No hubo respuesta alguna.
Fin de la representación de nuestro alcalde. El cual estuvo largando casi cuarenta y cinco minutos. Alegría entre sus muchos seguidores. Varios de ellos celebraban cómo el alcalde y presidente de su partido había sido capaz de improvisar durante tanto tiempo discurseando. Y yo me sumé a la fiesta con esta explicación: "La improvisación sin aprendizaje previo nunca conduce a nada, es puro ruido. Ahora bien, hay que saberse muy bien la lección para permitirse el lujo de olvidarla y luego ponerse a improvisar". Al parecer, según aprecié en los rostros de los componentes de ese corrillo, les sentó muy bien mi respuesta. Mejor así...
Todo iba a pedir de boca, hasta que se me acercó una pareja, que, según pude colegir, venía dispuesta a tocarme los adminículos. Lo que me extraño fue que ella, mujer a la que conozco desde hace la tira de tiempo, y a la que siempre traté de manera impecable, se dejara acompañar por un tonto con balcón a la calle -gracias, maestro Burgos-. A quien no es la primera vez que me he visto obligado a pararle los pies. En esta ocasión, tras unos segundos de reflexión, le tuve que recordar que el sexo se hace hablando.
También respondí a la pregunta que alguien me hizo sobre la corrupción. Y lo hice parafraseando nada más y nada menos que a Unamuno: Hoy el deber en España de todo hombre que sepa ser hombre, que sepa ser ciudadano, y esto es saber y lo demás abyección, es acabar con el desorden de la corrupción. Y, desde luego, que los corruptos vayan a la cárcel y, por encima de todo, que devuelvan el dinero. Desgraciadamente, durante el acto no se dijo ni pío de los corruptos.
Empecé la tarde, cuando ya faltaba nada y menos para que se hiciera noche, disfrutando de la conversación de dos personas a las que les tengo ley: son Alfonso Conejo y África, su mujer. Aunque debo decir, cuanto antes, que con ambos suelo charlar muy a menudo, sin necesidad de que haya fiesta o reuniones políticas o de cualquier otro tipo. Me acuerdo perfectamente de lo último que les dije, porque vino a cuento durante la conversación: "Para no fracasar en la vida, estimados Alfonso y África, hay una consigna que nunca falla: "no esperar nada del amigo y esperarlo todo del enemigo".
Aún tuve tiempo, antes de que nuestro alcalde saliera al escenario, de acercarme a saludar a los componentes de un corrillo, todos militantes del Partido Popular, que me habían hecho una indicación para que me uniera a ellos, y puse todo mi interés en responder a una pregunta que me hicieron sobre la mala fama que tienen los políticos. Y, claro, lo hice de carrerilla y, por supuesto, de memoria. Lo cual me resultó la mar de fácil. Dije lo siguiente: "La política atrae a los sinvergüenzas como la miel a las moscas. Porque la política es poder, y el poder dinero, que es lo que buscan esos... Los políticos honrados, que sin duda los hay, tienen que tener mucho cuidado con sus amistades". No hubo respuesta alguna.
Fin de la representación de nuestro alcalde. El cual estuvo largando casi cuarenta y cinco minutos. Alegría entre sus muchos seguidores. Varios de ellos celebraban cómo el alcalde y presidente de su partido había sido capaz de improvisar durante tanto tiempo discurseando. Y yo me sumé a la fiesta con esta explicación: "La improvisación sin aprendizaje previo nunca conduce a nada, es puro ruido. Ahora bien, hay que saberse muy bien la lección para permitirse el lujo de olvidarla y luego ponerse a improvisar". Al parecer, según aprecié en los rostros de los componentes de ese corrillo, les sentó muy bien mi respuesta. Mejor así...
Todo iba a pedir de boca, hasta que se me acercó una pareja, que, según pude colegir, venía dispuesta a tocarme los adminículos. Lo que me extraño fue que ella, mujer a la que conozco desde hace la tira de tiempo, y a la que siempre traté de manera impecable, se dejara acompañar por un tonto con balcón a la calle -gracias, maestro Burgos-. A quien no es la primera vez que me he visto obligado a pararle los pies. En esta ocasión, tras unos segundos de reflexión, le tuve que recordar que el sexo se hace hablando.
También respondí a la pregunta que alguien me hizo sobre la corrupción. Y lo hice parafraseando nada más y nada menos que a Unamuno: Hoy el deber en España de todo hombre que sepa ser hombre, que sepa ser ciudadano, y esto es saber y lo demás abyección, es acabar con el desorden de la corrupción. Y, desde luego, que los corruptos vayan a la cárcel y, por encima de todo, que devuelvan el dinero. Desgraciadamente, durante el acto no se dijo ni pío de los corruptos.
viernes, 20 de febrero de 2015
Larga sobremesa
Los comensales empiezan hablando de fútbol, y, aunque todos dicen no saber mucho, peroran como si fueran expertos del deporte rey, mientras yo guardo un silencio sepulcral. Rehúso decir las tonterías que he tenido que oír. Porque entiendo que la grandeza del fútbol consiste en que los disparates tengan cabida en cualquier conversación. De no ser así, hace tiempo que este deporte hubiera entrado en fase de languidecimiento.
Tras los pareceres del momento futbolístico que están viviendo Madrid y Barcelona, Barcelona y Madrid, toca, por fin, debatir la política local. Debate improvisado, que suele ser de más provecho que otro preparado, que me hace salir de mi letargo. La discusión tiene como principio fundamental decir si Juan Vivas va a ganar las próximas elecciones. Y, en un amén, todo los opinantes dijeron que sí. Y lo hicimos con rotundidad.
Mas a mí me dio por introducir en la conversación una pregunta: ¿Será capaz Juan Vivas de hacer una lista de candidatos capaces de recuperar el entusiasmo que ya no genera parte de los miembros del actual gobierno? Y la respuesta fue unánime: Vivas está obligado a desprenderse de casi todos los miembros de su gobierno que han dado pruebas evidentes de estar no quemados sino achicharrados. Cuyos nombres son de todos conocidos.
Los nombres de los miembros del actual gobierno, presidido por Vivas, que están condenados a no figurar en la próxima lista prevalecen en la mente de cualquier ciudadano que siga la política activa y qué decir de quienes sabemos más de los entresijos del poder establecido en la Ciudad. Incluso me atrevería a decir que los posibles damnificados saben sobradamente que no van a figurar en la lista que le pertenece hacer a quien volverá a regir los destinos de Ceuta como máxima autoridad: o sea, Vivas.
JV es consciente de que va a vivir sus últimos cuatro años como alcalde. Y, por tanto, necesita rodearse de consejeros que le permitan gobernar con el mejor tino en el último tramo de su carrera política. Amén de que tendrá que precaverse de algo que puede ocurrir: que un frente popular se haga con la Moncloa y a Ceuta llegue un delegado del Gobierno que decida mirarlo por encima del hombro. Situación que no es descabellada y que nuestro alcalde, conociendo su forma de ser, no es capaz de desdeñar. Como debe ser.
En fin, que todos los participantes en la sobremesa, que transcurrió en medio de un ambiente distendido, coincidimos en pronosticar el triunfo del Partido Popular en las elecciones municipales. Como también hubo acuerdo generalizado en lo tocante a la necesidad que tiene el alcalde de formar un equipo de gobierno cuyos componentes tengan peso específico en la ciudad. Algo que está al alcance de Vivas si decide dar ese paso. Más que necesario. Si quiere despedirse de la alcaldía como Dios manda. Que diría Paco Olivencia
viernes, 6 de febrero de 2015
Charla con Fernando Tesón
Coincido con Fernando Tesón, magistrado y presidente de la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Ceuta. O sea, la máxima autoridad judicial de esta tierra. Y, como siempre que nos hallamos, nos ponemos a charlar de lo que se encarte. En esta ocasión, nos dio por hablar de cante flamenco y del toque a la guitarra. Sepan ustedes que FT es un estudioso de los cantes y guitarrista que lleva muchos años buscando la perfección en dicho arte.
Fue sacar a colación el perfeccionismo y acordarse mi interlocutor de Paco de Lucía. Maestro de maestros de los guitarristas y que hizo suya, durante toda su vida, esa definición de perfeccionismo dada por la Real Academia Española: "Tendencia a mejorar indefinidamente un trabajo sin decidirse a considerarlo acabado". Lo cual no deja de proporcionar un constante desasosiego a las personas que miran cuanto hacen mediante una lupa.
Fernando Tesón no tardó en responderme que quienes buscan la perfección en cualquier actividad no dejan de decirse a sí mismos que no está bien cometer errores. Así es como desarrollan la rigidez y la inflexibilidad. Y, claro, no son felices con lo que tienen ni tampoco con lo que les falta. En suma, me dice mi estimado amigo que ser un grande cuesta lo indecible y hasta se paga con cierto deterioro cuando uno se obceca en no partir de la aceptación personal y de la tolerancia a sí mismo.
Estoy de acuerdo contigo, Fernando, pero también hay que decir que Paco de Lucía buscó la diversidad hasta límites insospechados, por ser ésta, según le oí decir a un flamencólogo portuense, el soporte de la ya reseñada perfección. Bien pudo el maestro decidirse por la homogeneidad, trabajo más cómodo, sin duda alguna, pero menos estimulante. En rigor, podemos asegurar que toda la vida de Paco de Lucía, como artista, fue la de una insatisfacción a raudales, por ser reo permanente de la excelencia de su hacer.
Es más, y no sé si tú estarás de acuerdo conmigo, le digo a Tesón, que el afán de perfección hace que algunas personas sean insoportables. Y es que a veces, según dicen que dijo William Shakespeare, "procurando lo mejor estropeamos a menudo lo que estaba bien". Incluso la salud. Que fue lo que consiguió, al parecer, el mejor guitarrista de todos los tiempos: Paco de Lucía.
Fernando Tesón me contó que muy pronto, concretamente el 12 de febrero, Canal Plus emitirá un documental, titulado Paco de Lucía: La Búsqueda. Film documental dirigido por Curro Sánchez -hijo del fallecido Paco de Lucía- que recorre, junto al propio artista, los diferentes paisajes que marcaron la vida del genial guitarrista flamenco. Ni que decir tiene que el documental, que veremos, nos permitirá a Fernando y a mí volver a conversar al respecto.
Fue sacar a colación el perfeccionismo y acordarse mi interlocutor de Paco de Lucía. Maestro de maestros de los guitarristas y que hizo suya, durante toda su vida, esa definición de perfeccionismo dada por la Real Academia Española: "Tendencia a mejorar indefinidamente un trabajo sin decidirse a considerarlo acabado". Lo cual no deja de proporcionar un constante desasosiego a las personas que miran cuanto hacen mediante una lupa.
Fernando Tesón no tardó en responderme que quienes buscan la perfección en cualquier actividad no dejan de decirse a sí mismos que no está bien cometer errores. Así es como desarrollan la rigidez y la inflexibilidad. Y, claro, no son felices con lo que tienen ni tampoco con lo que les falta. En suma, me dice mi estimado amigo que ser un grande cuesta lo indecible y hasta se paga con cierto deterioro cuando uno se obceca en no partir de la aceptación personal y de la tolerancia a sí mismo.
Estoy de acuerdo contigo, Fernando, pero también hay que decir que Paco de Lucía buscó la diversidad hasta límites insospechados, por ser ésta, según le oí decir a un flamencólogo portuense, el soporte de la ya reseñada perfección. Bien pudo el maestro decidirse por la homogeneidad, trabajo más cómodo, sin duda alguna, pero menos estimulante. En rigor, podemos asegurar que toda la vida de Paco de Lucía, como artista, fue la de una insatisfacción a raudales, por ser reo permanente de la excelencia de su hacer.
Es más, y no sé si tú estarás de acuerdo conmigo, le digo a Tesón, que el afán de perfección hace que algunas personas sean insoportables. Y es que a veces, según dicen que dijo William Shakespeare, "procurando lo mejor estropeamos a menudo lo que estaba bien". Incluso la salud. Que fue lo que consiguió, al parecer, el mejor guitarrista de todos los tiempos: Paco de Lucía.
Fernando Tesón me contó que muy pronto, concretamente el 12 de febrero, Canal Plus emitirá un documental, titulado Paco de Lucía: La Búsqueda. Film documental dirigido por Curro Sánchez -hijo del fallecido Paco de Lucía- que recorre, junto al propio artista, los diferentes paisajes que marcaron la vida del genial guitarrista flamenco. Ni que decir tiene que el documental, que veremos, nos permitirá a Fernando y a mí volver a conversar al respecto.
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