Blog de Manolo de la Torre


Entrenador de fútbol, ha ejercido la profesión 19 temporadas. Escritor en periódicos,
ha publicado una columna diaria, durante dos décadas, en tres periódicos ceutíes.
Mostrando entradas con la etiqueta Corrupción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Corrupción. Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de octubre de 2020

Corrupción

En El don de la palabra escribe Antonio Gala que la corrupción no es siempre de dinero, a veces implica privilegios, sobornos morales o reciprocidades. Cuando la corrupción contamina el aire, todo lo que respira se corrompe. Y el escritor acaba sentenciando: "La corrupción de los gobernantes, en última instancia, es culpa de los gobernados. Primero, por no ejercer su vigilancia obligatoria. Segundo, por atribuirles poderes excesivos".

Nada es tan contagioso como el mal que desciende de lo alto, de quienes deberían ser ejemplares, y son, además de corruptos, corruptores... Muchas veces he oído yo la siguiente respuesta por criticar a un político que  ha metido la mano en la caja: "Si yo estuviera en su lugar haría los mismo...". Es decir, que hay gente que ve con buenos ojos la mangancia y el trinconeo. Aceptación deplorable de unos hechos que dejan en el aire la siguiente reflexión: "Puesto que trinca el de arriba, menos necesitado, ¿por qué no trincar todos?". 

En los tiempos difíciles, motivados por guerras, enfermedades contagiosas, cataclismos o crisis económicas, los trapicheos se multiplican. De modo que a nadie puede extrañarle que una  persona designada para comprar material sanitario, amparada por un decreto que lleva la firma de un  gobernante, haga presuntamente de su capa un sayo. Y si acaso le preguntan al firmante de la orden, como debe ser, contestará que él no ha mantenido contacto con ninguna empresa. Y fin de la cita.

 

 

 

 

 

 



domingo, 11 de septiembre de 2016

Tema de actualidad

La corrupción sigue siendo tema de actualidad. Ni siquiera el comienzo de la temporada futbolística ha logrado que disminuyan los comentarios sobre mangantes y trincones. Los cuales se suceden a cada paso y por doquier.

Y dado que a mí se me ocurrió, fechas atrás, ironizar sobre un asunto de interés palpitante, diciendo que en España los que no robamos es porque no podemos, hoy me lo han echado en cara en una reunión improvisada, en la orilla de la playa de El Chorrillo. Y lo han hecho recurriendo al topicazo de que no se debe generalizar. Lo de siempre...

Tras pedir disculpas, por qué no, ya que a mí me cuesta lo indecible llevarles la contraria a mis lectores (a propósito: éstos me dicen que a ver cuando aparecerá este blog -en Ceuta Actualidad- en las debidas condiciones), aprovecho la ocasión que me brinda uno de los contertulios al expresarse de modo que me permite tomarme la revancha por la amonestación ya reseñada.

-Con Franco no pasaban estas cosas...

Ni que decir tiene que sus palabras no propiciaron respuesta alguna entre los tertulios. Ahora bien, a mí me sirvieron para responder de esta guisa: "El método del General era excelente: él permitía que sus hombres claves se enriquecieran mediante prácticas corruptas y luego conservaba un dossier de sus manejos. Lo cual no dejaba de ser una excelente seguridad contra una posible revuelta en las altas esferas".

Además, aprovechando el momento de desconcierto producido por mi contestación, no dudé en contarles la siguiente anécdota, cuyo protagonista fue Blas Pérez, catedrático de Derecho Civil, y ministro de la Gobernación en la época de las restricciones de gasolina derivadas del bloqueo económico mundial al régimen español.

Don Blas obtuvo una lista con los nombres de los usuarios de 46.000 vehículos oficiales destinados al servicio familiar de personajes con cargo oficial. Y se la mostró a Franco, con la información de los miles de litros de gasolina que aquellos coches dispendiaban.

El Jefe del Estado la revisó con minuciosidad, informándose a fondo. Luego le dijo a don Blas:

-De esto ya hablaremos otro día.

Comoquiera que ese "otro día" no llegaba nunca, Blas Pérez, pasado un tiempo que consideró prudencial, volvió al Pardo a plantear el tema.

Franco después de revisar la lista de nuevo le respondió:

-Guárdese usted la lista; sólo conseguiría hacerme 4.600 enemigos más. No interesa.

Recién  comenzada la década de lo sesenta esta misma historia volvió a repetirse siendo don Felipe Abárzuza y Oliva ministro de Marina.




miércoles, 7 de septiembre de 2016

Sobre la corrupción

Siempre lo he tenido muy claro: Ante un caso de corrupción, la función del partido no es esclarecer lo que ha ocurrido sino hacer todo lo necesario para que la Justicia no lo esclarezca. Todo ciudadano -un responsable político también- tiene derecho individualmente a luchar para ser absuelto por los tribunales, independientemente de que sea justo o no.

Quien así se manifiesta ha sido militante de un partido durante muchos años y hasta ha ocupado cargos relevantes.

-Mi contestación es la siguiente: Pero un partido que aspira a gobernar, y ya no digamos si gobierna, tiene que poner por delante los hechos. Y ni puede ni debe esconderse detrás de la Justicia. Amparándose en las tretas judiciales. Lo cual supone banalizar la corrupción.

Mi interlocutor, que tiene espolones y a quien le gusta discutir a calzón quitado, decide atacar: "Muy pocos de nosotros llevámos vidas que soportarían sin mengua un escrutinio minucioso, y yo creo que hay algo de mezquino en someter la vida de muchos políticos, puestos horriblemente al desnudo por las opiniones de innumerables ciudadanos, a un juicio moral".

-De acuerdo. Pero el político tiene contraído con la sociedad unos deberes sociales, morales y de patriotismo. Y, por lo tanto, ante cualquier sospecha de mangancia, le corresponde dimitir. La corrupción no es siempre de dinero; a veces, muchas veces, implica el privilegio. Precisamente, la odiosa palabra contra la que se alzaron los hombres de la Revolución francesa.

-¡Bah!, Manolo -dice mi oponente, poniendo cara de asco.

Y yo insisto sobre el privilegio. Es la palabra que separa, que divide, que hace distingos entre hombre y hombre, en esos dos aspectos que tanto afectan a las personas: el trato que reciben de la Ley y el que les depara las demás instituciones y organismos, según se trate de las clases privilegiadas o de la masa común, maltratada, atropellada, como si careciese de personalidad jurídica. Que si patatín, que si patatán.

¡Que si quiere arroz, Catalina! Pues mi interlocutor volvió a la carga:

Decía Unamuno que un político español era una persona que concedía destinos y un ciudadano español era una persona que los buscaba. Su descripción resultaba plenamente acertada respecto de lo que era la vida pública de la época. Pues bien, yo te digo, querido Manolo, que el clientelismo sigue gozando de la misma salud de otrora. Y aún más: "Aquí no trincamos todos porque no podemos".




viernes, 3 de junio de 2016

Desánimo y exasperación de muchos españoles

Innumerables españoles de todas las clases e ideales políticos se sienten desanimados y exasperados. La extendida corrupción causa vergüenza, desánimo e ira. La crisis económica ha reducido a las clases medias y medias bajas a pasar grandes estrecheces y a muchas otras familias a la inanición. Existen ciudadanos, por su condición de vergonzantes, cuyos sufrimientos son indecibles por tener que vivir de la caridad.

La sensación que da la España de hoy es la de un país cuyo camino, no diré a la prosperidad, sino simplemente a unas condiciones humanamente tolerables, se halla bloqueado. Así que la pobreza y la miseria campan por sus respetos en el país europeo donde era más fácil hacerse rico, según dijo Carlos Solchaga, ministro socialista, en un momento en el cual parecía que nuestros gobernantes eran los más listos del mundo mundial.

Por si no fuera bastante con saber que hay multitud de jóvenes, y menos jóvenes, que salen todos los días a la búsqueda de trabajo para comer y que acaban regresando a sus hogares como el Lazarillo de Tormes que a todos nos cautivó, también nos ha tocado ser testigos de cómo los políticos se odian cordialmente y han hecho de sus desencuentros la nota predominante. Así, amén de no haber sido capaces de formar Gobierno, los políticos siguen dando muestras visibles de que no están por la labor de aunar voluntades para sacar al país de la sima en la cual se encuentra. Lo que está agotando la paciencia de los ciudadanos.

Hoy viernes, cuando escribo, he tenido que oír una conversación entre personas tan instruidas como bien situadas, que hablaban de la necesidad de contar en España con alguien de la categoría de Blas Piñar. Es decir, se pronunciaban a favor de una vuelta al pasado franquista. Y lo hacían con total convencimiento y con unas energías dispuestas a la no aceptación de cualquier otro parecer. Tales opiniones han vuelto a brotar al par que las correspondientes al comunismo. Debido a que desde hace años el terreno está abonado para que reaparezcan los extremismos.

De modo que uno ha llegado a la siguiente conclusión: cuanto más se lea sobre política, más se tiene que admitir que cada partido es peor que el otro. Aunque bien es verdad que sólo nos queda el consuelo de repetir a cada paso, y sobre todo en momentos tan cruciales como se avecinan a finales de junio, que la democracia sigue siendo el menos malo de los regímenes. Y, por lo tanto, ojalá acertemos los españoles en las urnas.

Ya que estamos necesitados, para un puesto de tanta responsabilidad, como es el de presidente de Gobierno, de un hombre con brío y capacidad de mando. De no ser así, cualquier día nos sale un Fulano diciendo que los españoles se han cansado ya de tanta libertad. Y sólo nos cabrá decir, otra vez, lo siguiente: ¡A mandar, que para eso estamos!

viernes, 20 de noviembre de 2015

Franco y la corrupción

Fechas atrás, Bertín Osborne, quien goza actualmente de máxima y merecida popularidad, gracias a ese magnífico  programa de entrevistas que conduce en TVE, titulado en 'Tu casa o en la mía'. alzó la voz para decir que hablar de Franco -o de ese tío- sobraba. Que se imponía olvidarlo. Y alegaba que él también lo había hecho con quienes mataron a varios de sus tíos en Paracuellos de Jarama.

La evolución política de BO es indudable. Aunque semejante transformación no debería ser motivo para que él nos diga que dejemos de hablar del dictador en el cuarenta aniversario de su muerte. Algo que, según Bertín, suele encabronarlo. Pues la historia de España, en este caso, la que corresponde a 36 años de franquismo, siempre ha de permanecer viva por razones obvias. Por tal motivo, yo escribiré hoy de Franco y la corrupción.

¿Saben ustedes, por ejemplo, cómo se comportaba el jefe del Estado cuando algún ministro se atrevía a informarle de cómo la corrupción se había instalado en todos los organismos oficiales? Pues he aquí dos anécdotas. La primera es contada por el doctor don Antonio Puivergt, el gran urólogo catalán, en Mi vida y otras más... Libro de sus memorias. Reza así:

Era la época de las restricciones de gasolina derivadas del bloqueo económico mundial al régimen español. Y don Blas Pérez, catedrático de Derecho Civil y ministro de la Gobernación, durante años comprendidos entre los cuarenta y los cincuenta, obtuvo una lista nominal de los usuarios de 4.600 coches oficiales destinados al servicio familiar de personajes con cargo oficial. Y se la mostró a Franco, con la información de los miles de litros de gasolina que aquellos coches consumían. Un dispendio en toda regla.

El jefe del Estado la revisó con minuciosidad, informándose a fondo. Luego le dijo simplemente:

-De esto ya hablaremos otro día.

Como quiera que ese "otro día" no llegaba, Blas Pérez, pasado un  tiempo prudencial, volvió al Pardo a plantear el tema.

Franco, después de revisar la lista de nuevo le respondió: "Guárdese usted la lista; sólo conseguiría hacerme 4.600 enemigos más. No interesa.

Veintitantos años después, siendo ministro de Marina el almirante don Felipe Abárzuza y Oliva, sucedió lo mismo. Esto es, Abárzuza le expuso a Franco los mismos problemas de corrupción que había denunciado en su día el ministro de la Gobernación, Blas Pérez, pero aumentados por el transcurrir de los años. Y el Caudillo volvió a manifestarse de igual manera. De este hecho, quien escribe, pudo enterarse por estar diariamente al servicio de los ayudantes del ministro entre 1961-1962.

En rigor, se puede hablar de Franco, aunque no le guste a Bertín Osborne o lo mande el sursuncorda, en el cuarenta aniversario de su muerte o cuando toque o venga a cuento... Otra cosa es que no hay ya por qué dramatizar y tampoco es conveniente hacer uso de su nombre como motivo de discordia entre españoles.

jueves, 16 de abril de 2015

Rodrigo Rato ha sido detenido

Fue ministro de Economía y vicepresidente segundo del Gobierno presidido por su amigo José María Aznar. El cual estuvo en un tris de usar su dedocracia para convertirlo en su sucesor. Pero aún no se sabe por qué cambió de parecer y en el tiempo de reflexión decidió que fuera Mariano Rajoy. Lo que deja entrever que Aznar podría haber estado ya al tanto de presuntos comportamientos indeseables de quien era un  excelente parlamentario: irónico, seguro y directo.

A partir de ese momento, es decir, en el preciso instante en que Rodrigo Rato se vio repudiado por su amigo josémaría, la suerte se alió con él: fue nombrado, nada más y nada menos, director gerente del Fondo Monetario Internacional. Cargo remunerado con una pastizara de las que causan mareos a granel. Luego dirigió el grupo financiero Bankia. Y acabó desempeñando el cargo de consejero de no sé qué allende los mares.

RR, siendo el gran hombre de Bankia, visitó Ceuta en febrero de 2012 .y fue agasajado como si hubiera llegado a Ceuta un redivivo  doctor Fleming -inventor de la penicilina-, y a mí me dijo, entonces, un empleado de la banca, que sabía y sabe más que Lepe, que el gran Rodrigo era más rico que Creso. Y que, a pesar de tener la suerte de los quebrados, en cualquier momento podría ser detenido. Y a mí me dio por publicarlo con las precauciones debidas.

Tres años han transcurrido desde que a mí me pusieron al tanto de cómo tan grande economista y reputado político, símbolo de la mejor derecha presidida por Aznar, estaba jugando con fuego y podría, por tanto, arder como una pira. Por más que socialistas y populares estuvieran haciendo la vista gorda acerca del tejemaneje financiero de Rato. Así que hoy, que es jueves, nada más enterarme de que Rodrigo Rato ha sido detenido, por presuntos fraudes, lo primero que se me ha venido a la memoria es lo enterado que estaba mi amigo el bancario de los trapicheos que se traía don Rodrigo. Que no son cualquier cosa. Puesto que la Fiscalía lo acusa de presunto fraude, alzamiento de bienes y blanqueo.

Ahora bien, muy mal debe llevarse Rato con la actual cúpula de su partido como para que ésta haya permitido que uno de sus miembros más destacado y selecto, con fama y prestigio, esté pasando por un trance tan difícil. Para hacernos creer que la ley es igual para todos. Y que el sistema funciona.
Por cierto, el abuelo y el padre de Rodrigo Rato -a quien conocí y tuve la oportunidad de conversar mucho con él- también fueron acusados de fraudes y tuvieron que pasar una temporada entre rejas. Ocurrió en tiempos de Franco. Y es que las grandes fortunas,  por más vueltas que les demos, salvo raras excepciones, no se hacen laborando. Sino... ya saben ustedes cómo se logra el pareado.

domingo, 15 de marzo de 2015

Los políticos son mirados con desprecio

Yo no sé si el poder, además de corromper, embrutece, o si un grado notable de degradación moral, restringe la política a la gente más mediocre, pero la impresión es que el nivel de nuestros gobernantes y sus expertos asesores resulta más bajo que nunca. Sería absurdo negar que los políticos no llevan ya años siendo mirados con desprecio. Parece mentira que los políticos no quieran darse cuenta de que la aversión que la gente siente hacia ellos no cesa. Y cada vez son más los ciudadanos que no se cortan lo más mínimo a la hora de despellejar a una clase política carente de credibilidad.

En todos los pueblos de España sigue latente la marea del descontento contra quienes vienen mandando pero no gobernando. Que es lo peor y más peligroso que le puede ocurrir a quienes ostentan poder. Durante muchos años, testigos estamos siendo de cómo muchas personas se dedican a la política por necesidad, porque no saben hacer otra cosa. Personas que, aprovechándose de las listas cerradas de los partidos ocupan cargos importantes y, de la noche a la mañana, su tren de vida les hace sospechosas de no tener escrúpulo alguno a la hora de poner el cazo.

La corrupción de los políticos, y perdonen que no me canse de redoblar el tambor, recién instaurada nuestra democracia, fue vista como algo natural. Yo recuerdo haber opinado sobre los trincones, en aquel tiempo, y obtener la siguiente respuesta: "No deja de ser tonto quien no se aproveche de su cargo para hacerse rico cuanto antes. Es más, seguían dando su parecer, quien no lo hace está mal visto por los suyos y, además, le hacen la vida imposible".

De aquellos años, cuando en España se hablaba de política a todas horas y en todos los sitios, yo podría referir no pocas historias de políticos desvergonzados. De políticos carentes de dignidad y que vivían todo el tiempo pensando en cómo llenar la faltriquera. Eran los mismos que solían decir que el buen político era el que lograba impedir que la gente metiera las narices en lo que sí les importaba. Es cierto que la corrupción comenzó a imperar en la política porque los poderes públicos tienden siempre a protegerse más a sí mismos que a la sociedad a la cual deberían servir en todo momento y qué mejor servicio, entre otros muchos, que haberse tomado en serio a los corruptos.

La mejor manera era, y sigue siéndolo, someterlos a una persecución  implacable, para que acabaran pagando sus desmanes. Pero no fue así, salvo casos contados; y, claro, los años de la democracia fueron transcurriendo bajo la adaptación de la gente a lo que se había convertido en algo habitual: que muchos políticos formaban parte del moderno patio de Monipodio. El derroche de dinero público estaba a la orden del día y, peor aún, que los ladrones no estaban mal vistos. Y al político que cogían metiendo la mano, uno de higos a brevas, éste era calificado de memo por haber dejado huellas suficientes para ser descubierto.

Verdad es que los tiempos han cambiado. Debido a que la clase media hace ya mucho que se ha perdido y sus miembros andan que se suben por las paredes. Y me  imagino que muchos de ellos estarán deseando acudir a las urnas para depositar el voto de la venganza. Mi parecer es que, sobre todo en las elecciones generales, surgirá el voto del resentimiento contra quienes no han tenido piedad con esa gente que ha pasado de vivir decentemente a tener que acudir a comedores sociales. Existe, porque se palpa, un sentimiento negativo contra los políticos. Y se lo han ganado con creces

viernes, 13 de febrero de 2015

Anécdota sobre la corrupción

Antonio Puigvert, uno de los eminentes eurólogos del mundo, cuenta en el libro Mi vida... y otras más, una anécdota relacionada con Blas Pérez Francisco Franco. BP era catedrático de Derecho Civil, y fue nombrado en aquel entonces ministro de la Gobernación. Conviene decir cuanto antes que los ministros, en aquellas fechas, no eran mucho más que secretarios de despacho. Dice el doctor Puigvert que, paseando por el Rastro con BP, éste le contó una curiosa escena que le había sucedido con el Jefe del Estado.
Era la época de las restricciones de gasolina derivadas del bloqueo económico mundial al régimen español. Don Blas Pérez obtuvo una lista nominal de los usuarios de 4.600 vehículos oficiales destinados al servicio familiar de personajes con cargo oficial. Y se la mostró a Francisco Franco, con la información de los miles de litros de gasolina que aquellos coches derrochaban.
El Jefe del Estado revisó la lista con minuciosidad, informándose a fondo. Luego le dijo simplemente: "De ésto ya hablaremos otro día". Como quiera que ese "otro día" no llegaba nunca, Blas Pérez, pasado un tiempo que consideró prudencial, volvió al Pardo a plantear el tema. Franco, después de revisar la lista de nuevo le respondió: "Guárdese usted la lista, sólo conseguiría hacerme 4.600 enemigo más. No interesa".
Cuando leí esta anécdota, hace ya bastantes años, inmediatamente me acordé de otra similar ocurrida entre don Felipe Abárzuza y Oliva, ministro de Marina, y Franco. El almirante Abárzuza, un hombre de verdad, decidió en los sesenta decirle a Franco lo mismo que le había dicho Blas Pérez. Y recibió la misma respuesta. Eso sí, Franco conocía los nombres de todos los corruptos y, por tanto, los tenía siempre sometidos a su voluntad.
Traigo a colación este lance, que a buen seguro será desconocido por mucha gente, para decir a continuación que, recién instaurada la democracia en España, la corrupción principió a florecer como la mala hierba. Avivada, sin duda alguna, por las declaraciones que hizo Carlos Solchaga, famoso ministro socialista: "España es el país europeo donde es más fácil hacerse rico". Y, ante esa manifestación, cundió entre los españoles el siguiente lema: Hay que llevárselo crudo cuanto antes, si no queremos que se nos tache de tontos. 
De aquellos polvos vienen estos lodos de una corrupción casi generalizada entre políticos y sindicalistas y en los sitios menos esperados. Ahora bien, tiempos atrás, dado que la clase media vivía como debe hacerlo, hablar de corruptos estaba mal visto. Penalizado, vamos. Así que pobre de quien se atreviera a denunciar a fulanos que se lo estaban llevando crudo por la jeta. Pues inmediatamente era objeto de las iras de los que estaban convencidos de que el dinero no era de nadie. Y que estaba al alcance del primer Bárcenas, por ejemplo, que decidiera apropiárselo.