Blog de Manolo de la Torre


Entrenador de fútbol, ha ejercido la profesión 19 temporadas. Escritor en periódicos,
ha publicado una columna diaria, durante dos décadas, en tres periódicos ceutíes.

martes, 10 de diciembre de 2019

Obras de Ortega y Gasset


Hoy me ha dado por elegir Obras de Ortega y Gasset. Libro que he sido capaz de leer dos o tres veces. Dejando las pestañas en el ejercicio. También sus innumerables páginas han ido envejeciendo conmigo. Por más que las haya cuidado como oro en paño. La reflexión de don José Ortega y Gasset sobre España, desarrollada en su obra, La España invertebrada, me ha llevado nuevamente a ese punto de su discurso cuando expone su conclusión -que desarrollaría de un modo más general en La Rebelión de las masas, obra tachada de elitista y antidemocrática por sus críticos- acerca de lo que es una nación.

Una nación -decía Ortega y Gasset- es una masa humana, organizada y estructurada por una minoría de individuos selectos. Cuando en una nación la masa se niega a ser masa, esto es, a seguir a la minoría directiva, la nación se deshace, la sociedad se desmembra y sobreviene el caos social, la invertebración histórica. De este modo Ortega y Gasset llegó a pensar que el llamado "problema de España era en realidad un problema de dirección y de falta de dirigentes".

Ni que decir tiene que los tiempos son otros. Aunque tampoco es menos cierto que la falta de dirigentes sigue siendo un hecho patente. En España ha habido siempre simpatía y respeto por lo inútil. La primera manifestación del poder consiste en colocar a gente próxima; antes se contrataba a parientes carnales -aún perdura la costumbre- y ahora a parientes políticos, militantes del partido que reclaman del jefe las lealtades. Esas legiones clientelares sobredimensionan la Administración ineficaz y mal organizada y contribuyen al rencor popular contra la función pública.

Una sociedad en la que la clase política está desacreditada puede correr serio peligro, y la corrupción incluso puede llevar a la quiebra del Estado de derecho. Por otra parte, siempre se ha dicho que lo más grave de la corrupción no es el enriquecimiento privado de ciertas personas, a pesar de ser la que más irritación provoca en la población, sino los serios problemas de gobernabilidad que plantean: crisis de legitimidad del sistema, desconfianza en el funcionamiento del sistema económico, generación de influencias econonómicas.

Un político me dijo, no hace mucho, que desde que salió a relucir el caso de los ERE y de la Gürtel, cundió el miedo entre la clase política. Y que ahora el personal se tienta la ropa antes de meter la mano en la caja. Aunque, según he leído en es diario, noticia firmada por Antonio Martín Beaumont, Podemos tiene ya su Barcenas. Precisamente, cuando Pablo Iglesias está convencido de que será pieza principalísima del Gobierno presidido por Pedro Sánchez.

Pero tampoco conviene olvidar las muestras de poderío innecesario que vienen dando los políticos desde hace ya bastantes años. Uno los ve por televisión, llegando al Congreso de los diputados como si fueran estrellas paseando por la alfombra roja de los Oscars. Tal vez estimulados por saber que tendrán una jubilación superior al resto de los mortales por hacer lo que más les gusta: lucir palmito, sentirse importantes y hacer de la mentira diaria el mejor de los ejercicios. Algunos dicen, entre bastidores, que no sabrían vivir sin la política activa ni de la política. Son los más peligrosos.      
 














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