Blog de Manolo de la Torre


Entrenador de fútbol, ha ejercido la profesión 19 temporadas. Escritor en periódicos,
ha publicado una columna diaria, durante dos décadas, en tres periódicos ceutíes.

jueves, 23 de abril de 2020

Los políticos encajan muy mal las críticas adversas


Las polémicas declaraciones de José Manuel Santiago Marín -Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil- sobre la 'caza de bulos' para minimizar las críticas al Gobierno, siguen siendo motivos de reprobaciones. A pesar de que han pasado ya varios días desde que el distinguido general cometiera, según el ministro Fernando González-Marlaska, un lapsus que sigue coleando. Aunque el ministro de Interior también hubiera podido disculpar al general achacando la equivocación al correr de la pluma.

La libertad de expresión nunca ha sido bien vista por quienes nos gobiernan. Ya sean autoridades muy principales o monterillas. Todos los cargos políticos encajan muy mal las críticas adversas. Ni siquiera la instauración de la democracia ha evitado que siga habiendo mucha gente que no se atreva a decir ni pío contra el baranda de turno por miedo a sufrir las represalias correspondientes. Sobre todo en las ciudades pequeñas. Tampoco los medios de comunicación, salvo rara excepción, son muy dados a complicarse la existencia.

Los medios de comunicación son empresas. Los empresarios tienen que ganar dinero. Y los dineros no llegan a sus bolsillos por arte de birlibirloque, sino que han de agradar sobremanera a quienes manejan los euros públicos. Sí, ya sé que la publicidad institucional es un derecho que les asiste a los editores. Pero tampoco es menos cierto que los políticos con mando en plaza tienen casi siempre la sartén por el mango.

Por ejemplo, Francisco Fraiz Armada -alcalde de esta ciudad- cerró El Periódico de Ceuta. Cometió semejante tropelía en septiembre de 1991. Lo hizo valiéndose de un ardid con el fin de acabar con las críticas que recibía por comportarse como un cacique atrabiliario. Aquel atropello fue portada de El Mundo y ABC. Acompañadas con artículos de sus respectivos directores: Pedro J. Ramírez y Luis María Anson. Cuando el Tribunal Supremo de Andalucía dio la razón a El Periódico de Ceuta, su editor prefirió hacer mutis por el foro.

En esta ciudad, como en casi todas, hay siempre individuos con los que nadie quiere tener el menor disentimiento. Por miedo a verse empitonado de mala manera por la femoral de las desgracias ininterrumpidas que pueden acaecerle. Sucedió cuando el GIL ganó las elecciones en 1999. Surgieron elementos que paseaban la calle bamboleándose con la misma destreza que lo hacían los pistoleros del Far West. Miraban inquisitivamente a quienes no eran de su cuerda. Es decir, que se negaban a ser 'gilistas'. Y aprovechaban cualquier motivo para recordarles que le harían la vida imposible. Incluso no dudaban en recordarnos que el barco salía a las ocho.

Muchos de ellos, cuando el GIL cayó en desgracia, se afiliaron al PP para seguir disfrutando de las canonjías recibidas por Antonio Sampietro y su tropa. Un día entrevisté a nuestro alcalde y le pregunté cuál era la razón por la que les había dado cobijo a quienes habían transitado las calles subidos en una batea de camión, vitoreando a Jesus GIL y arremetiendo contra el Gobierno presidido por Jesús Fortes. "Porque eran personas muy válidas", me dijo.

Pronto cumplirá Juan Vivas veinte años como alcalde. Lo cual no deja de ser una barbaridad. Cualquier otro se hubiera ya hastiado de acudir al mismo despacho y hasta de ver todos los días las mismas caras de aduladores y aduladoras que han ido encorvándose de tanto doblar la cerviz ante él. Tampoco sé si le afectarán las decisiones adoptadas contra quienes decidieron no bailarle el agua por sistema.

En rigor, creo que hay que estar hecho de una pasta especial para aceptar, como si tal cosa, que sus mayores enemigos son los que más necesitan mantenerlo en el poder. Tal vez porque ellos siguen convencidos de que más vale lo malo conocido... Es, sin duda alguna, lo más destacado que yo veo en nuestro alcalde. Lo que digo no es ningún bulo. En absoluto. Se trata de una opinión y por tanto no puede ser censurada. Es la ventaja que tenemos los que somos mínimamente independientes.













  






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