Hasta el punto de que no sería extraño que Álvaro Arbeloa fuera despedido por Florentino Pérez. De producirse ese hecho, conviene recordar que sería el tercer entrenador en ser destituido en menos de un año. El primero fue Carlo Ancelotti. Del técnico italiano se dijo que la decisión de marcharse había sido tomada por él. Su sustituto, Xabi Alonso, duró menos que una naranja en la puerta de un colegio. Y el club decidió darle la oportunidad de sentarse en el banquillo a un exjugador y técnico en el Castilla: El ya reseñado Álvaro Arbeloa.
No cabe la menor duda de que los cambios de entrenadores no siempre influyen positivamente en el rendimiento del equipo. Algo que ha ocurrido hasta ahora en el equipo merengue. Y por consiguiente sería conveniente que alguien tomara nota si en el vestuario existen dos o tres grúpuscolos enfrentados. Y dirigidos cada uno por distintas de las figuras más relevantes. Del Madrid se viene hablando cada día en los medios de comunicación de los problemas que se generan alrededor de Vinicius Juniór. Lo cual acaba siendo contraproducente para la estrella brasileña y asimismo para la plantilla.
Muchos son los entrenadores que sueñan con dirigir al considerado mejor club del mundo. Es decir, el Real Madrid. Aun a sabiendas de que es una misión muy difícil. Puesto que hay que ganar casi siempre y además tener contentos a todos los componentes de la plantilla. Tarea complicada; máxime si en el caso que nos ocupa hay futbolistas que no defienden como mandan los cánones del deporte rey. Por lo tanto, mucho me temo que Álvaro Arbeloa esté tragando quina. O sea, soportando actuaciones que le desagradan en extremo. Y que no corrige con mano dura. De modo que no se hacen las cosas como él desea. Y por consiguiente las broncas de los aficionados irán dirigidas a él. Triste sino. Aunque esté bien remunerado.
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