Blog de Manolo de la Torre


Entrenador de fútbol, ha ejercido la profesión 19 temporadas. Escritor en periódicos,
ha publicado una columna diaria, durante dos décadas, en tres periódicos ceutíes.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Cometido peligroso



Los periódicos son necesarios. Porque, como decía Cándido (Carlos Luis Álvarez), la actualidad no ocurre, se crea. Si no existiesen periodistas, no habría actualidad. Habría sencillamente hechos. El periodismo es una profesión en la cual el periodista debe escribir a gran velocidad porque si no corre el riesgo de que, al llegar al último renglón, ya no tenga actualidad el primero. Por tal motivo no es fácil ser periodista.

La prensa siempre es perversa para los políticos, incluso cuando ésta se queda corta en los ditirambos que les dedican. La prensa libre puede ser desde luego buena o mala pero, con toda seguridad, sin libertad no puede ser más que mala. Algo por el estilo dijo Albert Camus. Todavía hay directores y editores de periódicos que proclaman que la credibilidad es el principal activo de un periódico. Y, de tanto insistir acerca de ello, han llegado a creérselo.

Menos mal que también los hay que no se cortan lo más mínimo en llevarles la contraria y lo hacen de tal guisa: “Hay que ser muy, muy tonto o muy cínico para seguir postulando hoy la objetividad informativa”. Ahora bien, a los periodistas hay que reconocerles la habilidad que han de tener para vencer el desafío de llenar el espacio diariamente.

Las máximas aspiraciones de los editores de periódicos son atesorar poder y mediante éste hacerse notar. Son empresarios y por tanto van a la búsqueda y captura del dinero. Puede que alguna vez haya habido algunos, tan sumamente ricos, que hayan presidido un periódico por el mero deseo de darse ese capricho. Aunque, más pronto que tarde y por razones obvias, también acabarían sucumbiendo a las tentaciones del poder político.

La prensa, desde la crisis económica, está pasando por un mal  momento. Sobre todo los periódicos de papel. Los gastos siguen siendo muchos y los ingresos por ventas y publicidad fueron menguando considerablemente. En suma, que los periódicos, sobre todo los locales y en algunos sitios, siguen manteniendo el tipo gracias a las subvenciones institucionales. Las cuales producen permanentes desencuentros entre sus propietarios.

De semejantes enfrentamientos, uno podría decir alguna que otra cosa. Pero es un tema que a mí no me concierne. Si bien me permitiré decir que entiendo perfectamente las razones que asisten a Emilio Carreira para decir lo siguiente: “No voy a asumir en solitario ninguna competencia sobre comunicación”. Y acierta el consejero. Porque para desempeñar ese cometido hay que tenerlos como el caballo de Espartero. Y aun así, créanme, le puede dar un soponcio a quien acepte semejante embolado. 

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