Blog de Manolo de la Torre


Entrenador de fútbol, ha ejercido la profesión 19 temporadas. Escritor en periódicos,
ha publicado una columna diaria, durante dos décadas, en tres periódicos ceutíes.

viernes, 2 de marzo de 2018

Pegando la hebra con AG


AG y yo nos vemos muchas veces. Sobre todo por las mañanas. Cuando ambos paseamos por la Avenida de Martínez Catena. Y, tras los saludos de rigor, cada uno sigue su marcha mediante el ritmo que le apetezca. Hoy, dada la inclemencia del tiempo, decidimos enclaustrarnos en el Hotel Parador La Muralla para charlar ante un humeante café.

AG es un tipo conservador, educado, amable, y doy fe de que nunca, ni siquiera cuando se lo pedían con inusitado interés, accedió a ingresar en las filas de un partido ganador. Sabiendo, además, que perdía una gran ocasión de haber participado en la política activa de manera destacada. Sigue diciendo que nunca se ha arrepentido de la decisión que tomó hace años.

En vista de que siempre hemos intercambiado impresiones sin temor a pecar de indiscreto, a mí se me me ocurre decirle que le gusta charlar más que a mí. Que no es poco. Y su respuesta fue la siguiente: "Me gusta charlar, porque la charla es uno de los placeres que nos legaron los griegos; pero procuro charlar poco con quienes pueden embrutecerme".

Cuando saco a relucir la cuestión catalana, AG cree que en Cataluña ya nadie sabe lo que es verdad y lo que es mentira. Y que todo se mezcla como si fuera una aleación de hachís. Nada anormal, según él, en una tierra donde el anarquismo dejó secuelas. Así que esa pasión, sigue diciendo, con la que se manifiestan los independentistas es, poco más o menos, el motor que aglutinaba las fuerzas de la CNT más activa y eficaz en la clandestinidad que ningún otro grupo. Allá en el primer tercio del siglo XX.

De pronto, mi interlocutor me dice que es lector diario de cómo yo sigo empecinado en ir siempre en contra de la opinión casi generalizada del mundo del fútbol. Como esos peces de río que nadan contracorriente para tragarse el oxigeno de las aguas salvajes.

Y, claro es, no tengo más remedio que contestarle. Bien sabes tú, amigo AG, y si no yo te lo digo, que la opinión ajena me trae perfectamente sin cuidado; lo que los demás murmuren de mí no me hará variar jamás de conducta. Lo que si trato por todos los medios es opinar haciendo de la serenidad virtud. Puesto que cuando no nos apasionan los problemas decimos menos tonterías.

Mi amigo me pide, una vez más, que su nombre no salga a la luz.






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