Blog de Manolo de la Torre


Entrenador de fútbol, ha ejercido la profesión 19 temporadas. Escritor en periódicos,
ha publicado una columna diaria, durante dos décadas, en tres periódicos ceutíes.

domingo, 1 de abril de 2018

Diego Vitori Cabeza

Debido a que he leído, fechas atrás, noticias sobre la masonería y el acto que se va a celebrar en Ceuta, durante los días 15 y 16 de mayo, en un salón del edificio municipal, me ha extrañado no ver citado entre los alcaldes masónicos a José Vitori Goñalons. Quien fue alcalde de Ceuta en la Segunda República. Perseguido y encerrado en el monte Hacho, nada más finalizar la guerra entre las dos Españas, murió en el año 39.

De él, cuyo nombre aparece inscrito en una calle céntrica, hablé con uno de sus hijos, Diego Vitori Cabeza, en julio de 1996. Aprovechando que se encontraba en  Ceuta, en viaje de visita, pues llevaba ya viviendo en Venezuela desde hacía más de dos décadas. Tenía entonces sesenta y tres años y no dudó en hacer un ejercicio de memoria para contarme unas impresiones que el paso del tiempo no habían logrado desvanecer.

Aunque DVC reconoció que el drama vivido le cogió muy niño y los recuerdos, por tanto, pecan de vaguedad. A mí, sin embargo, me dio la impresión de que era un hombre que no quería, bajo ningún concepto, insistir acerca de un pasado muy manoseado ya por los dos bandos enfrentados a muerte. Mi charla con él, grabada como entrevista, fue publicada el 25 de julio de 1996. Y he decidido espigar de aquella conversación algunos datos.

¿Donde nació su padre?

"Mi padre era mahonés y vino a Ceuta a cumplir con sus deberes militares. Conoció a mi madre, a la que sí habían nacido en esta tierra, y se quedó aquí. Llegó a ser alcalde durante la Segunda República. Y lo persiguieron por pertenecer a la masonería".

Mi entrevistado se acordaba de haber vivido encima de lo que entonces era Restaurante "El Vicentino". Me contó que su madre había parido siete hijos y que los dos primeros murieron cuando apenas habían cumplido 16 meses. Y me habló con los ojos humedecidos por las lágrimas del parecido de su padre con él: "Era bajito, metido en carnes y con entradas. Tal y como soy yo".

Le pregunté si su padre había sido fusilado. Y respondió así: "Por lo que he oído, infinidad de veces, parace ser que mi padre murió reventado por causa de una paliza que le dieron. Recuerdo que vi pasar su entierro por el Llano de las Damas. Pues nosotros vivíamos ya en la Cuesta de Otero".

Hubo un momento en el cual Diego Vitori Cabeza echó mano del pañuelo para contener la emoción. Y, tras unos segundos de silencio, respondió de tal guisa: "Recuerdo que vi pasar su entierro. Lo llevaban en un coche de caballos y como acompañante iba únicamente un tío de mi madre. Porque, siendo quien era, y dado los tiempos que corrían, nadie se atrevió a darle el último adiós".

De mi madre puedo decirle que se quedó con la enorme tarea de tener que sacar cinco hijos adelante. El mayor había cumplido 12 años. Menos mal que ella logró vender unos terrenos que había cerca de la fábrica Weill. Cierto es que a la pobre la engañaron. Dado que le dieron 20.000 mil pesetas por unos terrenos que valían mucho mas. 

De su marcha a Venezuela mi entrevistado me dijo que con su apellido, durante la dictadura, le resultaba imposible encontrar un trabajo. Así que decidió seguir los pasos de sus hermanos que se habían instalado allí con éxito. Por último, me pidió que dijera a ver si era posible destacar más el nombre de su padre en la calle que lo ostenta. Y así lo hice.





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