Blog de Manolo de la Torre


Entrenador de fútbol, ha ejercido la profesión 19 temporadas. Escritor en periódicos,
ha publicado una columna diaria, durante dos décadas, en tres periódicos ceutíes.

miércoles, 13 de marzo de 2019

Simeone y Zidane


Hace ya varios meses opiné del Atlético de Madrid y de cómo sus jugadores dependían de las misiones encomendadas por su entrenador. Disciplina táctica impuesta a rajatabla. Lo explicaba así: El Atlético no hace sino jugar a lo que quiere El Cholo Simeone y se emplea con armas de equipo pequeño pero con jugadores aguerridos, veloces, disciplinados, con calidad y dispuestos en todo momento a no salirse del guión establecido por el jefe. Y quien no se amolda a las reglas establecidas por el entrenador pasa al ostracismo en un periquete.

En el equipo colchonero se reparten misiones concretas. Así que cada jugador sabe a qué atenerse. Cuando los rivales atacan a tumba abierta, Simeone no exige florituras para defenderse. Incluso permite que su equipo responda como lo haría cualquier conjunto de poca monta. Eso sí, el Atlético cuenta con una afición entregada a la causa y sobre todo a su entrenador. Y soporta todo lo habido y por haber con gran resignación.

Semejante apoyo no lo tiene en las grandes citas, lejos de su estadio, y los éxitos no llegan. Aunque mentiría si no dijera que las derrotas, como la de ayer en el Estadio Juventus, no merman la credibilidad de Simeone ante la hinchada rojiblanca.  A lo mejor es que los periódicos deportivos, en este caso, se abstienen de hacer sangre. Todo lo contrario a lo que sucede con el Madrid. Y no me digan que la causa radica en que al Atlético se le sigue considerando el vecino pobre... Lo cual no deja de ser una trola.

A propósito, los periódicos deportivos han tardado nada y menos en informarnos de que Marcelo e Isco han decidido, tras el regreso de Zidane, trabajar duramente y por su cuenta para recuperar el tiempo que han perdido cuando estaban a las órdenes de Santiago Hernán Solari. En el caso de Isco se daba, además, la circunstancia de que le costaba trabajo hasta cumplir con el requisito de pesarse todos los lunes. Quizá porque los lunes se los pasaba tomando baños de sol. De momento, la llegada de ZZ ha servido ya para estimular a dos futbolistas convencidos de que pueden imponer en el Madrid su libre albedrío.

Ambos jugadores, es decir, Isco y Marcelo, Marcelo e Isco, conocen perfectamente de qué pie cojea ZZ, y también saben al dedillo que el entrenador recién llegado, tras la destitución de otro, lo primero que incluye en su discurso es que no tendrá en cuenta lo que haya ocurrido anteriormente. Que para él todos parten de cero. Y se harán notar en los entrenamientos para ser titulares ante el Celta. Y a partir de ahí, aprovechando el dicho de que a entrenador nuevo victoria segura -ojalá se produzca-, intentarán distinguirse. Y así, amén de cumplir con sus obligaciones, sembrarán la semilla del odio contra Solari por haberlos tratado como merecían.

Ahora bien, conviene recordar que Zidane ya sufrió en su día la anarquía de Marcelo y, cómo no, la imposibilidad de que Isco se ciñera a jugar en el sitio donde su rendimiento era el más adecuado para el equipo. Y hasta creo recordar que en varias ocasiones mostró su desagrado al ser sustituido. Pero, al margen de situaciones nada agradables y que suelen darse en todos los equipos, el problema de ZZ radica en que no debe dejarse engañar. Que para eso ha sido cocinero antes que fraile. Y de los buenos. De no ser así, mucho me temo que no logrará acometer como debe la renovación que ha de llevar a cabo.

En lo tocante a las atribuciones desmedidas que se viene tomando Sergio Ramos, el conocido por el sobrenombre de El Gran Capitán, Zidane no debe bajo ningún concepto hacerse el desentendido; pues, si la memoria no me falla, fue él quien le permitió acceder a privilegios que ni le correspondían ni eran convenientes para mantener la disciplina en la plantilla. En rigor, a Zidane le espera una tarea tan ardua como compleja. Aun así, a ver si es verdad que sus aciertos son tan grandes como para llevarle la contraria a esa expresión tan manida: "Segundas partes nunca fueron buenas". O sea.









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