Blog de Manolo de la Torre


Entrenador de fútbol, ha ejercido la profesión 19 temporadas. Escritor en periódicos,
ha publicado una columna diaria, durante dos décadas, en tres periódicos ceutíes.

miércoles, 24 de abril de 2019

Pablo Iglesias ha tenido su camino de Damasco


Debo confesar mi desinterés por los debates políticos. Sobre todo porque las mentiras de los candidatos más que irritarme me producen aburrimiento y somnolencia. Recuerdo uno en el cual participó Soraya Sáenz de Santamaría, representando a Mariano Rajoy, para discutir con Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias, que me mantuvo en tensión por el mucho sufrimiento que reflejaba la cara de la entonces vicepresidenta del Gobierno del PP, por mor de esa obligada permanencia de pie, durante una hora y media, ante un atril. Así que escribí entonces al respecto para condolerme de ella.

Mentiría si dijera que la compasión me pudo por la causa expresada en el primer párrafo, durante el debate celebrado ayer por la noche.  Sí, ya sé que alguien podría hablarme de la resistencia física de las mujeres. Vamos, que hace ya mucho tiempo que se acabó el viejo mito de la Dama de las Camelias. Y hasta podría ponerme el ejemplo de las mujeres que trabajan de pie cuando esperan un hijo. Y que, por lo tanto, son más fuertes que los hombres. En fin, que anoche no tuve motivo alguno para impedir los bostezos que no cesaban de martirizarme.

Menos mal que hubo momentos en los que Pablo Iglesias evitó que diera una cabezada. Y me explico: las intervenciones del candidato de Unidas Podemos parecían ser las de un personaje que ha tenido su camino de Damasco. Y me frotaba los ojos para no perderme detalle de la conversión de PI. En esta ocasión, nuestro hombre, aunque poniendo ceño, como es habitual en él, nos mostró la versión de alguien dispuesto a seguir los pasos del Santiago Carrillo de la transición. Y hasta me reí a mandíbula batiente cuando le dijo a Rivera que era un maleducado. Un impertinente...

Y debo admitir, por más que PI me haya parecido siempre un tipo cursi, la mucha razón que lleva cuando se refiere a los que se van de la política y montan "sociedades de influencia" y que consisten "en manejar favores de vaivén, premios de consolación, privilegios, confidencias y datos, y amistades que se adquirieron durante el poder, chismes, chantajes y recordatorios de correspondencia y pagos aplazados". A esto lo llaman los americanos lobby. La democracia española lleva mucho tiempo fabricando lo dicho con esplendor.

A propósito, cuando estoy escribiendo quedo enterado de un nuevo caso de transfuguismo. Más bien de transformismo político. Ángel Garrido se pasa a Ciudadanos días después de aceptar un puesto en la lista del Partido Popular para las elecciones europeas. El expresidente de la Comunidad de Madrid, si acaso le llaman sinvergüenza, podría muy bien defenderse como lo hizo en su día José Luis Barreiro. Político gallego. Cuando le preguntaron acerca de en qué partidos estaría dispuesto a trabajar, respondió así: "Aceptaria cualquier partido, desde la derecha democrática y constitucional hasta la izquierda de Enrique Tierno Galván". Es decir, desde AP hasta el PSP, pasando por UCD". Casi nada...



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