Blog de Manolo de la Torre


Entrenador de fútbol, ha ejercido la profesión 19 temporadas. Escritor en periódicos,
ha publicado una columna diaria, durante dos décadas, en tres periódicos ceutíes.

viernes, 9 de octubre de 2020

La tormenta perfecta

Resolver una crisis siempre es difícil. Enfrentarse a varias a la vez es casi una proeza. Los expertos llaman a esta situación la tormenta perfecta. Creo que al presidente del Gobierno le está ya pasando factura el temporal que no cesa. Los disgustos van dejando huellas en su rostro y da la impresión de cumplir los años de dos en dos. Trabajo le costó a Pedro Sánchez acceder a la secretaría general de su partido y aún más residir en La Moncloa. Pero no creo que hubiera imaginado, ni por asomo, que todos los dioses se le iban a poner en su contra. 

Pedro Sánchez pasó el quirinal para formar Gobierno. Tanto que hubo de pactar con lo peorcito de cada casa política. Gritó a voz en cuello que jamás lo haría con Unidas Podemos porque tener a Pablo Iglesias en el Gobierno le causaría insomnio. Y acabó por convertir en ministros a don Pablo y a doña Irene: residentes en Galapagar y que dejaron de quejarse por tener pocos ingresos a ganar una pasta gansa y verse, además, protegidos por varios escoltas. Es decir, que entraron de hoz y coz en esa casta tan acerbamente criticada por ellos cuando recorrían las calles vociferando conta la crisis económica de 2008.  

Por si fueran pocas las dificultades por las que había pasado ya el presidente del Gobierno, que le obligaron a retractarse de no pocas afirmaciones taxativas, resulta que llegó una pandemia que puso el mundo boca abajo. Y lo peor de todo fue que a los españoles nos cogió con los hospitales in púribus, o sea en cueros; es decir, en ese estado natural que padecían los Centros de Salud faltos de personal y material necesarios para afrontar la segunda tormenta. Que dejó a su paso un reguero de muertos y de angustia generalizada.

Desde marzo, las mormas decretadas por el Gobierno se cumplían por el miedo que la enfermedad había cundido entre la ciudadanía. Daba la impresión de que el Covid-19 iba a dejar España desierta de moradores. Y la gente aceptó la confinación cantando al declinar de cada día las canciones de Manolo Escobar y esperando el momento de vitorear al personal sanitario que pasaba su calvario luchando para salvar vidas. A propósito, si la Sanidad estaba escuálida entonces, cabe decir que ahora está peor que nunca antes.  

Y, para completar el trípode de las crisis padecidas por el Gobierno presidido por Pedro Sánchez, está la ruina de los autónomos. Muchos de ellos se han visto obligados a guardar colas de pobres en los centros de caridad para comer una vez al día. El número de parados aumenta sin solución de continuidad. Ya se está viviendo el pánico de los parados. Se ha descrito con frecuencia el desasosiego psicológico del parado. Así que resulta tristemente trivial ensistir en ello. Es la crisis. Las crisis...

Se ha dicho que el poder corrompe, y que el poder absoluto corrompe absolutamente. Con frecuencia se habla del erotismo del poder; pero también convendría recordar que la tormenta perfecta que estamos viviendo hará mella en la salud de Pedro Sánchez. Y hasta es posible que acelere la antesala de su vejez. Una decadencia física que actúa solapadamente. Aunque la del presidente del Gobierno se aprecia ya en su rostro. El paso del tiempo no envejece tanto al poderoso como tener que tomar decisiones cuando ha de afrontar varias crisis a la vez.

 

 

 



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