Cuando estudiaba en Sevilla -años ochenta- mantenía amistad verdadera con Juan Vivas; quien dirigía entonces los destinos de la sociedad municipal de fomento, Procesa. Pronto se van a cumplir cuatro años desde que un día se echó abajo de la cama y anunció con su acostumbrada sobriedad, convertida a veces en una tristeza infinita, que renunciaba a ser candidato a la Cámara Alta después de que la dirección regional y nacional de su partido le hubiera negado, sin explicación alguna, aspirar al escaño de diputado.
Fue un duro golpe para Nicolás Fernández Cucurull. Tan duro como para haber ocasionado una bronca con Juan Vivas y motivo suficiente para romper unas relaciones que para sí la quisieran algunos hermanos. Pero uno, que a veces es depositario de secretos, por ser capaz de guardarlos en baúl bajo siete llaves, estaba en posesión del que había impedido que NFC fuera elegido candidato al Congreso de los Diputados.
Pero no ocurrió nada que hubieran podido lamentar Vivas y Cucurull. Ocurrió que Nicolás Fernández se reintegró a su puesto de trabajo y desapareció de la calle. Y, naturalmente, nunca más volvió a decir esta boca es mía. Es más, yo llevo sin verlo desde aquel 6 de octubre de 2011; fecha en la que habló por primera y última vez de por qué dejaba la política activa. Lo cual dice mucho del saber estar de un hombre que es capaz de pasar inadvertido cuanto tiempo le convenga o le apetezca.
Ese dominio de los tiempos le permite ser moderado, prudente y capaz de actuar en la sombra sin que le tiemble el pulso. Nicolás Fernández Cucurull no necesita un florido verbo. Ni tener un aspecto encantador. Ni aparentar expresión de inteligencia, ni ser seductor, ni encantador de serpientes. Tampoco es de los que se ríen por sistema. Nada de eso necesita para ocupar cualquier cargo político.
Sí, ya sé -y además escribí al respecto días atrás- que Fernández Cucurull lo tiene casi todo a favor para que lo nombren delegado del Gobierno de una ciudad pequeña, con problemas de urbe grande, tan conocidos por él. Es tan buen candidato como podría serlo Francisco Márquez. Y cuenta, además, con el beneplácito de nuestro alcalde. Lo cual no es moco de pavo.
Pues bien, hoy he oído en una emisora de radio que Soraya Saénz de Santamaría estaba a punto de confirmar el nombramiento de NFC, cual delegado del Gobierno de esta ciudad, tras ser deliberada la designación en el Consejo de Ministros. Pero mi gozo en un pozo. Pues, salvo imprevisto de última hora, parece ser que la noticia será dada el lunes próximo, cuando la vicepresidenta, ministra de la Presidencia y Portavoz del Gobierno de España, arribe a Ceuta para participar en la investidura de nuestro alcalde.
Blog de Manolo de la Torre
Entrenador de fútbol, ha ejercido la profesión 19 temporadas. Escritor en periódicos,
ha publicado una columna diaria, durante dos décadas, en tres periódicos ceutíes.
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viernes, 19 de junio de 2015
jueves, 11 de junio de 2015
No es fácil ser delegado del Gobierno en Ceuta
El delegado del Gobierno es un personaje institucional. Es el representante del Gobierno de la nación y en términos jerárquicos está solamente a un peldaño por debajo de los presidentes de las comunidades autónomas. Quiere decir que no sólo están para cumplir y hacer cumplir las leyes sino que deben ser ejemplos de probidad y espejo de virtudes en los que puedan mirarse los ciudadanos.
La cualidad de probo se aplica a la persona que cumple con sus deberes profesionales, que no comete en ellos fraudes ni inmoralidades. Un probo funcionario, según el diccionario, es persona honrada, íntegra, moral, recta... Pero a un delegado del Gobierno hay que exigirle, además, por ocupar un puesto de tanta responsabilidad -y Ceuta, por su situación geográfica es ciudad compleja, que exige mucho a sus delegados-, que tenga brío y capacidad de mando. Ya que pensar es fácil, pero actuar, difícil.
Los delegados del Gobierno han de estar, también, revestidos de temple; el temple, como dicen los buenos toreros, es la calma. Para adoptar ante los problemas la fortaleza adecuada y la serenidad que requieran las dificultades que vayan surgiendo. La educación y la energía tampoco están reñidas. Y, si encima, el representante del Gobierno de la nación está en posesión de una elegancia interior que le permita actuar siempre con conciencia del cargo que ocupa, miel sobre hojuelas.
Sí, ya sé que ustedes se estarán diciendo que el delegado del Gobierno al cual yo aspiro no es posible. Que ese mirlo blanco no existe. Máxime en una ciudad donde los delegados del Gobierno nunca tuvieron buena prensa. Ya que siempre fueron motejados de virreyes por quienes se proclamaban progresistas y por quienes, debido a intereses particulares y crematísticos, se negaban a que el representante del Gobierno de la nación desterrara todo hábito ilegal.
Fernando Marín López, subdelegado del Gobierno, entrevistado por Paco Amores en marzo de 1983, dijo, entre muchas otras cosas, lo siguiente: "Mire usted, Amores, a mi despacho llegan los interesados en que nada se innove y que se haga sólo su santa voluntad, procurando convencerme con sutilezas y por medio de la influencia de ciertas amistades. Y si no consiguen su propósito se emplean con acciones directas y tratando de imponer sus leyes. Aquí se actúa con la palmada en la espalda, el tuteo indiscriminado y exigiendo que los despachos estén abiertos todas las horas y para todas las personas que se creen relevantes".
Mañana -viernes-, durante el Consejo de Ministros, me han dicho que será nombrado el nuevo delegado del Gobierno. Entre los nombres que suenan están los de Yolanda Bel, Nicolás Fernández Cucurull y algún otro de la localidad. Cuando me ha tocado predecir el candidato, me he expresado de tal guisa: creo que el Partido Popular tendrá muchos compromisos con militantes deseosos de ocupar algún cargo. Y puede ser que uno de esos forasteros arribe a esta ciudad. Aunque yo sigo apostando por Francisco Márquez De la Rubia. Pues lo considero más que idóneo para ser delegado del Gobierno de su tierra.
La cualidad de probo se aplica a la persona que cumple con sus deberes profesionales, que no comete en ellos fraudes ni inmoralidades. Un probo funcionario, según el diccionario, es persona honrada, íntegra, moral, recta... Pero a un delegado del Gobierno hay que exigirle, además, por ocupar un puesto de tanta responsabilidad -y Ceuta, por su situación geográfica es ciudad compleja, que exige mucho a sus delegados-, que tenga brío y capacidad de mando. Ya que pensar es fácil, pero actuar, difícil.
Los delegados del Gobierno han de estar, también, revestidos de temple; el temple, como dicen los buenos toreros, es la calma. Para adoptar ante los problemas la fortaleza adecuada y la serenidad que requieran las dificultades que vayan surgiendo. La educación y la energía tampoco están reñidas. Y, si encima, el representante del Gobierno de la nación está en posesión de una elegancia interior que le permita actuar siempre con conciencia del cargo que ocupa, miel sobre hojuelas.
Sí, ya sé que ustedes se estarán diciendo que el delegado del Gobierno al cual yo aspiro no es posible. Que ese mirlo blanco no existe. Máxime en una ciudad donde los delegados del Gobierno nunca tuvieron buena prensa. Ya que siempre fueron motejados de virreyes por quienes se proclamaban progresistas y por quienes, debido a intereses particulares y crematísticos, se negaban a que el representante del Gobierno de la nación desterrara todo hábito ilegal.
Fernando Marín López, subdelegado del Gobierno, entrevistado por Paco Amores en marzo de 1983, dijo, entre muchas otras cosas, lo siguiente: "Mire usted, Amores, a mi despacho llegan los interesados en que nada se innove y que se haga sólo su santa voluntad, procurando convencerme con sutilezas y por medio de la influencia de ciertas amistades. Y si no consiguen su propósito se emplean con acciones directas y tratando de imponer sus leyes. Aquí se actúa con la palmada en la espalda, el tuteo indiscriminado y exigiendo que los despachos estén abiertos todas las horas y para todas las personas que se creen relevantes".
Mañana -viernes-, durante el Consejo de Ministros, me han dicho que será nombrado el nuevo delegado del Gobierno. Entre los nombres que suenan están los de Yolanda Bel, Nicolás Fernández Cucurull y algún otro de la localidad. Cuando me ha tocado predecir el candidato, me he expresado de tal guisa: creo que el Partido Popular tendrá muchos compromisos con militantes deseosos de ocupar algún cargo. Y puede ser que uno de esos forasteros arribe a esta ciudad. Aunque yo sigo apostando por Francisco Márquez De la Rubia. Pues lo considero más que idóneo para ser delegado del Gobierno de su tierra.
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