Blog de Manolo de la Torre


Entrenador de fútbol, ha ejercido la profesión 19 temporadas. Escritor en periódicos,
ha publicado una columna diaria, durante dos décadas, en tres periódicos ceutíes.

miércoles, 15 de junio de 2016

La Fundación EGS solicita tres medallas de la Autonomía

Llamo a Javier Perea, director de la Fundación Eduardo Gallardo Salguero, para excusarme por no haber cumplido con la visita que le debo, desde hace ya un tiempo. Y Javier, con su amabilidad característica, me dice que no me preocupe. Que él sabe que llevo unos días muy ajetreados. Aunque aprovecha la ocasión para comunicarme que la FGS ha presentado una solicitud con los nombres de tres candidatos a la Medalla de la Autonomía de la Ciudad, a título póstumo, para que se vayan produciendo los trámites correspondientes a las distinciones en la Asamblea de la Ciudad.

Las distinciones pedidas corresponden a Javier Prat Cobos, Antonio Millán González y Gabriel Cruz  Blasco. Tres médicos, especialistas en distintas enfermedades, y cuya forma de proceder personal y profesionalmente en esta ciudad, durante muchos años, los hace acreedores al reconocimiento de sus méritos. Los cuales serán tenidos en cuenta, sin duda alguna, por quienes han de encargarse de que la solicitud acabe en concesión.

De mi amistad con Javier Prat Cobos siempre me he ufanado. Y nunca dejaré de jactarme de haberlo tenido como amigo. Como traumatólogo me trató siempre como él solía hacerlo con todos sus pacientes. Daba gusto sentarse frente a él y contarle los padecimientos. Tras su muerte, y conociendo lo mucho que apreciaba a Alberto Gallardo, le dije a éste que a ver si hacía todo lo que estuviera en sus manos para que la Ciudad distinguiera a un gran traumatólogo y a un tipo bueno, bueno, bueno.

Tras haber hablado con el director de la Fundación Eduardo Gallardo Salguero, lo primero que hice es visitar a Alberto Gallardo para que me pusiera al tanto de cómo eran Antonio Millán González y Gabriel Cruz Blasco. A quienes nunca traté, por más que oyera hablar bien de ambos a cada paso. Y de sus palabras deduje que ambos médicos eran capaces de mantenerse en pie, en momentos cruciales, con un valor tan sereno que causaba admiración entre pacientes y compañeros.

Antonio Millán González llego a esta ciudad, según se me dice, como médico militar con la graduación de alférez, y se quedó aquí para siempre. En una tierra donde los peninsulares solemos no sólo echar raíces sino que, además, la disfrutamos diariamente. Incluso cuando las adversidades parecen cebarse con nosotros.

Ojalá que los trámites para la concesión de estas medallas de la Autonomía de la Ciudad prosperen y terminen desembocando en la aprobación de un reconocimiento de servicio a Ceuta, de tres médicos que destacaron tanto en sus obligaciones profesionales como por su bonhomía.




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