Blog de Manolo de la Torre


Entrenador de fútbol, ha ejercido la profesión 19 temporadas. Escritor en periódicos,
ha publicado una columna diaria, durante dos décadas, en tres periódicos ceutíes.

sábado, 30 de septiembre de 2017

El párroco de Calella

Maestros vascos y catalanes, aprovechándose del traspaso de servicio de enseñanza, olvidaron que la escuela es un lugar donde se encuentra gente muy distinta para aprender a convivir. Que no se debe hablar de religión de manera sectaria. Que tampoco ha de hacerse proselitismo político. Que ha  de enseñarse a respetar las opiniones de los demás, y a convivir respetando, porque la razón nunca es absoluta.

Quienes les concedieron al País Vasco y a Cataluña la posibilidad de que tales maestros pudieran contarles a los niños historias de naciones oprimidas y victimismos a discreción, con el fin de que cogieran aversión a España y a los españoles, deberían, al menos, reconocer públicamente sus culpas y por supuesto arrostrar las consecuencias de tan grave error. El cual ha desembocado en el lema de España nos roba y encima nosotros tenemos que mantener a andaluces, extremeños, ceutíes... Quienes no tienen donde caerse muertos. 

Ejemplo. Hace varios días un párroco de Calella, llamado Cinto Busquet, puso a la Iglesia en entredicho. Entrevistado por Mamen Mendizábal en la Sexta Televisión se nos reveló como un cura trabucaire. No se cortó lo más mínimo en responder a las preguntas soberbiosamente. Dándose un pote despreciable. Mientras que miraba de reojo a una claque compuesta por independentistas ácerrimos que estaban a su derecha y fuera del objetivo de la cámara, pidiéndoles aplausos y vítores por su actuación.

Fueron momentos en los que el tal CB debería haberse encontrado con alguien que lo hubiera mandado a los chirlos mirlos. Pero tuvo la suerte de que enfrente había una señora obligada a medir sus palabras. Y a la que trató por todos los medios de ningunear. Haciendo todo lo posible por sacarla de quicio. Repelente y cobarde actitud de un hombre investido de un carácter sagrado. 

Se puede ser sacerdote y también independentista. Pero no malandrín. Se puede ser católico, apostólico y romano. Pero no fanático. Se puede ser un hombre de Dios pero no un estúpido, engreído y convencido de que pertenece a una raza especial. Incluso aceptamos que el párroco de Calella, si eso le hace sentirse realizado, mantenga su inquina hacia todos los españoles que no somos independentistas. Claro que estamos dispuestos a sacrificarnos.

Aunque también tenemos todo el derecho del mundo a recordarle al párroco de Calella cómo iglesias y conventos fueron quemados y los curas perseguidos, tiroteados y destripados en aquella Cataluña dominada por los anarquistas. Y qué decir de las monjas. Ahora los anarquistas van cogidos de la mano de unos políticos burgueses, procedentes del pujolismo derrotado y corrupto, para romper la unidad de España. Mientras usted, señor párroco de Calella, con su comportamiento está logrando que el odio a la Iglesia vaya aumentando con más celeridad que nunca. Menudo proselitismo el suyo.



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