Blog de Manolo de la Torre


Entrenador de fútbol, ha ejercido la profesión 19 temporadas. Escritor en periódicos,
ha publicado una columna diaria, durante dos décadas, en tres periódicos ceutíes.

jueves, 18 de octubre de 2018

Señora agradecida

Me encuentro, de mañana, en Centro de Salud de El Recinto. Se me acerca una señora y me pregunta si no me acuerdo de ella. Y le digo que sí. A renglón seguido, me da las gracias por el favor que le hice en el año 2009. Agradecimiento tardío, dije para mí. Tal vez leyó mi pensamiento. Pues, inmediatamente, me reconoció haberse sentido culpable de la persecución sañuda de la cual fui víctima por el siguiente escrito.
 
Hombre arrogante y narciso fue el título de esta columna publicada en junio de 2009

Me dicen, en sitio que suelo frecuentar, que una señora ha preguntado por mí. Poco tiempo después se dirige hacia donde yo estoy. Se disculpa por abordarme. Le indico que se siente a la mesa. Tiene la voz agradable. Los ojos almendrados y en su cara destacan la boca y unos pómulos abultados. Luce melena suelta y cuidada, y su figura es armónica. Es, sin duda, una mujer atractiva. Aunque se le nota que está atacada por los nervios.

La invito a que me cuente el motivo por el cual desea verme. Y, tras mirarme fijamente, se le escapa un suspiro que suena a antesala de no saber por dónde empezar. Le recomiendo tranquilidad. Y aprovecho una pausa para pedirle un refresco con el fin de que vaya recuperando el sosiego que le permita ponerme al tanto de lo que desea de mí. Opta por mantenerse en silencio dos o tres minutos. Entre tanto, yo decido no abrir la boca.

-Verá, De la Torre, el venir a verle, como usted comprenderá, me ha costado mucho trabajo. Puesto que yo le conozco nada más que de oídas y de haberle leído en ocasiones. 

-No se precoupe, señora, pues si en algo puedo ayudarla, créame que lo haré. Dentro, claro, de mis modestas posibilidades.

-Lo sé. Porque quien ha insistido en que viniera a verle, me lo ha dicho. Y es persona que merece toda mi confianza. Iré al grano, señor De la Torre: estoy pasándolo muy mal. Dado que estoy siendo acosada por un hombre con quien trabajo. Y cuando me he rebelado, no sin antes haberle dicho muchas veces que perdía el tiempo con sus propuestas, insinuaciones y atrevimientos, he tenido problemas. Tan grandes como que ha tratado de darle la vuelta al asunto. Esto es, achacándome a mí las causas de la situación. Y es así porque le he dicho que lo voy a denunciar.

-¿Aún no lo ha denunciado?

-No. Ya que las víctimas de acosos sexuales no son tomadas en serio. Y además están condenadas a perder el empleo. Y no pocas son motivo de risas. También les aterran, como es mi caso, que se propale que las provocadoras son ellas. 

-Mire usted, señora, tener miedo al qué dirán los demás me parece que no le va a servir de nada. Porque en cuanto tengan la certeza de que usted está asustada, todo será peor que antes. 

-Lo entiendo. Pero estoy hecha un mar de dudas. Compréndame usted también a mí...

-Explíquéme, pues, por qué ha venido a verme. Si yo no soy ni especialista en ese tema ni tampoco creo que pueda ayudarla de ningún modo.

-Sí puede ayudarme. Lo creo firmemente. Y es así porque me consta que sus columnas son muy leídas. Vamos, que tiene muchos seguidores. Y sé que mi jefe forma parte de ellos. Y aunque arrogante y narcisista, hasta el extremo de ser un acosador que suele perder los papeles cuando se le dice que no, en cuanto usted escriba algo relacionado con mi problema  y el de otras mujeres, que ya han pasado por lo mismo, no tengo la menor duda de que se dará por aludido. Incluso podría perder la ayuda que recibe de su entorno.

Esta columna me costó a mí ser perseguido sañudamente. Como bien dice la señora que me pidió ayuda en junio de 2009. Nunca es tarde...

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