Blog de Manolo de la Torre


Entrenador de fútbol, ha ejercido la profesión 19 temporadas. Escritor en periódicos,
ha publicado una columna diaria, durante dos décadas, en tres periódicos ceutíes.

viernes, 28 de agosto de 2020

El cuarderno gris de Josep Pla

Hoy me ha dado por releer El cuaderno gris de Josep Pla. Uno de los más grandes prosistas del siglo XX. El cuaderno gris corresponde a los años 1918 y 1919, y en sus páginas queda retratada la sociedad, el paisaje y la vida cultural de la época. Obra fundamental para entender la visión de la España de entreguerras. A través de todas sus anotaciones, se trasluce la personalidad ácida, desmitificadora y fascinante de Pla.
 
Embebido en la lectura de un cuaderno excepcional, cuando llego a la página 171 me percato de que son las nueve de la noche y que ni siquiera he elegido el tema del artículo que me toca publicar a las diez. Y decido con celeridad apropiarme de una reflexión del escritor nacido en Palafrugell (Cataluña). Un chispazo de genio de quien no supo hacer otra cosa que escribir y nunca intentó dedicarse a una tarea más agradecida en lo económico, y menos comprometida desde el punto de vista social.
 
Mi generación, dice Pla. Que yo hable de mi generación, claro, hace reír. ¿Qué sé yo de mi generación? Hablo de la generación literaria. El resto -mi curso de la Universidad- apenas me interesa. Pero cuando hablo de mi generación hablo de mí. Mi generación soy yo. Porque estoy seguro de que hay disperso un grupo de personas, totalmente desconocidas, imposibles de localizar, que ven las cosas, que piensan como yo. 

Es cuando hablo con la gente -sigue diciendo Pla- que tiene veinte años más que yo, cuando veo claramente las características de la generación de que formo parte. Nosotros venimos de los libros. Nosotros hemos leído y leemos libros. Creemos que hemos vivido porque hemos leído libros. Los libros nos han dado la esperanza de alguna cosa. Hemos esperado años y años que alguna cosa se produciría. ¿Qué se ha producido? Absolutamente nada. Esto nos ha llevado a suponer que los libros dicen una cosa y que la vida dice otra muy diferente.
 
Los libros -continúa hablando el gran escritor catalán- nos dicen que el mundo, los hombres, las mujeres están hechos de una manera. La vida nos dice que el mundo, los hombres, las mujeres, están hechos de una manera distinta. Los libros nos dicen  que existe el amor, la gloria, la bondad, la grandeza. La vida nos dice que no hay nada. ¿De qué hablan los poetas? ¿Qué sentido tiene lo que dicen los poetas? ¿Por qué hablan de esta manera? ¿Quién les hace hablar así?
 
He nacido en un pueblo pequeño del Ampurdán. Los horizontes de mi vida han sido cortísimos. Estas circunstancias me han hecho especialmente sensible a la fulguración de la letra impresa. Me pusieron los libros en la mano y los leí. ¡Qué bellas cosas se encuentran en los libros! La vida es esto y aquello y lo de más allá, dicen los libros. Uno descubre que lo que dicen los libros sirve para disimular, para camuflar -es una palabra de moda- la vida mediocre y acomodaticia.
 
Entre los hombres hay escasas diferencias: un poco más de higiene, de educación, un matiz de hipocresía. Los libros contienen lo que contienen, no para engañarnos. Simplemente porque sus autores pensaban que nunca los tomaríamos en serio. Las épocas siempre han sido iguales y las que se llaman las grandes épocas sólo han existido en la imaginación de los que han escrito los libros...
 


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