Blog de Manolo de la Torre


Entrenador de fútbol, ha ejercido la profesión 19 temporadas. Escritor en periódicos,
ha publicado una columna diaria, durante dos décadas, en tres periódicos ceutíes.
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viernes, 31 de marzo de 2023

Catolicismo a la española

 Se avecina la Semana Santa. Y es en estos días cuando uno vuelve a darse cuenta de cómo es el "catolicismo a la española". Ese catolicismo especial que no puede compararse con el de cualquier inglés, francés o alemán. Pero la cosa viene de lejos. Por ejemplo: Cervantes, en una de sus novelas -Rinconete y Cortadillo-, nos ofrece este diálogo.

-¿Es vuesa merced por ventura ladrón?

-Sí -respondió él. Para servir a Dios y a las buenas gentes. 

Del quinto mandamiento, "No matarás", el católico español es retratado así en un capítulo de Los siete pecados capitales de Fernando Díaz-Plaja. En unas memorias del siglo XVII cuenta el protagonista que su enemigo derribado le gritó: "No me mates, por la Virgen del Carmen". Y él contestó: "Has tenido suerte...: has nombrado a mi virgen y eso te salva. Si apelas a otra, no sales vivo". Ambas anécdotas nos retratan como católicos especiales a una mayoría ciudadana de una España tenida por tradicionalmente católica.

En España, tierra de santos y mártires, es verdad que lo mismo puede surgir el católico doctrinal y convencido, que incluso va más allá de los preceptos divinos y se dirige a los animales llamándoles "hermanos", como es el caso de San Francisco de Asís, quien acabó en los altares, que aparece asimismo el "católico especial" al que nos estamos refiriendo.

Católicos que nunca han sentido la necesidad de leer ni un solo pasaje de la Biblia y que se han ido conformando, si acaso, con las cuatro cosillas de andar por casa. Llámese plática o sermón del cura de su parroquia y el repaso del catecismo durante los años escolares. Y que en llegando esta Semana de Pasión se lanzan a las calles dispuestos a llorar, si es preciso, ante las imágenes. Todos ellos poseídos, sin duda, por la fe del carbonero

Tenía yo un amigo, muy popular, que sacaba a relucir su ateísmo en cuanto la ocasión lo requería. Le chiflaba la lectura y se había forjado una cultura autodidacta de vastas proporciones. Con él se podía hablar de casi todo. Pues su enorme curiosidad por saber le había convertido en un visitador permanente de hemerotecas y bibliotecas. Nada, pues, le era desconocido y se atrevía a mantener una conversación sobre los temas más impensables. 

Mi amigo, como muchos de los que se han hecho con una culturita más que adecuada, era un magnífico conversador, orgulloso y hasta, si me apuran un poco, soberbio y dado a dejar en evidencia a cualquier listo de pacotilla. Estaba en posesión, además, de un sexto sentido para descubrir las malas intenciones de cualquier desaprensivo. Y nunca se le oyó, al menos a mí no me fue posible, una palabra en favor de la religión ni mucho menos de la Iglesia y de sus representantes. 

Cuando estaba a punto de diñarla, y encontrádome yo a su vera, me pidió que me quedara con un crucifijo que tenía entre sus manos. Y, ante mi extrañeza, me dijo lo siguiente: "Lo he llevado siempre en el bolsillo derecho del pantalón y casi siempre sujeto por la mano". He aquí el mejor ejemplo del "catolicismo a la española".

sábado, 4 de abril de 2020

Catolicismo a la española

Por mor de las lluvias o de las inclemencias del tiempo, muchas han sido las veces que hemos visto llorar a muchas personas por la suspensión de las procesiones. Llanto más acusado entre los cofrades cuyos pasos se hayan visto obligados a quedarse dentro del templo. Tras esperar con verdadera pasión la llegada de la Semana Santa para lucir sus imágenes. Lloros que hemos comprendido. En esta ocasión, sin embargo, no creo que haya motivos para la aflicción. Dada la gravedad de la causa por la cual las autoridades han creído conveniente impedir ese desfile callejero.

En esta primavera, ya maldita, todos los afligimientos y desconsuelos deben estar encaminados hacia las personas que han perdido la vida. Es el momento de que los verdaderos creyentes invoquen a todos los santos de su devoción para que el virus asesino sea devuelto a su redil. Pues de seguir así, mucho me temo que las cifras de fallecidos sigan aumentando hasta que el pánico cunda en todos los rincones al son de España es la mejor... Pero de lo que yo quería hablar es del catolicismo a la española. Así que perdonen la digresión.

En estos días de Semana Santa es cuando uno vuelve a darse cuenta de cómo es el catolicismo a la española. Ese catolicismo especial que no puede compararse con el de cualquier inglés, francés o alemán. Por ejemplo: Cervantes, en una de sus novelas -Rinconete y Cortadillo-, nos ofrece este diálogo.

-¿Es vuesa merced por ventura ladrón?

-Sí -respondió él-. Para servir a Dios y a tan buenas gentes.

Del mandamiento "No matarás", el católico español es retratado así en un capítulo de Los siete pecados capitales de Fernando Díaz-Plaja. En unas memorias del siglo XVII cuenta el protagonista que su enemigo derribado le gritó: "No me mates, por la Virgen del Carmen". Y él contestó: "Has tenido suerte... Has nombrado a mi virgen y eso te salva. Si apelas a otra, no sales vivo".

Como verán ustedes, ambas anécdotas nos retratan como católicos especiales a una mayoría ciudadana de una España tenida por tradicionalmente católica.

Durante los años de postguerra, cuando el hambre azotaba nuestras calles y los tísicos eran legión y muchas mujeres hacían de la prostitución un medio de vida, se veía a éstas rezando a Dios en las iglesias cercanas a sus barrios antes de hacer la carrera, para que el negocio les saliera bien. Así lo cuenta Díaz-Plaja en los Siete pecados capitales. Libro ya citado.

Hay católicos que nunca han sentido la necesidad de leer un solo pasaje de la Biblia y que se han ido conformando, si acaso,  con las cuatro cosillas de andar por casa. Llámese plática o sermón del cura de su parroquia y el repaso del catecismo durante los años escolares. Y que en llegando esta Semana de Pasión se lanzan a las calles dispuestos a llorar, si es preciso, ante las imágenes. Todos ellos poseídos, sin duda, por la fe del carbonero.




martes, 20 de marzo de 2018

Catolicismo a la española

El jueves de la semana pasada, cito de memoria, coincidí con Juan Antonio García Ponferrada en la calle Jáudenes. Y, tras los saludos de rigor, me dijo que no estaba muy allá por mor de una gastroenteritis. Y luego me enteré de que mi querido amigo, al día siguiente, se había lucido disertando sobre la Semana Santa en la Casa de Ceuta en Cádiz. Y, claro es, me alegré de su recuperación física y de su éxito como orador. Así que he decidido dedicarle este "catolicismo a la española".

A medida que se va acercando la Semana Santa es cuando uno vuelve a darse cuenta de cómo es el "catolicismo a la española". Ese catolicismo especial que no puede compararse con el de cualquier inglés, francés o alemán. Pero la cosa viene de lejos; por ejemplo: Cervantes, en una de sus novelas -Rinconete y Cortadillo-, nos ofrece este diálogo:

-¿Es vuesa merced por ventura ladrón?

-Sí -respondió él. Para servir a Dios y a las buenas gentes.

Del mandamiento "No matarás", el católico español es retratado así en un capítulo de Los siete pecados capitales de Fernando Díaz-Plaja. En unas memorias del siglo XVII cuenta el protagonista que su enemigo derribado le gritó: "No me mates, por la Virgen del Carmen". Y él contestó: "Has tenido suerte... has nombrado a mi virgen y eso te salva. "De haber apelado a otra, no habrías salido vivo".

Durante los años de nuestra posguerra, cuando el hambre azotaba nuestras calles y los tísicos eran legión y muchas mujeres hacían de la prostitución un medio de vida, se veía a éstas rezando a Dios en las iglesias cercanas a sus barrios antes de "hacer la carrera", para que el negocio les saliera bien. Y ello no sólo se lo leí a Díaz-Plaja, sino que lo vi con mis propios ojos.

En España, tierra de santos y mártires, es verdad que lo mismo puede surgir el católico doctrinal y convencido, que incluso va más allá de los preceptos divinos y se dirige a los animales llamándoles "hermanos", como es el caso de San Francisco de Asís, quien acabó en los altares, que aparece el "católico especial" al que nos estamos refiriendo.

Católicos que nunca han sentido la necesidad de leer ni un solo pasaje de la Biblia y que se han ido conformando, si acaso, con las cuatro cosillas de andar por casa. Llámese plática o sermón del cura de su parroquia y el repaso del catecismo durante los años escolares. Y que en llegando esta Semana de Pasión se lanzan a las calles dispuestos a llorar, si es preciso, ante las imágenes. Casi todos ellos poseídos, sin duda, por la fe del carbonero.

Tuve yo un amigo, que estaba en posesión de una cultura adquirida por sus muchas horas de lectura, a quien nunca se le oyó, al menos a mí no me fue posible, una palabra fervorosa en favor de la religión ni mucho menos de la Iglesia ni de sus representantes. Más bien todo lo contrario. Pues bien, cuando estaba a punto de irse a ese lugar del cual nunca se vuelve, y encontrándome yo a su vera, me pidió que me quedara con un crucifijo que sujetaba entre sus manos. Y, ante mi extrañeza, me contó lo siguiente: "Lo he llevado siempre en el bolsillo derecho del pantalón y casi siempre sujeto por la mano". 

He aquí el mejor ejemplo del "catolicismo a la española".

jueves, 13 de abril de 2017

Catolicismo a la española

En estos días de Semana Santa es cuando uno vuelve a darse cuenta de cómo es el "catolicismo a la española". Ese catolicismo especial que no puede compararse con el de cualquier inglés, francés o alemán. Pero la cosa viene de lejos. Por ejemplo: Cervantes, en una de sus novelas -Rinconete y Cortadillo-, nos ofrece este diálogo.

-¿Es vuesa merced por ventura ladrón?

-Sí -respondió él-. Para servir a Dios y a las buenas gentes.

Del mandamiento "No matarás", el católico español es retratado así en un capítulo de Los siete pecados capitales de Fernando Díaz-Plaja. En unas memorias del siglo XVII cuenta el protagonista que su enemigo derribado le gritó: "No me mates, por la Virgen del Carmen". Y él contestó: "Has tenido suerte...: has nombrado a mi virgen y eso te salva. Si apelas a otra, no sales vivo".

Como verán ustedes, ambas anécdotas nos retratan como católicos especiales a una mayoría ciudadana de una España tenida por tradicionalmente católica. He aquí otra:

Durante los años de posguerra, cuando el hambre azotaba nuestras calles y los tísicos eran legión y muchas mujeres hacían de la prostitución un medio de vida, se veían a éstas rezando a Dios en las iglesias cercanas a sus barrios antes de "hacer la carrera", para que el negocio les saliera bien. Y ello no sólo se lo he leído también a Díaz-Plaja, sino que las he visto con mis propios ojos.

En España, tierra de santos y mártires, es verdad que lo mismo puede surgir el católico doctrinal y convencido, que incluso va más allá de los preceptos divinos y se dirige a los animales llamándoles "hermanos", como es el caso de San Francisco de Asís, quien acabó en los altares, que aparece asimismo el "católico especial" al que nos estamos refiriendo.

Católicos que nunca han tenido la necesidad de leer ni un solo pasaje de la Biblia y que se han ido conformando, si acaso, con las cuatro cosillas de andar por casa. Llámese plática o sermón del cura de su parroquia y el repaso del catecismo durante los años escolares. Y que en llegando la Semana de Pasión se lanzan a las calles dispuestos a llorar, si es preciso, ante las imágenes, Casi todos ellos poseídos, sin duda, por la fe del carbonero. 

Tenía yo un amigo, cuyas numerosas lecturas le habían dado un importante bagaje intelectual. A mi amigo, como a muchos de los que se han hecho a sí mismos con una culturita más que adecuada, nunca se le oyó, al menos a mí no me fue posible, una palabra fervorosa en favor de la religión ni mucho menos de la Iglesia y de sus representantes. 

Un día, de hace ya bastantes años, cuando la vida se le estaba ya escapando a chorros en el hospital donde estaba internado, aprovechando una de mis visitas, me pidió que me quedara con un crucifijo que tenía entre sus manos. Y, ante mi extrañeza, me dijo lo siguiente: "Lo he llevado siempre en el bolsillo derecho del pantalón y casi siempre sujeto por la mano". 

Crucifijo que permanece desde entonces en mi mesita de noche, y al cual suelo recurrir cuando necesito de la misericordia de Dios, que es a menudo. Lo cual no deja de ser el mejor ejemplo de catolicismo a la española.